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7 Septiembre 2009

NERUDA Y EL “WINNIPEG”: 70 AÑOS DE UN VIAJE

 

Se ha celebrado en pasadas fechas el 40 aniversario de un viaje al espacio, de una llegada a un lugar más que remoto -la Luna- y de un paso pequeño para el hombre, pero un gran paso para la humanidad. El triunfo del hombre sobre las estrellas, la demostración de que no hay fronteras que nuestra sociedad no pueda cruzar. Es decir, la prosa que se acostumbra en estos casos. Es una efeméride de gran importancia -no cabe duda- científica, tecnológica y también, por qué no decirlo, económica.Pero hay otras efemérides. Otras historias, a escala más humana y más local, que no tuvieron la posibilidad de ser filmadas, ni retransmitidas por el orbe y que a pesar de ello aún pueden ser recordadas ya que son más cercanas a nosotros, ya que tienen en sí mismas lo mejor del ser humano, su humanidad. Y es que me parece que -en este mundo inconscientemente globalizado- las historias vitales de hombres, mujeres y niños, son más adecuadas de celebrar por ser las verdaderamente humanas.

El siguiente relato es una muestra. Se acerca su efeméride. Se cumplen 70 años. Y justo ahora que el grupo musical chileno -y latinoamericano- de mayor trayectoria y con más conciertos en el mundo, Inti Illimani, ha actuado en Bilbao, en Aste Nagusia 2009, recuerdo las conversaciones que mantenía con Jorge Coulon Larrañaga (fundador y director del grupo) hace unos meses recorriendo los cerros de Valparaíso, ciudad y puerto principal de Chile y de cómo coincidimos, en la deuda histórica que se tiene con un barco, el Winnipeg, con sus pasajeros, con un poeta, con una historia que, sin dudarlo, merece ser contada y recordada. Es la historia de una travesía que empieza en el Golfo de Bizkaia, sigue por el océano Atlántico y termina en el océano Pacífico y de cómo la blanca estela que dejara en estos océanos se transformó en un surco en tierras lejanas donde llegaron semillas que germinaron y seguirán germinando. Ésta es la historia:

Cuando en 1939 le nombran cónsul especial en París, Neftalí Reyes Basualto no imaginaba -o puede que sí- que estaba apunto de iniciar el camino que le llevaría a realizar su mejor obra. Él mismo -con el pseudónimo de Pablo Neruda, como se le conoce- le había propuesto a Pedro Aguirre Cerda, entonces presidente de Chile, llevar a ese país profesionales que huían de la Guerra Civil española o que estaban en campos de hacinamiento en Francia. La respuesta fue "sí, tráigame vascos, castellanos y extremeños, tenemos trabajo para ellos...".

Neruda sentía, como propio, el dolor de esas gentes. Su conciencia humanista, su alma sensible de poeta y los recuerdos de García-Lorca -y de su asesinato-, de la generación del 27 y de otros, entre ellos los poetas vascos Gabriel Celaya, Blas de Otero, el cual le dedica su poema Guernica, le susurraban, a veces, le gritaban, las más, que algo se debía hacer.

Así empieza a dar forma en su cabeza el viaje del Winnipeg, un destartalado carguero de 5.000 toneladas que nunca llevó más de setenta u ochenta personas a bordo, además de cacao, sacos de café y de arroz. Ahora le estaba destinado un cargamento más importante: la esperanza. Uno de los viajeros recuerda cómo subió al barco: "¿Usted es trabajador de corcho?", le preguntó Neruda. "Sí, señor", dijo el hombre con siete hijos. "Hay una equivocación porque en Chile -replicó el poeta- no hay alcornoques". "Pues los habrá de ahora en adelante", respondió. "Suba al barco. Usted es de los hombres que se necesitan".

Luego de habilitar con literas los seis pisos de las bodegas, alrededor de dos mil personas, vascos muchos de ellos, iniciarían un viaje de vida y hacia la vida misma. En efecto, el Winnipeg es el símbolo de la lucha de unos hombres para la dignidad de otros, de empeñar parte de la vida propia para brindársela a otros, en definitiva del triunfo de la humanidad sobre la sinrazón.

El 4 de agosto de 1939 zarpa la vetusta nave desde el puerto francés de Pauillac. Muchos de sus pasajeros no sabían a qué país extraño y exótico se dirigían. Otros decían que su destino estaba en el extremo sur de América, pero no sabían dónde. Situarlo no importaba. El viaje sería largo y difícil pero a buen seguro -de llegar a destino- les esperaba una vida mejor.

