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30 Noviembre 2010

JOSE TOHÁ, LEALTAD Y CONSECUENCIA

 

Uno de los colaboradores más cercanos de Salvador Allende, ministro de su gobierno -en las carteras de Interior y después en Defensa-, José Tohá González, ocupó también el cargo de vicepresidente de la República. Respetado por sus ideas de Izquierda y por su capacidad de diálogo, aparecía con frecuencia en la televisión y llamaba la atención por su claridad de exposición y caballerosidad. Hoy se investiga su probable asesinato en 1974 en el Hospital Militar, donde permanecía prisionero en deplorables condiciones físicas.

Nació en Chillán en 1927. Hijo de padres catalanes con sólida posición económica, también dos de sus hermanos han tenido actuación política en las filas del Partido Socialista. José Tohá comenzó a destacarse como dirigente estudiantil en el Liceo de Hombres de Chillán. Fue elegido presidente del centro de alumnos y después presidente de la Federación de Estudiantes Secundarios de esa ciudad. A los quince años empezó a militar en la Juventud Socialista. Estudió Derecho en la Universidad de Chile y fue presidente de la Federación de Estudiantes de Chile (Fech). En ese tiempo, se vinculó a Salvador Allende y pasó a ser miembro del comité central del PS.
Siempre estuvo con Allende y fue dirigente en sus cuatro campañas presidenciales, 1952, 1958, 1964 y 1970. Por ese compromiso político y humano (su amistad con Allende fue inalterable) renunció a aspiraciones personales. Lo importante era el proyecto que encarnaba el líder popular. Ozren Agnic, secretario privado de Allende durante algunos años, recuerda a Tohá como uno de "los mejores y más leales amigos", dotado de "un intelecto superior y para quien no había problemas insolubles". Y agrega: "A nadie le cabía duda que era el delfín del Chicho Allende".
Ya en la universidad Tohá se había involucrado en las luchas por la unidad de la Izquierda y contra el gobierno de Gabriel González Videla, convertido en dictadura legal gracias a la Ley de Defensa Permanente de la Democracia y la represión a los comunistas. Apoyado por la derecha, González Videla manejaba el Partido Radical pero no podía controlarlo todo: la juventud radical defendía las libertades públicas, la Masonería rechazaba la legislación liberticida y algunos dirigentes radicales discrepaban de la orientación oficial. La emergente Falange Nacional se oponía también a la Ley de Defensa Permanente de la Democracia. Un gran movimiento populista levantaba la candidatura presidencial de Carlos Ibáñez del Campo, que enarbolaba una escoba como símbolo de su voluntad de barrer con la corrupción.
Los comunistas en la clandestinidad continuaban la lucha. Grandes manifestaciones de protesta sacudieron Santiago ante el alza de los pasajes de la locomoción: "la revolución de la chaucha" impulsada por la juventud comunista. En la Universidad de Chile se organiza el Frente de Avanzada Universitario (FAU), que agrupa a socialistas, comunistas, radicales e independientes. En reñidas elecciones para elegir la directiva de la Fech, triunfa la lista del FAU. Elige presidente a José Tohá, vicepresidente a Luis Dodds, radical, y secretario general a Fernando Ortiz Letelier, comunista, estudiante de historia.
En el FAU aparecen, para muchos, los primeros anuncios de lo que pronto sería el Frente del Pueblo que proclamó a Salvador Allende como candidato a la Presidencia de la República en 1952. El Frente del Pueblo fue el comienzo de una serie de alianzas que culminaron en el triunfo de 1970.
En 1958 José Tohá se incorporó al consejo de redacción del diario Ultima Hora y a partir de 1960, pasó a ser su director.
Tras el triunfo de 1970 la presencia de José Tohá en el primer gabinete del presidente Allende fue vista como algo natural por su concordancia con las ideas expresadas en el Programa de la Unidad Popular, sus contactos y relaciones y el respeto que inspiraba. Fue una tarea difícil.

