21 DE MAYO

La tradición general concerniente a las celebraciones nacionales son manifestadas de manera simbólica entre las voces chilenas que versan sobre el pasado- digo versan puesto que se trata de un mito existente- han marcado con acento ingenuo en la conciencia histórica de Chile un acto - teatral - de carácter milagroso en múltiples mentes chilenas que valoran hazañas seudo-heroicas - Épicas - incluso sin saber ciertamente la razón conmemorada.
A este respecto, surgen ciertos juicios que en el presente pueden aparentar un caro hecho legendario, aunque desprovistos de fundamentos que justifiquen su importancia histórica postrera. En este sentido, los acontecimientos festejados, so capa de ser fundamentales para el proceso de construcción de la nación y la exaltación del valor patrio, no nos permiten ver más allá de lo meramente circunstancial. Dicho de otra manera, siempre nos disponemos a celebrar hazañas sin importar la excusa que lo motive. Pongo por caso el trivial
veintiuno de mayo. Se trata de una fiesta realizada por los chilenos - cada vez menos - que evocan el Combate naval de Iquique encabezado en el conflicto - junto con la contradicción del nombre- de la Guerra del Pacífico, que de pacífico nada admitía, salvo el escenario. Este mito alterado y corrompido por la tradición - traición - de los chilenos resulta insuficiente para el pretexto actual del festín. De ahí que la estipulada y lírica frase pierda todo su sentido original - si alguna vez lo tuvo - y desestimemos su significado faccioso y optimista: "Muchachos, la contienda es desigual, pero, ánimo y valor. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y espero que no sea ésta la ocasión de hacerlo. Por mi parte, os aseguro que mientras yo viva, esa bandera flameará en su lugar y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber". En efecto, el capitán Prat murió en la guerra y sus oficiales junto a él. ¿Su deber? hundido bajo el mar, no obstante ahogado y sumergido según la rúbrica: "vencer o morir". ¿Su nave? La Esmeralda enterrada en el mar del norte, esa nave fruto de un duro trabajo para su construcción y llena de escollos para su existencia. Deberíamos comprender con esto lo que una vez pronunció José Ortega y Gasset: "Así es como sentiría yo, si fuera chileno, la desventura que en estos días renueva trágicamente una de las facciones más dolorosas de vuestro destino. Porque tiene este Chile florido algo de Sísifo, ya que, como él, vive junto a una alta serranía y, como él, parece condenado a que se le venga abajo cien veces lo que con su esfuerzo cien veces levantó".
Con todo, podemos afirmar seguramente, que Chile es un país de mártires, así como lo fue nuestro Prat con sus virtudes y defectos. Héroes que fracasan en los hechos, pero que conquistan nuestras mentes. ¿Seremos compasivos ante las desgracias nacionales? Hay quienes piensan - como Ricardo Krebs - que los chilenos: "Más que a los triunfadores, recuerde a los héroes trágicos; más que las victorias, los desastres". ¿Derrota heroica como virtud?

En suma, cabe preguntarse entonces ¿Para qué el veintiuno de mayo teniendo en cuenta que perdimos el verdadero significado de la sentencia de Prat? Lo que celebramos ahora es el acto simbólico de su muerte. Por un lado, cada veintiuno de mayo, es decir, cada veintiuno feriado, significa un descanso que muchos olvidan en el año, pero que cuando lo recuerdan, lo hacen derecho suyo como instante de alegría. Por otro lado, cada veintiuno de mayo los presidentes de Chile se dirigen a la nación para informar y destacar los logros en sus políticas y las futuras promesas reivindicativas con el objetivo de legitimarse con apoyo del pueblo.

Debería usarse como una oportunidad de nuestra gobernanza para evaluar críticamente, como ciudadano, las instituciones de los chilenos. Insisto en sostener que se tratará de un mero veintiuno de mayo con un nuevo discurso (Mito) presidencial para hacernos creer que "todo cambia para bien, pero que falta un poco y hay que tener paciencia"... Con razón Chile venera la imagen de Prat, que como muerto ya no se le puede exigir nada.


Aristóteles Smolarek:: “Prat saltó borracho” dijo
Lamberto Ulloa, autor del libro “El Titanic y otros naufragios” y presidente del Instituto Chileno para el Estudio del Titanic (INCHET), asegura que el famoso acto heroico realizado por Arturo Prat hace 130 años frente a Iquique sólo lo pudo haber hecho borracho, y que la principal motivación que tuvo la tripulación de la Esmeralda para atacar al Huáscar, un buque superior en todos los aspectos, fue el supuesto cargamento de pisco que llevaba a bordo. “A la tripulación de la Esmeralda se le estaba acabando el aguardiente y sólo le quedaban reservas para dos o tres días –dice Ulloa – por lo que Prat, al saber de la cercanía del Huáscar, ordenó tomarse todo el alcohol que quedaba para ganar arrojo y hacerse de las bien premunidas provisiones peruanas”
Según sus antecedentes, Prat nunca gritó “¡Al abordaje, muchachos!”, porque no estaba en condiciones para articular esa compleja oración.. “Es más, al parecer cayó al agua, y Grau ordenó rescatarlo. Cuando lo subieron a la cubierta estaba tan odioso que le ofreció pelea a todos, se armó una riña descomunal y la historia sigue casi como la conocemos. Casi”.
¿Por qué “casi”, profesor?”
Porque nadie sabe cómo murió Prat. Sólo sabemos que en un intento desesperado se lanzó hacia las bodegas donde estaba el pisco y cayó sobre las botellas. Quizás murió del impacto
¿Qué pruebas tiene para realizar estas aseveraciones?
Yo soy un experto en el Titanic y nunca he salido de Chile. Yo envié una carta a la Nasa para darles su ubicación perfecta en el fondo del mar y ahí fue cuando lo encontraron. Yo también denuncié que la película Titanic caía en aberraciones atroces, como la imposibilidad de que los personajes principales tuvieran acceso a la proa del barco para hacer su famosa escena, por la estricta guardia que la compañía naviera instaló en ese sector.
¿Y eso qué tiene que ver con Prat?
Es una demostración de que mi método intuitivo funciona. Yo conozco sólo hasta Caldera por el norte, pero eso me bastó para recrear en mi mente el combate más famoso de la historia naval chilena. ¿Ha leído las cartas originales de Prat? Tienen caligrafía de borracho. Sus justificadores dicen que escribía tembloroso porque se movía mucho el barco, pero yo creo que en realidad le había entrado harta agua al bote.
¿Entonces Prat no es el héroe que nos venden?
¿Ha estado usted en el mar solo y aburrido? Yo tampoco, pero puedo asegurarle que es terrible. Prat es un héroe porque no cayó en las tentaciones de la carne masculina, como a muchos les gustaría que así hubiese sido. También es un héroe porque atacó a un barco peruano, y eso siempre es loable. Yo sólo quiero explicar que es mejor héroe que ese calvo piñufla que aparece en el Icarito. Prat es un héroe real.
25 Mayo 2009 | 05:40 PM