Post tenebras lux (*). El pueblo no existe

La luz después de las tinieblas (*). Fue el lema de

NO ES INVENTO NUESTRO.
Los historiadores, -Jaime Eyzaguirre, por ejemplo, que no puede ser tildado de izquierda-, en su O’Higgins (1946) mencionan a los “aristócratas” y a los “magnates” que se auto nombran delegados del "pueblo sano”(sic) cuando representan apenas a los miembros del Cabildo.
El mestizo pueblo de Chile, cruce de conquistadores y colonos con las etnias locales, mezcla que en 1810 tenía 260 años (y hoy cerca de 460), era mayoritariamente un pueblo de campesinos, artesanos y obreros pobres, en estado de casi servidumbre, y cuya existencia política era nula.
Como mucho existía en los fundos y en las filas de los regimientos, durante las guerras de Araucanía como en las batallas de
Cuando más, el pueblo de
La lentísima emergencia de una conciencia política popular en Chile empieza en los años 1850, cuando los liberales se entusiasman con la revolución francesa de 1848 y su inspiración girondina. Ahí, en
Pero el testigo e historiador de ese momento clave, Benjamín Vicuña Mackenna, se siente obligado a reconocer que, aún entonces, el pueblo, en el sentido político e histórico de la palabra, como expresión colectiva de la nación y como fundamento de la legitimidad política, ese pueblo, en Chile, no existe: “Había entonces juventud, si bien es cierto que no había pueblo, como no lo hay todavía.”(Los girondinos chilenos, 1876).
¿Cuándo se despierta en el pueblo chileno la consciencia de su dignidad política?
Probablemente con la guerra civil de 1891, con los movimientos sociales de las primeras décadas del siglo XX y el surgimiento de los primeros partidos políticos que aspiran a representarlo: radical, comunista, socialista.
Si bien comienza a existir, hay que esperar el triunfo de Salvador Allende en las elecciones presidenciales de 1970 para ver surgir ese pueblo como fuente única de la legitimidad republicana. La palabra pasa a designar una realidad diferente: no una clase social, no la plebe, sino todos los ciudadanos. Por primera vez existió entonces el pueblo que es nación y expresión de la voluntad general, del interés común, de la dignidad de
El golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 procuró hacer desaparecer esa presencia, y eliminar a su intolerable símbolo en la persona del presidente Salvador Allende, que subrayó hasta el último momento, en su testamento radiofónico, el vínculo legítimo e inalienable que le unía al pueblo de Chile.
Los civiles que heredaron del poder de manos de los militares después de 1990 han hecho, por su parte, todo los esfuerzos posibles para que los errores pasados no se reproduzcan, para que el pueblo de Chile vuelva a ser una amplísima casta sin voz ni voto, destinada a trabajar duro, a ganar poco, y a arreglárselas como pueda.

No es invento nuestro. El pueblo, hoy en Chile, aún no existe.
Armando Uribe Echeverría



Y los paupérrimos batallones, los regimientos de piojosos dijo
En 1931, la crisis en nuestro país se convirtió en una tragedia desbordada. Los paupérrimos batallones, los regimientos de piojosos, seguían, como fantasmas roñosos, robando frutas de los huertos, huevos en los gallineros, mendigando por doquier y transmitiendo el tifus exantemático.
Tras ese llamado "jueves negro", el 21 de octubre de 1929, y pese a todos los esfuerzos y conjuros realizados, la caída libre en el precio de las acciones de Wall Street no pudo ser frenada ni por el Espíritu Santo.
Resulta que hace 78 años, la desgracia cuando menos, ya era un fenómeno global.
Bastaron horas para que el país del mundo más seriamente afectado por el crack de Wall Street fuera Chile. Proto globalización que en nuestro país se tradujo en una hambruna inolvidable y en una nube de piojos. Gordos piojos. Piojos rozagantes. Llenos del mortal virus del tifus.
Chile estaba horquillado entre los préstamos foráneos y su dramática dependencia de la venta del salitre (hoy del cobre). Pésima combinación, ya que la drástica disminución de la demanda de salitre devino en una natural falta de divisas para cancelar las cuotas comprometidas con los prestamistas extranjeros. Y comenzó el largo desfile de desarrapadas familias que volvían del norte, sucios, harapientos, muertos de hambre, buscando otra oportunidad en los valles centrales. Vagaban mendigando por los campos y suburbios. La caridad pública organizó las primeras ollas comunes. Pero curiosamente es la suciedad del pelo lo que resalta en mi fantasía, como en una novela de J. Steinbeck o de Verito "mi poeta privada".
En 1931, la crisis en nuestro país se convirtió en una tragedia desbordada. La total falta de divisas produjo un desabastecimiento absoluto de insumos importados. Sin más alternativa, Ibáñez suspendió el pago de la deuda externa. Y los paupérrimos batallones, los regimientos de piojosos, seguían, como fantasmas roñosos, robando frutas de los huertos, huevos en los gallineros, mendigando por doquier y transmitiendo el tifus exantemático.
5 Octubre 2008 | 05:14 PM