El asesinato del general René Schneider, producto de una conspiración más amplia de lo que parecía, evidenció que había otros complots en marcha. Las relaciones con la Democracia Cristiana, cruciales para acercarla al campo popular, estaban tensionadas por los esfuerzos de la derecha para arrastrarla a una oposición intransigente. El asesinato de Edmundo Pérez Zujovic, ex ministro del Interior de Eduardo Frei Montalva, por la Vanguardia Organizada del Pueblo, VOP, provocó un quiebre en las relaciones con la DC, que no se pudo remediar a pesar de que el gobierno aclaró el caso en pocas horas y repudió enérgicamente el crimen.
Entretanto, avanzaba en el Congreso la nacionalización del cobre. El presidente de la República definía en su mensaje los rasgos principales de "la vía chilena al socialismo": estatización de la banca, tres áreas de la economía (social, privada y mixta) y un sistema de participación de los trabajadores en la gestión de las empresas.
Sin embargo, la derecha preparaba su ofensiva. Una manifestación de mujeres del barrio alto -"la marcha de las ollas vacías"- protegida por paramilitares de Patria y Libertad copó la Alameda. Hubo incidentes con carabineros y grupos de Izquierda. La derecha reaccionó con apoyo de la DC, y resolvieron acusar constitucionalmente al ministro del Interior, José Tohá, por supuesta responsabilidad en los hechos. La acusación fue aprobada en la Cámara de Diputados y el Senado con la votación de la derecha y la DC. El ministro Tohá tuvo que dejar el cargo.
La reacción del presidente Allende fue inmediata. Denunció la maquinación y la falta de fundamentos de la acusación constitucional y reorganizó el gabinete nombrando a José Tohá ministro de Defensa. Sin embargo, la derecha había logrado su objetivo: establecía de hecho una alianza con la Democracia Cristiana que podía bloquear los proyectos del Ejecutivo.

Como ministro de Defensa, Tohá realizó una labor notable con el decidido apoyo del comandante en jefe del ejército, Carlos Prats González. Esta gestión conjunta permitió desarticular maniobras sediciosas encabezadas por el general Alfredo Canales, llamado a retiro. El trabajo en el Ministerio de Defensa fue importante para afrontar el paro patronal de octubre de 1972, respaldar la gestión del general Prats como ministro del Interior, para terminar con las secuelas del paro y garantizar la normalidad de las elecciones parlamentarias de marzo de 1973. Sin embargo, la conjura ganaba terreno. El 29 de junio de 1973 se produjo el "tanquetazo" y Tohá dejó el Ministerio de Defensa.
Tohá tenía una personalidad atractiva. Simpático, divertido, buen conversador. Era también serio, muy responsable y además valeroso. Estuvo en la calle para el "tanquetazo", junto al general Pickering. Y no faltó al desafío que le planteó el golpe militar el 11 de septiembre. Llegó a La Moneda para estar junto a Salvador Allende, su amigo y camarada. De allí salió convertido en preso político. Estuvo en la isla Dawson, sufriendo un grave deterioro de su salud. Trasladado al Hospital Militar, fue llevado secretamente a la Academia de Guerra Aérea, e interrogado bajo tortura. Devuelto al Hospital Militar en Santiago, murió el 15 de marzo de 1974. Suicidio, según la versión oficial. Asesinato, según todo lo indica y ahora se investiga. Para la dictadura, Tohá debía morir.

Era un testigo peligroso. Y, sobre todo, un testimonio de dignidad y consecuencia moral.

 

 

 

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Sergio de Ovalle

Sergio de Ovalle dijo

Que cobardes y miserables fueron aquellos sápatras que asesinaron a este hombre bueno , don José Tohá. días antes del golpe,las hijas de Pinochet jugaban con las del Ministro; eran niñas e ignoraban que el General se convertiría en el más grande criminal de la hisoria de Chile.¡Cobardes!!!

30 Noviembre 2010 | 01:36 PM

Sin nostalgia, con vergüenza:Wilson Tapia Villalobos

Sin nostalgia, con vergüenza:Wilson Tapia Villalobos dijo

Las revelaciones acerca de la muerte del José Tohá me provocaron una sensación extraña. Una mezcla de impotencia, rabia, vergüenza y escepticismo. Imaginarlo con su 1,92 m, pesando apenas algo más de 40 kilos, me hizo trasladar a los años setenta. Opté por recordarlo con su sonrisa siempre abierta. Con su decisión permanente a dialogar. Con su socialismo de hombre de Derecho atildado. Con su convicción de que el mundo mejor podía venir por las vías institucionales. Con su inclaudicable compromiso con los pobres, con el pueblo. Sí, ese pueblo que hoy ha sido transformado en “la gente”, porque parece un adjetivo menos peyorativo.

Estaba en eso cuando me bajó la impotencia. Sentí, una vez más, el escalofrío de la derrota. Sobre ello, la tremenda frustración de no haber podido hacer más. De tener conciencia que fuimos arrinconados en una guerra de trincheras en que hasta imaginar la quimera de la victoria era “en la medida de lo posible”. Y me inundó la rabia.

Recordé al personaje correcto que conocí cuando yo era un periodista incipiente y él, director del diario Última Hora, en cuya jefatura de Redacción estaba Augusto Olivares. Pero se sobrepuso la imagen de este ser famélico, torturado, ansioso, recluido en el Hospital Militar. Allí estaba bajo la mirada del sibilino Dr. Patricio Silva Garín. El mismo que cuando se llevaron a Tohá a la Fuerza Aérea para torturarlo, le negó un valium. “¿Para qué dárselo? -le diría después a su esposa, Moy de Tohá- si al final se le iba a pasar igual el efecto, y los políticos tienen que afrontar toda su responsabilidad”. Este es el mismo carajete que aparece involucrado en la muerte del ex presidente Frei Montalva, su amigo.

