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Categoría: Periodismo

20 Octubre 2010

DISCURSO DE NIBALDO MOSCIATTI AL RECIBIR EL PREMIO EMBOTELLADORA ANDINA 2010

Quiero agradecer a mis maestros. A los que, primero, me enseñaron. Quiero agradecer a mis padres. El rigor de la Loli y la fantasía de Pocho. La perseverancia y pasión de ambos. El aprendizaje de ver pasar el río, de plantar algunos árboles. El vivir la vida sin ambición por el dinero, ni ínfulas sociales.

En este oficio de periodista quisiera haber heredado una pizca del talento, la sensibilidad y la rebeldía de mi padre. Sin esas cualidades, el periodismo se convierte en otra cosa: en una simple reproducción de discursos, en un engranaje más de las máquinas de los poderes y los poderosos, en esa cosa amorfa, triste, gelatinosa, y, a veces, ruin y malvada, que son las relaciones públicas o todo tipo de comunicación que está al servicio de unos pocos en detrimento de la mayoría anónima.
 
Quiero agradecer, andando ya el camino, a algunos profesores. De mi colegio: Lamiral, Varela, Tolosa, Fierro, Boutigieg, Pilon, Biancard. La añoranza de ese espacio de libertad cuando la libertad escaseaba.
 
Y de la Universidad... allí, en verdad, gracias a pocos. Es más, si hablo largo terminaría a los garabatos y repudiando a muchos de esa Universidad Católica, la UC de aquella época, puta prístina de la dictadura, con sus sapos, sus silencios cómplices, sus injusticias mofletudamente bendecidas, bendecidas por sus monseñores y sus autoridades venenosas que no se arrugaban en tolerar, avalar y alentar la brutalidad para preservar el orden, que era un orden chiquitito, orden sólo de ellos.

 Doble mérito entonces para mis profesores de la Universidad a los que agradezco: Juan Domingo Marinello, Cacho Ortiz, Gustavo Martínez y los Óscares: Saavedra y el RIP González, lo que no es maldad, porque todos nos vamos a morir. Así es que RIP nomás.  Y, en el oficio, más gracias. Gracias a algunos que me apuntalaron, mostrándome matices de dignidad: Salvador Schwartzmann, Jaime Moreno Laval, Mario Gómez López, Gabriela Tesmer.  Los otros, los amigos que me enseñaron y que, por sobre todo, quiero: Andrés Braithwaite, el mejor editor de prensa escrita que haya conocido nunca; Pancho Mouat; los laberintos del pensamiento de Ajens; Pablo Azócar y el filo de su pluma; Rafael Otano y su erudición que te obliga a ubicarte donde siempre debe ubicarse un periodista, que es en la ignorancia; y Patricio Bañados, que me ha mostrado el valor de las convicciones y la decencia que debería imperar en este medio. Pero ustedes lo saben: NO impera.
 
En cuanto al premio mismo, gracias al premio, que permite esta convocatoria. Así veo a gente que quiero. Premio gracioso y gaseoso. Tan gracioso que creí que era pitanza. Premio de fantasía y bebestible, para mí, que me ufano de haberme criado bebiendo agua de un pozo alimentado por una napa subterránea que desciende al río Bío Bío desde la cordillera de Nahuelbuta. Agua pura.
 
Gracias, entonces, al jurado que me eligió. Gracias sinceras porque, por lo demás, no he postulado a premio alguno, lo que me indica que mi nombre les salió del corazón. O de la razón, lo que no sé si es mejor o peor, todavía.  Y gracias a la empresa que da el premio. Premiar periodistas es labor samaritana. Mejor que el Hogar de Cristo o la Teletón, en la medida en que no se convoque, paradójicamente, a la prensa.  Sugiero a la embotelladora que también se incluya, en galardones paralelos, a zapateros remendones, desmontadores de neumáticos en vulcanizaciones, panaderos, imprenteros, empastadores de libros, ebanistas y expertos en injertos de árboles frutales, para que se consolide la idea de que lo que se premia es el ejercicio de un oficio, el día a día de las letras, y no la ruma de certificados, con sus timbres y estampillas, ni la galería de cargos, ni, menos todavía, la trenza de contactos, pitutos, militancias, genuflexiones (para no usar imágenes obscenas) favores y deudas. Así debiera ser.
 
