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1 Mayo 2010

PAÍS CURIOSO...

 

País curioso. Curioso país. Tiene que haber un terremoto para que un gobierno se decida a aceptar la utilidad de los impuestos. Como reculando, como pidiendo disculpas, como minimizando el efecto, la tasa, el rendimiento y la duración, pero decidiéndose finalmente a hablar de impuestos, y a proponer un incremento que debiese constituir la participación, -¡Oh cuan modesta!, del mundo empresarial.

Desde el nacimiento de la teoría económica liberal se sabe que la riqueza creada con el esfuerzo de todos se distribuye entre el capital y el trabajo. Ya en el prefacio de su conocida obra "The Principles of Political Economy and Taxation" (1817) David Ricardo decía: "Determinar las leyes que regulan esta distribución es el problema principal en la Economía Política". Y para no dejar dudas en cuanto a la relación que hay entre los salarios y el lucro, precisaba: "No puede haber un aumento del valor del trabajo sin una caída del lucro". ¿Te queda claro? Si no fuese el caso te propongo otra frase de David Ricardo: "La proporción que puede ser pagada como salario es muy importante para la cuestión del lucro; porque debe notarse que los beneficios serán altos o bajos en exacta proporción a que los salarios sean bajos o altos". ¿Capici? De ahí nace la irremediable contradicción entre los intereses del capital y los intereses del trabajo. Y como no habrá escapado a tu sagacidad, en Chile van ganando por paliza los intereses del (gran) capital.


En "Wealth of Nations", otro texto fundador de la teoría económica del capitalismo, Adam Smith afirmaba que todos los ingresos, -independientemente de su proveniencia (renta, lucro, salarios)-, deben participar en el pago de impuestos. ¿Para qué sirven los impuestos? Adam Smith entrega una respuesta clara como el agua de roca: "Para financiar el gobierno civil". Y precisaba lo siguiente, no te lo pierdas:

"Los ricos, en particular, están necesariamente interesados en sostener el único orden de cosas que puede asegurarles la posesión de sus ventajas" (...) "El gobierno civil, en cuanto tiene por objetivo la seguridad de la propiedad, es instituido en realidad para defender a los ricos contra los pobres, o bien, aquellos que tienen alguna propiedad contra aquellos que no tienen ninguna"(sic).

Estos eminentes objetivos, junto al de sostener las infraestructuras y la administración de la justicia, constituyen la razón del cobro de impuestos. Aun cuando en su candidez Adam Smith no deja de reconocer que la administración de la justicia puede favorecer a quienes manejan la manija: "Cuando el poder judicial está unido al poder ejecutivo no es posible evitar que la justicia sea sacrificada a lo que vulgarmente se llama consideraciones políticas"(sic).

En la obra citada Adam Smith establece cuatro reglas de oro para la determinación de los impuestos, la primera de las cuales dice textualmente: "Los ciudadanos de un Estado deben contribuir al sostén del gobierno, cada uno en función de sus facultades, es decir en proporción del ingreso del cual goza bajo la protección del Estado". Y agrega: "Observar esta máxima o alejarse de ella constituye lo que se llama igualdad o desigualdad en la repartición del impuesto".

¿Queda claro? Esto quiere decir en buen cristiano que los que ganan más deben pagar más, que los que ganan menos deben pagar menos, y que los que obtienen un ingreso de miseria simplemente no debiesen pagar impuestos.

Si has logrado llegar al término de esta interminable introducción aprovecho para contarte dos cosillas que si no eres tan boludo ya intuías: 1°. En Chile la distribución de la riqueza creada con el esfuerzo de todos favorece de manera escandalosa al gran capital, a las grandes fortunas. 2°. En Chile los únicos que pagan impuestos son los trabajadores: las empresas no pagan ni uno y las proposiciones de Piñera no cambian nada.

País curioso. Curioso país. En Chile el pobrerío financia lo esencial de los ingresos del Estado, ese Estado que crea las condiciones de la riqueza de unos pocos.

Con relación a la distribución de la riqueza no puedo sino repetir lo que ya te he contado en innumerables ocasiones: en Chile el 20% más rico de la población concentra casi el 70% del ingreso mientras el pobrerío se distribuye lo que queda (David Rothkopf - "Superclass: The Global Power Elite and the World They are Making").

La distribución de la riqueza en Chile es tan injusta, que los organismos internacionales nos sitúan entre las quince peores naciones del planeta muy por debajo de países como Ruanda, Burkina Faso, Madagascar, Venezuela, Perú, Ecuador o Bolivia.

País curioso. Curioso país. Gobernado por un diplomado en Harvard, cuyo ministro de Hacienda es diplomado en Harvard, como todos los ex ministros de Hacienda de la Concertación. ¿Qué aprenden en Harvard? La economía clásica, aquella que funda el capitalismo. Justamente, la de Adam Smith y la de David Ricardo, o eso crees tú, que piensas que van a estudiar y no a masajearse las pelotas durante el tiempo que toma obtener un diploma pagado a precio de oro.

Entre otros Héctor Vega, Julián Alcayaga y Manuel Riesco han explicado con meridiana claridad que el aumento de impuestos con el que hace gárgaras el actual gobierno no es sino un chamullo porque las empresas no ponen ni uno. Lo que pago por aquí lo deduzco por acá, de aumento de impuestos naca la piriznaca. Lo mismo sucede con los poderosos dueños de las empresas.

