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29 Agosto 2010

BICENTENARIO CHANTA

 

Hizo falta un "sabio competente" como reza la melodía. Porque ya es tarde. Porque hay asuntos que no son de última hora. Se redujo la celebración del Bicentenario de Chile a una agenda mediática, de desfiles militares y navales, inauguraciones de obras que igual se hacían, feriados y espectáculos sin impronta. Remata una Comisión Bicentenario acalambrada por líos de dineros, renuncias enojosas, con ausencia de mujeres y hombres proverbiales para la ocasión, proyectos confusos e inconclusos.

El momento marcado en el calendario de la historia se asoma así como una fiesta frágil, tenue, inocua, cursi. Lo deslumbrante, lo épico, lo reflexivo, lo profundo, lo cimero, lo enaltecedor, lo creativo, lo proyectivo, se torna ausente. Pareciera que los gobernantes de turno no conectaran con los próceres permanentes. Que los programas contingentes no dieran cuenta de los procesos históricos. Se lee, leemos, que para conmemorar los 200 años de independencia de Chile, harán un parque "similar al Central Park de Nueva York". Que dos torres "modernas", inmensas y neoyorquinas, serán parte de las obras bicentenarias. Como si por ahí vagara la identidad de esta estela de territorio habitada primero por indígenas y luego por mestizos que de neoyorquinos tienen lo que un huemul de un oso. Que habrá dos días más de feriado "para celebrar", lo que sólo ha generado un debate de ganancias y pérdidas, de comercio y clientes. Que la Parada Militar será única "porque habrá más soldados" marchando. Y suman obras que, en verdad, tuvieron otro origen y otra intención y que ahora, así de simple, la agregan al listado Bicentenario como si se tratara sólo de sumar estructuras. O seres humanos, porque quieren meter en el programa el caso trágico de los 33 mineros atrapados en Copiapó.

Como un sinsentido o lejanía de lo que sería celebrar lo que somos, o lo que quisimos ser, o lo que debimos ser, emerge una agenda reduccionista, ahistórica, gris, livianita, una agenda meramente mediática y oficialista-oficiosa, que no llena ni valora 200 años de vida, luchas, sacrificios, logros, construcciones, épicas, fracasos y consagraciones, certezas y contradicciones.

La identidad, la historiografía, la significación, los hitos, los personajes, los procesos, las tragedias, las rebeldías, la razón de la fuerza y la fuerza de la razón, los colores y las tradiciones, las dignidades y las soberbias, los cantos y las geografías, los monumentos de momentos, las manos y las mentes de los que construyeron estos 200 años, todo lo que enaltece dos Siglos de aquella independencia -no la única ni la primera-, se desvanece, desaparece, se diluye, en los dibujos mediáticos, las inauguraciones tenues de último minuto, los feriados, el show. Se aparece un Bicentenario chanta. Disminuido. Dócil. Porque si 200 años dejan huella, no habrá huella de la celebración. Cuando era el momento nuestro, de los nuestros, para los nuestros.

Cómo hará falta la mirada del estadista, la melodía intensa, la letra descubridora, el pincel agudo, la historia verdadera, los rostros de los que fueron y nos hicieron, las lanzas de las rebeldías, el color y la fisonomía de esta tierra larga y estrecha, profunda y fuerte, en fin, la intensidad y la bravura de 200 años que no se hicieron para poca cosa porque no es poca cosa. Momento profundo, de grandes creaciones, de profundas palabras, de espacios gloriosos, de obras enaltecidas, de sellar la identidad. Sin prejuicios, con las contradicciones de una Nación contradictoria, con las verdades enteras y no a medias, con los claroscuros de un país que se fue inventando y creando con la fuerza de la historia y una historia hecha a fuerza.

Era, debió ser, un momento de iluminación, de consagración, de convocatoria, de movilización, de emociones, de profundidades, de fiestas auténticas, de reparación, de restauración, de análisis, de educación. Era el momento de haber convocado a la creación de grandes obras históricas, literarias, plásticas, arquitectónicas, urbanas, juveniles, de abrir al país a sí mismo, en cada región y rincón, de haber llenado los espacios de arte, historia, música, danza, reivindicaciones de la tierra y de sus próceres de todos los ámbitos. Sentir que este es un país que valió, que vale la pena.

Momento para sentir y percibir en espacios abiertos, por ejemplo, el legado de Gabriela, Pablo, Matta, Violeta, Arrau y Víctor. De adentrarse en las historias de los mapuches, de los independentistas, de los guerrilleros, de los sindicalistas, de las mujeres emancipadoras, de las gestas sociales, de los hitos que hicieron a esta patria, que la dibujaron, la perfilaron, la consagraron.

¿Dónde estará todo eso el 18/9/010? ¿En qué mentes, talleres, espacios, corazones, manos, ojos, escritos, sentimientos, creaciones? ¿Estará oculta la identidad de la tierra y del pueblo dos veces centenario? ¿Se asomarán por las cúspides cordilleranas los ojos de José Miguel, Bernardo, Manuel, Javiera, Salvador, Miguel, Luis, Clotario, Raúl, para mirar cómo los recordamos, cómo reivindicamos lo que fueron para que fuéramos? ¿Surcarán las araucarias milenarias Lautaro y Guacolda, Caupolicán, su pueblo, para redescubrir que son los olvidados de siempre? ¿Será para las niñas y los niños una mera fecha de festejos que no calará la piel para sentirse de verdad hijos de una patria que merecen? ¿Habrá algo que lleve la palma de la mano de chilenas y chilenos a su corazón sintiendo que allí late de a de veras una historia tricolor de luchas, sangre y justicia, que al mirar el cielo, el mar y la tierra haga brotar lágrimas de orgullo y que al voltear sean estremecidos por lo que fueron y lo que hicieron los que tuvieron honor, palabra, sabiduría, dignidad, valentía, audacia, arrojo? ¿Habrá alguien o algo que recuerde que en este trozo del planeta se ha bregado para extirpar la ignorancia, la indolencia, la injusticia, la explotación, la desigualdad, la discriminación, la dependencia, la mentira y el olvido?