En suma, muchas gracias. Gracias por mí, pero también gracias por La Radio. Este premio es, en gran parte, mayoritaria parte -seamos sinceros-, un premio a Radio Bío Bío. Un premio a un proyecto que nació en 1958, en Lota, con radio El Carbón. Un proyecto que mi padre no sólo ideó, parió, construyó, afianzó y encauzó, sino que es un proyecto que sigue siendo fiel -y esperamos no tropezar nunca en ello- a lo que mi padre quiso. Eso es lo que más se merece un premio: la idea de un medio de comunicación al servicio de la gente, sin cálculos, sin ideas de trampolín para lanzarse a otra piscina. Señoras y señoras, muchas gracias.
 
2.- Reflexiones sobre el oficio:
 
Lo primero es que trataré de evitar, probablemente, sin éxito, el peligro de todo discurso, que es terminar pontificando. Imagínense: yo de pontífice. Pondría mis condiciones eso sí: fin al celibato y, por supuesto, me negaría a usar esas polleras que usan los pontífices. Báculo sí usaría: más de alguno con que me cruzo merece un garrotazo, y los báculos papales y obispales, a veces pesados con tanto oro, deben ser buenísimos para tal efecto.  Bien, no nos desviemos, aunque el tema provoque curiosidad malsana.
 
Entonces: evitar pontificar. Porque el periodismo debiera estar lo más lejos posible de los pontífices: los de las religiones, la política, los negocios, la banca, el capital, la revolución, la involución, las dietas, las verdades reveladas, las ideologías, la numerología y tantos etcéteras. O sea, lejos de las certezas. El periodismo sólo se sostiene en su falta de certidumbres, en la duda permanente, en el escepticismo, en la incredulidad.
 
Vivir poniendo en duda todo puede, es cierto, generar angustia. Pero si no se busca el poder, la certeza mayor que te da el poder y, por consiguiente, la posibilidad del abuso -porque eso es el poder: la posibilidad de abusar-; si no se busca esa certeza, se puede vivir de lo más bien.
¿Cómo vivir en el ejercicio de la duda? Aventuro una respuesta: haciéndolo desde la sensibilidad. Sensibilidad para entender al otro. Hacer el ejercicio de despojarse de lo propio -las ideas, los odios, las fijaciones- para intentar reconocer, conocer, entender lo ajeno.

Hay, al menos, dos periodismos. Voy a dejar fuera a esa manga de serviles que, por opción (libero de culpa a los que no tuvieron alternativa), fueron útiles plumíferos de la dictadura. Siempre he sostenido que en dictadura, hacer periodismo es hacer oposición. Si yo pretendiera hacer periodismo en China, hoy, sería agente opositor (y qué bueno que el Premio Nobel de la Paz se haya otorgado a un disidente chino).  Bueno, dejando de lado esto, repito que hay, al menos, dos periodismos: Uno, el que le habla a la gente, porque piensa en la gente y siente que está al servicio de ella. Otro, el periodismo que le habla a los poderes, porque vive en ese rincón restringido y cálido -pero nunca gratis- que los poderes guardan a ese periodismo. Es un rincón un poco humillante, como esas casuchas para los perros guardianes, que te guarece de la lluvia pero que incuba pulgas y garrapatas, pero allí nunca falta el tacho con comida. Sabe mal, pero alimenta. Y, en general, engorda.
 
Lo que entiendo por periodismo es lo primero: el periodismo es un ejercicio de antipoder.Repartir, difundir, democratizar la información que, si es tenida en reserva por unos pocos, constituye poder. ¿No les suena acaso la figura de "uso de información privilegiada"?  Mi convicción, entonces: lejos de los poderes, que el poder corrompe. Y a más poder o más dinero, más corrupción.
 