Y después me imaginé a Tohá ya desnutrido, siendo torturado, escarnecido por un grupo de truhanes que habían estado bajo su mando de ministro de Defensa, en la administración del presidente Salvador Allende. A quien muchas veces debieron rendirle honores en su calidad de vicepresidente de la República, cuando era ministro del Interior y reemplazaba al jefe del Estado. Creí percibir su angustia, su impotencia frente a la perversidad de sus captores. Pensé en el miedo que deben sentir los torturados ante la inminencia del dolor ya conocido y, por lo mismo, más insoportable. Ante la manipulación del momento de la muerte para que ésta, con su capa de equilibrio, se retrase hasta extraer una última gota de dignidad. Imaginé la saña con que trataban a ese cuerpo esmirriado. Como montaban una grotesca pantomima de suicidio, cuando las huellas de estrangulamiento manual estaban a la vista. Y ahí empecé a sentir vergüenza.

Pasaron 36 años y recién ahora se exhuma el cadáver para comprobar una verdad que se supo desde el comienzo. El suicidio oficial había sido, en realidad, un magnicidio. Sentí vergüenza de que en mi país tengamos que seguir creyendo en esta Justicia que es en la medida de lo posible. Y que en esa medida no haya cabido el enjuiciamiento del sátrapa, del principal responsable de tanto crimen. El dictador asesino no pudo ser juzgado porque los dirigentes políticos tuvieron miedo, y los jueces -salvo honrosas y escasas excepciones- estuvieron, y están, más preocupados de su carrera funcionaria que de cumplir con su misión. Y eso significa sumarse a la sensibilidad política del momento.

Sentí vergüenza de que a Chile lo represente en España el obsecuente servidor de la dictadura Sergio Romero. Y que los nativos de otras tierras deban reclamar por la presencia de tamaño personaje como embajador de una democracia. Sentí vergüenza porque otro funcionario del dictador, Jovino Novoa, haya llegado a ser presidente del Senado. Puesto al cual sólo pudo acceder con el acuerdo de todas las fuerzas políticas.

Soy escéptico de que se pueda lograr algo con las nuevas diligencia que se practicarán al cadáver de José Tohá. Y creo que esto no será sólo la consecuencia del tiempo transcurrido ni de la forma en que funcionan las instituciones chilenas. Es como reaccionan mis compatriotas. Su memoria frágil resulta proverbial. Su apatía por el dolor que aún no sana es patética. Nuestro paso de una sociedad de ciudadanos a un conglomerado de consumidores es casi una ironía.

La reaparición de José Tohá en la escena noticiosa fue efímera. Más importante que la historia nacional era el fútbol o los problemas ambientales. Como si los triunfos deportivos bastarán para dar solidez a la tradición o los problemas del desarrollo se pudieran enfrentar sin identidad.

Wilson Tapia Villalobos

30 Noviembre 2010 | 01:42 PM

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Nuevo Quijote mundo podrido necesita a gentil caballero... Lo sé ;pero yo tengo predilecciones por las grandes ideas, y aunque la literatura se me ofrece con grandes vacilaciones y dudas, prefiero no hacer nada. Tengo un concepto dramático de la vida, y romántico; no me corresponde lo que no me llega profundam...ente a mi sensibilidad. (…) Como ciudadano, soy hombre tranquilo, enemigo de leyes, gobiernos e instituciones establecidas. Tengo repulsión por el burgués, y me gusta la vida de la gente intranquila e insatisfecha, sean éstos artistas o criminales. Porque vivir es lo más raro de este mundo, pues la mayor parte de todos no hacen otra cosa que existir. Obviando mis defectos, la mayor de mis virtudes pueden ser la generosidad, la humildad y el saber escuchar con atención al interlocutor, tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor. Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente. También la sinceridad. Soy persona paciente de carácter afable y trabajo para convertir mi tiempo en éxito (no me gusta perder el tiempo con cualquiera). Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto sólo se atreven a decirlo a mis espaldas... Me convencí ahora que el amor es energía inmortal e indestructible ya que su característica principal radica en regenerar, por está razón siempre tiene la última palabra frente al desamor o la traición. El amor nos permite percibir el aroma de lo invisible, nos muestra la función de la vida. He descubierto, que ser feliz NO es tener una vida perfecta. Que jamás debo desistir de las personas que amo. Jamás desistir de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible… Y creo ser un tipo...especial! Victor Rodriguez O. QUIJOTE Y SANCHO Image and video hosting by TinyPic


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