Chile debería haber sido Bicentenario en cada minuto, hora y día de este año. Por televisión, radio, diarios, avisos, gigantografías, imágenes, debió brotar a cada instante la frase "tú eres Chile, tú eres Bicentenario" para reconocernos en la fecha-hito. Que el Bicentenario nos recordara, nos hiciera recordar, nos llamara a recordarnos.

Hugo Guzmán

 

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En ambos Centenarios la oligarquía y las castas neoliberales actuales, cultoras de un modelo cuyo centro es el lucro ilimitado, que no considera como seres humanos a los trabajadores y los arriesga a la muerte - como en caso actual de la mina San José

En ambos Centenarios la oligarquía y las castas neoliberales actuales, cultoras de un modelo cuyo centro es el lucro ilimitado, que no considera como seres humanos a los trabajadores y los arriesga a la muerte - como en caso actual de la mina San José dijo

Lo más miserable de este Bicentenario es que reina un conformismo de tal manera servil que, ni siquiera, los intelectuales - hoy transformados en funcionarios del ministerio Cultura - poco o nada denuncian sobre las verdaderas iniquidades de la nación, donde existe la brecha más pronunciada entre ricos y pobres. En 2010 ni siquiera tendremos a los críticos del Centenario que, al menos, denunciaron la crisis moral de la época; en el Chile de hoy, los empresarios, los especuladores, los jugadores de la Bolsa, son los verdaderos dueños del poder. No hay partido político dispuesto a cambiar - ni de derecha, ni de izquierda- la única diferencia que existe entre la Coalición por el Cambio y la Concertación es si recurren a la "caja Chica" o a la "caja grande": ambas combinaciones saben vivir perfectamente bien a costa del país.

El terremoto y maremoto, sumados a la catástrofe minera, se están constituyendo en símbolos de un Chile cuya forma brutal de trato a los trabajadores, a los pobres del campo y la ciudad y a los estudiantes es cada día más inaceptable. Lo terrible es que este drama se desarrolla en el reinado del borreguismo más absoluto, con chilenos de una paciencia musulmana, dispuestos a soportar cualquier tipo de injusticia y de degradación humana. La república murió el 11 de septiembre de 1973, por consiguiente, no tenemos nada qué celebrar el 18 de septiembre de 2010, máxime cuando se está en peligro de derramar sangre obrera.

30 Agosto 2010 | 12:06 AM

laurencia19

laurencia19 dijo

Hace ya mucho tiempo este país se alimenta del show barato y la parafernalia desplegada con la más variada gama de seres, es cosa de mirar tv un rato y descubrir a modelitos prostituidas que exponen sus partes íntimas con tal de subir el rating, han extraviado los valores y han sucumbido por ganar unos pesos más; humoristas mediocres que ni siquiera son capaces de respetar a su esposa e hijos revolcándose con la amante de turno poniendo en riesgo la estabilidad emocional de sus seres supuestamente queridos. Los periódicos con portadas anunciando que tal o cual se acostó con no sé quién o que ésta se puso silicona en tal parte, mientras en la calle los trabajadores protestan por causas bien sólidas y más al sur los mapuches en huelga de hambre...entonces qué podemos esperar de las celebraciones del bicentenario? pura basura, show de mall de fin de semana, bien livianito...
Un abrazo.

31 Agosto 2010 | 06:23 AM

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Nuevo Quijote mundo podrido necesita a gentil caballero... Lo sé ;pero yo tengo predilecciones por las grandes ideas, y aunque la literatura se me ofrece con grandes vacilaciones y dudas, prefiero no hacer nada. Tengo un concepto dramático de la vida, y romántico; no me corresponde lo que no me llega profundam...ente a mi sensibilidad. (…) Como ciudadano, soy hombre tranquilo, enemigo de leyes, gobiernos e instituciones establecidas. Tengo repulsión por el burgués, y me gusta la vida de la gente intranquila e insatisfecha, sean éstos artistas o criminales. Porque vivir es lo más raro de este mundo, pues la mayor parte de todos no hacen otra cosa que existir. Obviando mis defectos, la mayor de mis virtudes pueden ser la generosidad, la humildad y el saber escuchar con atención al interlocutor, tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor. Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente. También la sinceridad. Soy persona paciente de carácter afable y trabajo para convertir mi tiempo en éxito (no me gusta perder el tiempo con cualquiera). Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto sólo se atreven a decirlo a mis espaldas... Me convencí ahora que el amor es energía inmortal e indestructible ya que su característica principal radica en regenerar, por está razón siempre tiene la última palabra frente al desamor o la traición. El amor nos permite percibir el aroma de lo invisible, nos muestra la función de la vida. He descubierto, que ser feliz NO es tener una vida perfecta. Que jamás debo desistir de las personas que amo. Jamás desistir de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible… Y creo ser un tipo...especial! Victor Rodriguez O. QUIJOTE Y SANCHO Image and video hosting by TinyPic


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