De lo mucho que le debo a mis lecturas -en rigor no he hecho más que repetir cosas que he considerado inteligentes y por otros dichas-, le debo a Albert Camus la mejor definición de patriotismo. Si la bandada de sujetos vociferantes que se dicen patriotas se aproximara a esa definición, algo de eso que se sueña como humanismo sería factible. Escribió Camus, a propósito de la resistencia francesa a la ocupación nazi:  "Fue asombroso que muchos hombres que entraron en la resistencia no fueran patriotas de profesión. Pero el patriotismo, en primer lugar, no es una profesión. Es una manera de amar a la patria que consiste en no quererla injusta y en decírselo".
 
Uno podría cambiar el término patria por humanidad y patriotismo por humanismo. Y uno podría considerar que ese ejercicio de humanismo es el buen periodismo.  Para no subirse por el chorro, una advertencia: muchos periodistas estaban o están convencidos que el periodismo es la palanca o instrumento para generar un cambio social. Nica. O sea, no. Quienes piensan así exhiben, quizás sin darse cuenta, una arrogancia y un mesianismo temible. Allí no hay duda, ni cuestionamiento. Los cambios los hacen los pueblos, no el periodismo. Tratemos -termino igual como empecé-, tratemos de no pontificar.
 
3.- Piloto para un espacio radial en el trasnoche. ¡Invito a que me acompañe (en saxo) Nano González!
 
¿Por qué te premian? ¿Porque ya eres suficientemente viejo? ¿Por qué ya lo que dices son puras boludeces y tus dichos perdieron filo, agudeza, desparpajo, y te repites como un viejo gagá que no dice nada nuevo ni nada que escandalice? ¿Por eso te premian, porque la lengua te la comieron los ratones? O, mejor dicho, ¿porque tu lengua se pudrió, de desprendió, añeja, agria, inútil?
 
Sobrevuelas un pedazo de tierra, hermoso por lo demás (bueno, hermoso en lo que va quedando de hermoso, porque lo otro ya lo arrasaron) y te dicen: mira, esa es tu Patria. ¿Qué es eso? ¿Una Patria, La Patria, tu Patria? ¿Para despedazarla y repartirla? ¿Para prohibirla, censurarla, amordazarla? Será mejor, entonces, no tener Patria, y ahorrarnos uniformes, paradas militares, desfiles, aniversarios, profesionales ociosos de la guerra. No, no, no; mejor así: que los militares sigan siendo ociosos y que no ejerzan su trabajo. Digo: no a la guerra. Y agrego: mar para Bolivia, y con soberanía.
 
En cada uno de nosotros habita ese lobo que ve a los otros como ovejas, y quiere devorárselas. Pero no nos engañemos, los lobos son los lobos de siempre. Se les reconoce por el hedor que van dejando sus meados. No trates de domesticar al lobo. Sácale lustre, aliméntalo con carne cruda y no lo retengas cuando llegue la hora de las dentelladas. ¿Se acuerdan de ese coro, auténtico, maravilloso, porque ponía en duda el orden que es, como todo orden, en el fondo, una prisión? El coro decía: ¡va a quedar la cagada, va a quedar la cagada, va a quedar la cagada...!
 
Nosotros, asesinos. Esa cualidad última es la que se promueve. No veas al otro como un socio, olvídate del concepto de prójimo (salvo cuando vayas a ese teatro vacío que se llama iglesia). Gánate un espacio, desplazando a otro. Es una lógica asesina. Bienvenidos al carrusel de los depredadores. Nuestro futuro está escrito: feliz regreso al canibalismo.
 
¿Dónde están los que no están? Bueno, yo lo sé, porque así lo siento: en ningún lado, por algo no están. Chau, listo, se acabó... Pero están. En nuestros recuerdos, en la memoria. Me gustaría que estuviera aquí Galo Gómez. Galo Gómez hijo. Romántico y pendenciero, pero tan buen tipo que sus peleas eran pura bondad. Galito, ¿te mataste o te mataron? No, parece que fue la borrachera y el exceso de velocidad. Te mataste, entonces. Te echo de menos.
 