Sin embargo, a la voz de alza de impuestos, -alza que como queda dicho no es sino un volador de luces-, Hernán Büchi, -ese esbirro terminal de la dictadura-, pone el grito en el cielo y advierte que los impuestos son mala cosa porque siempre terminan pagando los mismos, o sea el personal. Como dándole la razón el ministro de Hacienda Felipe Larraín declara en la televisión "que a nadie le gusta subir los impuestos", y que esto se hace solo porque hubo terremoto, y que solo va a durar un par de años.

Hernán Büchi no deja de tener razón: con gente como él, o como los ministros de Hacienda que se han sucedido desde hace ya treinta años, siempre han terminado pagando los hogares más modestos. Hasta el día de hoy.

¿Cómo explicarles a estos doctores en economía que los impuestos pueden tener un objetivo muy distinto al de "defender a los ricos contra los pobres"?

Desde tiempos inmemoriales los impuestos sirvieron para corregir la excesiva concentración de la riqueza permitiendo su redistribución a los sectores menos favorecidos, facilitando la inversión pública y la construcción de infraestructuras, financiando la salud y la educación, el transporte y otros servicios públicos. Haciéndole pagar a las grandes fortunas tasas de impuestos tanto más importantes cuanto más importante era la pobreza, o si quieres decirlo de otro modo, cuanto más extendida era la miseria.

¿Cómo explicarles a estos doctores en economía que los países del Primer Mundo (e incluso Chile) nunca crecieron con tanto vigor como cuando las tasas de los impuestos eran más altas?

El economista Arthur Laffer, inventor de la curva del mismo nombre, estaba errado, -o era un ignorante-, él que pretendía que los altos impuestos desincentivan la inversión y la producción.

Hace ya unos cuantos años que Thomas Piketty demostró que "La imposición confiscatoria de los ingresos exorbitantes no solo es económicamente posible, sino también deseable" ("Les haut revenus en France au XXème  siècle").

En un artículo publicado en el diario parisino "Libération" (17/03/2009) Piketty explica:

"En 1932, cuando Roosevelt llega al poder, la tasa federal de impuesto sobre la renta aplicable a los más ricos era de un 25% en los EEUU. El nuevo presidente decidió aumentarlo inmediatamente a un 63%, luego a un 79% en 1936, y a un 91% en 1941, nivel que fue aplicado hasta 1964, antes de ser reducido a un 77% y luego a un 70% en 1970".

Se trataba en esa época de hacerle frente a un gigantesco "terremoto": la Gran Depresión que arrojó al hambre y a la miseria a millones y millones de ciudadanos estadounidenses.

De modo que "Durante casi cincuenta años, de los años 30 hasta en 1980, la tasa de impuestos superior nunca bajó por debajo del 70% y fue en promedio de más del 80%".

Aquellos impuestos no mataron al capitalismo ni le impidieron funcionar a la economía estadounidense.

En Francia, como en la mayor parte de los países desarrollados, la tasa más fuerte de impuestos, la que se le aplicó a los sectores más afortunados, alcanzó un 90% en el período que separó las dos Guerras Mundiales, para estabilizarse en torno a un 70% durante los llamados "Treinta Gloriosos", o sea los años de mayor crecimiento.

La reconstrucción de la economía norteamericana después de la Gran Depresión no se financió con "donaciones" que dan lugar a extravagantes desgravámenes para quién tiene la "generosidad" de donar. La reconstrucción de Europa después de la segunda Guerra Mundial no se financió con Teletones.

Allí se hizo lo que aquí no se osa hacer: hacerle pagar a quien concentra la parte del león de la riqueza nacional y se lleva el lucro a paraísos fiscales o simplemente al extranjero como ocurre con los beneficios del cobre.

Luego de veinte años de una Concertación que fue generosa con los poderosos, Piñera intenta una operación de maquillaje con una subida de impuestos que no es tal. Adobada con patéticos llamados a una supuesta generosidad de donantes estimulados con exenciones fiscales que suman miles de millones de dólares.

País curioso. Curioso país...

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Nuevo Quijote mundo podrido necesita a gentil caballero... Lo sé ;pero yo tengo predilecciones por las grandes ideas, y aunque la literatura se me ofrece con grandes vacilaciones y dudas, prefiero no hacer nada. Tengo un concepto dramático de la vida, y romántico; no me corresponde lo que no me llega profundam...ente a mi sensibilidad. (…) Como ciudadano, soy hombre tranquilo, enemigo de leyes, gobiernos e instituciones establecidas. Tengo repulsión por el burgués, y me gusta la vida de la gente intranquila e insatisfecha, sean éstos artistas o criminales. Porque vivir es lo más raro de este mundo, pues la mayor parte de todos no hacen otra cosa que existir. Obviando mis defectos, la mayor de mis virtudes pueden ser la generosidad, la humildad y el saber escuchar con atención al interlocutor, tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor. Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente. También la sinceridad. Soy persona paciente de carácter afable y trabajo para convertir mi tiempo en éxito (no me gusta perder el tiempo con cualquiera). Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto sólo se atreven a decirlo a mis espaldas... Me convencí ahora que el amor es energía inmortal e indestructible ya que su característica principal radica en regenerar, por está razón siempre tiene la última palabra frente al desamor o la traición. El amor nos permite percibir el aroma de lo invisible, nos muestra la función de la vida. He descubierto, que ser feliz NO es tener una vida perfecta. Que jamás debo desistir de las personas que amo. Jamás desistir de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible… Y creo ser un tipo...especial! Victor Rodriguez O. QUIJOTE Y SANCHO Image and video hosting by TinyPic


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