Sin embargo había peligros que debieron sortear : submarinos alemanes que atacaban embarcaciones y la posibilidad siempre constante de que buques franquistas les abordasen y devolviesen al infierno de la guerra. Sin contar con el hacinamiento de dos mil almas en una embarcación no construida para tal número que hacía del viaje una penosa odisea. Pero entre todas esas penurias, también hubo tiempo para la esperanza, bodas a bordo, nacimientos, e incluso el habilitar botes salvavidas en una especie de tálamo amatorio para la intimidad de las parejas. Al pasar por el canal de Panamá, otra dificultad, no se había contemplado el peaje por cruzarlo. Una vez solventada la situación, se alcanza el océano Pacífico. Una nueva vida estaba cada vez más cerca. Lejos, cada vez más lejos, el horror y la desesperanza.

Quiso el destino que el primero en subir al Winnipeg, una vez atracado en Valparaíso, fuese un joven Salvador Allende Gossens, médico y ministro de Salud, quien encabezaba un equipo sanitario para atender a los "nuevos chilenos". El mismo presidente Allende del discurso de las Grandes Alamedas por donde pasearía el hombre libre para construir una sociedad más justa. Era el 3 de septiembre de 1939.

Los recién llegados fueron distribuidos por la loca geografía de aquel país. Cada pasajero del Winnipeg, en cualquier lugar de Chile donde se instaló, retribuyó con lo mejor de sí, tanto en las artes, en el comercio, en las ciencias, agradeciendo de ese modo a quienes encarnaron, más que una liberación, un proyecto de vida en paz y libertad.

Vivimos tiempos en los que los iconos son más importantes que las personas. En el caso de Neruda, sabemos de un poeta universal y premio Nobel de Literatura, pero esa dimensión nos aleja de la persona y de su verdadera obra, la de dimensión humana. Sucede con Salvador Allende y con Víctor Jara (director de teatro y cantautor, el de Te Recuerdo Amanda). La dimensión de su trágica muerte no debe empañar el cómo vivieron. Nos legaron con su obra -la profesional y la vital- herramientas de vida. Coincido también con Jorge Coulon en esto. Lo dice Víctor Jara (su amigo) en la canción Vientos del Pueblo que interpreta Inti Illimani: "...así cantara el poeta, mientras el alma le suene, por los caminos del pueblo, desde ahora y para siempre".

Si visitan Chile, acérquense a Isla Negra y a la casa de Neruda. Podrán entre olas del mar y caracolas, entre mascarones de proa y una vieja locomotora a vapor, ver el pasaporte diplomático de Neftalí Reyes Basualto y hasta es posible que el rumor del mar, les haga oír las voces de los pasajeros de Winnipeg.

Por Hans Hoffmann G.

 

 

Tags: guerra, barco, neruda

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La historia es nuestra y la hacen los pueblos

La historia es nuestra y la hacen los pueblos dijo

Chile tenía una infraestructura industrial creada por el Estado nada de despreciable: el país estaba casi completamente electrificado por la empresa estatal del ramo; una producción respetable de petróleo a cargo de otra empresa estatal. Una parte importante de la carga de mercaderías nacionales y extranjeras eran transportadas por buques nacionales por la empresa marítima del Estado y por los Ferrocarriles del Estado; Chile tenía un servicio de Salud Nacional que atendía a todos los ciudadanos por igual. La previsión estaba en manos de organismos sin fines de lucro. La educación era asunto del Estado y los colegios particulares se autofinanciaban ya que si los padres querían una educación distinta para sus hijos debían financiarla ellos. Los hospitales los construía una empresa autónoma del Estado que tenía una empresa gemela en la construcción de escuelas. Eduardo Frei el Presidente saliente había iniciado un Reforma Agraria que estaba terminando con el latifundio improductivo en el país y estaba modernizando el campo. Chile podía mirar con esperanza al futuro”.
En la Universidad Técnica del Estado, actualmente USACH, al empezar el gobierno de la UP la diferencia entre el salario más bajo y el más alto era de 50 veces, al inicio del año 1973 había disminuido a 20 veces, es decir se estaba produciendo una distribución real del ingreso dándolo un poder adquisitivo mayor al que menos lo tenía, el chorreo de la Concertación no se había inventado todavía.

10 Septiembre 2009 | 03:28 AM

Rosana

Rosana dijo

Neruda dijo en uno de sus versos

"... y la muerte del mundo ,cae sobre mi vida ...."

¿ como sobrevivir en un mundo tan injusto?

12 Septiembre 2009 | 10:43 PM

laurencia19

laurencia19 dijo

Abandonar la patria no debe ser asunto fácil, menos aún echar raíces en un lugar tan apartado y diferente, sin embargo, ellos con esfuerzo lo lograron....quién pudo saber en aquel momento que llegaría el tiempo de devolver la mano...
Un beso.

20 Septiembre 2009 | 05:41 AM

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