Luciérnagas en la noche. Bajo los boldos, vuelan encantadas las luciérnagas de mi niñez y juventud. No las vi por años, casi décadas, hasta que una noche reaparecieron. Allí, en la orilla del Bío Bío. ¡Luciérnagas en la noche de nuevo! Como un mensaje que dijera: no todo está perdido, no todo es derrumbe. La sobrevivencia de las luciérnagas como metáfora de la supervivencia de lo hermoso, de los sueños, de que sigan existiendo luciérnagas para los futuros niños.
 
Y sí... Quisiera volver a ser un niño. Vivir, aunque sin saber, que todas las posibilidades del mundo están abiertas y disponibles para mí. Eso es la niñez: la infinitud de rumbos, la ausencia, por el momento, de condicionamientos, directrices, guías. El primer día de colegio es el primer navajazo a esa infinitud. Quisiera volver a ser un niño, antes del colegio. Niño, niño. Puro horizonte, posibilidades infinitas. Quisiera ser niño. ¡Y sin premio!
 
 Muchas gracias.  Por-- Nibaldo Mosciatti

Nibaldo Mosciatti Olivieri, Hijo del  empresario radial Nibaldo Mosciatti Moena y de Olga Olivieri se ha consolidado como uno de los más prominentes periodistas de su generación dejando su impronta en medio tales como radio Chilena, revista Apsi y los programas El Mirador de TVN y Plaza Italia del desaparecido canal Rock and Pop. Actualmente es jefe de Prensa de radio Bío-Bío y columnista de CNN-Chile. Él afirmó con respecto al área en que se desempeña:  "Uno no debe olvidar nunca que el periodismo funciona para la gente. Una de las grandes desviaciones de éste, es que muchos periodistas creen que el oficio es para ellos y uno trabaja para otros: llámalo público, gente o como quieras. Hay que tratar de ser íntegro, ya que el periodismo es una profesión que es muy codiciada por los poderes, es una tentación muy grande tener periodistas comprometidos con ellos y el ejercicio periodístico siempre lo he definido como un ejercicio de antipoder. Es entregar las noticias que algunos poderes no quieren que se sepan, entonces en esa perspectiva tener algún grado de integridad -sin ser un santo tampoco- ayuda a clarificar que uno trabaja para el ciudadano común y esa situación a uno tiene que hacerlo meditar".

Refrescante y estimulante... Especialmente cuando agradecía un premio otorgado por Embotelladora Andina (que, imagino, no es todavía de la Coca-Cola). En un país que siempre pretende ser lo que no es: Estado de derecho... ¿o de Derecha?

¿Transparente...? Tan transparente que los ladrones en grande, los dueños del país, se hacen humo, es decir, se hacen transparente, y se llenan las bolsas y pasan, cada vez que pueden,  a ser magnates (tycoon les gusta más) comprando esto, vendiendo lo otro y siempre ganando, especulando... Incluso las tierras en disputa con nuestros hermanos indígenas que algunos pueden comprar en el orden de cerca de 100.000, por la ganga de 25.000 pesos la hectárea. (Sí, por allá por Chiloé adentro, en tierras Williche). O comprando minas y regalando "royalties" en desmedro del país que fuera dueño de ellas.  Y, bajo ese mismo Estado de Derecho, por oposición, a los pobres, a los indígenas de nuestro país -de quienes hemos recibido en estos días el más importante mensaje de respeto y de estímulo humano, humanista, democracia pura y elemental, respeto al futuro y al medio ambiente que permitirá ese futuro para todos y cada uno- vemos que los que juran ser democráticos y dueños de parte y pedazos de este Estado de derecho, "se dan el gusto democrático" de acusarlos de terroristas, de tirarles su prepotencia, de horrorizarse de "¿cómo se les ocurre pedir cosas anti-constitucionales"? cuando todos ven colusión de poderes por siglos, como lo hacen cada vez que la necesitan. 

Extraño es este país donde los abusadores rompen todos los juramentos hechos para respetar la justicia, la equidad, los principios que permitirían eliminar la discriminación y el racismo, abusar niños, mujeres, ancianos, trabajadores... Borran con el codo lo que firman y nos sentimos grandes por entrar a los clubes de los grandes (esos clubes que saben mentirle al mediocre para explotarlo mejor).  Así, en este país, como nos invita Nibaldo, donde se promueve de modo constante el rechazo al derecho a informar y de ser informado, debemos aprender a ser desobedientes. Es decir, cuando se persiguen las radios comunitarias, se dirige el dinero sólo a los duopolios y nunca al desarrollo de medios populares. Así nos damos cuenta de que, realmente, Chile es en algo primero: en contarse una historia que a algunos gusta pero que no somos. Si hasta en el circo farandulero mineral reciente (insultante por el envoltorio en que se entregó y que trataba de esconder otras verdades centenarias) pudimos ver ese otro "Norte bravío", del que hablaba el poeta, con "su silencio mineral de ayer y de hoy" (...) donde deberíamos "reconocer tu voz y defender lo mío"   y frente al cual el establecimiento (concertacionista y aliancista irresponsablemente -cada uno en sus momentos-) se hizo el sordo poniendo en riego de muerte  a los trabajadores[1]-por no preocuparse de los derechos laborales y de la seguridad industrial: solo importaba la ganancia...  Se salvaron 33 mineros que nunca deberían haber sido expuestos y, en este mismo año, hemos dejado morir 32 mineros por esas irresponsabilidades criminales de leyes y robos de altas finanzas de las que no se quiere hablar. Con los presos políticos mapuche ("auto-declarados políticos" cuando los declaran "delincuentes", dicen los "medios responsables"... de marras). Visité este año esos presos varias veces en esas cárceles inhumanas de presos inocentes a las que los mandan estos "hombres poderosos y (dizque) justicieros". Estos jugaban una horrorosa ruleta rusa política preguntando... ¿en que momento se morirá un huelguista de hambre mapuche?). ¡Vaya lo que puede ser esta necesidad de sentirse mejor!

Bueno, Nibaldo, gracias por salirte del guión, especialmente cuando hay que indicar que el rey/reina de turno, de manera sistemática -y no excepcionalmente-, nos quiere hacer creer que su desnudez y esa actitud "de-arriba-p'abajo", de patrón poderoso, por ya casi 40 décadas, y que se les quedó pegada en su diario vivir, la debemos aplaudir. Me gustó mucho la Nicaragua (digo la de Sandino) y también esa Nica que nos diste acá. Los chilenos la vamos aprendiendo y debemos incorporarla a diario en una relación política que debe ser desobediente, irreverente y valiente (parece Mapuche) para ser democrática y humana y que tanto falta en nuestro "paisito de mentira".

*Comentario al discurso de Nibaldo Mosciatti

José Venturelli

 

 

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Nuevo Quijote mundo podrido necesita a gentil caballero... Lo sé ;pero yo tengo predilecciones por las grandes ideas, y aunque la literatura se me ofrece con grandes vacilaciones y dudas, prefiero no hacer nada. Tengo un concepto dramático de la vida, y romántico; no me corresponde lo que no me llega profundam...ente a mi sensibilidad. (…) Como ciudadano, soy hombre tranquilo, enemigo de leyes, gobiernos e instituciones establecidas. Tengo repulsión por el burgués, y me gusta la vida de la gente intranquila e insatisfecha, sean éstos artistas o criminales. Porque vivir es lo más raro de este mundo, pues la mayor parte de todos no hacen otra cosa que existir. Obviando mis defectos, la mayor de mis virtudes pueden ser la generosidad, la humildad y el saber escuchar con atención al interlocutor, tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor. Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente. También la sinceridad. Soy persona paciente de carácter afable y trabajo para convertir mi tiempo en éxito (no me gusta perder el tiempo con cualquiera). Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto sólo se atreven a decirlo a mis espaldas... Me convencí ahora que el amor es energía inmortal e indestructible ya que su característica principal radica en regenerar, por está razón siempre tiene la última palabra frente al desamor o la traición. El amor nos permite percibir el aroma de lo invisible, nos muestra la función de la vida. He descubierto, que ser feliz NO es tener una vida perfecta. Que jamás debo desistir de las personas que amo. Jamás desistir de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible… Y creo ser un tipo...especial! Victor Rodriguez O. QUIJOTE Y SANCHO Image and video hosting by TinyPic


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