Hay veces en que la gente - especialmente cuando se ve llamada de manera sorpresiva a hacer una declaración, como por ejemplo ante una cámara televisiva - lanza alguna expresión que aunque no fuera su intención, entraña otras connotaciones que a un observador o testigo agudo le puede quedar dando vueltas por un buen tiempo. Es lo que me pasó cuando en un reportaje a propósito de un mensaje papal en el Vaticano, el reportero entrevistó a algunos de los presentes, entre ellos un sacerdote mejicano que con mucha convicción dijo algo así: "es bueno escuchar estas cosas que vienen del capo mismo..." El religioso se refería al Papa, lo que por cierto me llamó la atención, porque claro, la palabra "capo" uno la asocia más bien con la mafia. Aunque hay también otras acepciones, como lo transcribo directamente del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua: "1. m. Jefe de una mafia, especialmente de narcotraficantes. 2. m. coloq. Arg., Bol. y Ur. jefe ( superior de un cuerpo u oficio). 3. m. coloq. Arg., Bol., Par. y Ur. Persona con poder y prestigio o muy entendida en una determinada materia. Es un capo en física cuántica."
En un estricto sentido semántico, el buen curita estaba en lo correcto, podía usarse el término "capo" en relación al Papa en cuanto a que el pontífice es el jefe de la Iglesia Católica. Pero claro está, la primera connotación del término, por lo demás mucho más habitual en el lenguaje de la gente, debe haberles quedado a muchos dando vuelta. ¿Un freudiano acto fallido del cura, en el fondo revelando lo que su inconsciente piensa del pontífice? Si así fuera, quizás bien valdría echar una mirada a la trayectoria de esta institución, la Iglesia Católica, a la que además en mi título he llamado una cofradía, de vuelta un término de significados múltiples según la Real Academia Española de la Lengua: "1. f. Congregación o hermandad que forman algunos devotos, con autorización competente, para ejercitarse en obras de piedad. 2. f. Gremio, compañía o unión de gentes para un fin determinado. 3. f. ant. Vecindario, unión de personas o pueblos congregados entre sí para participar de ciertos privilegios. 4. f. germ. Junta de ladrones o rufianes." La última acepción (germ. indica que es un germanismo, es decir su uso con ese significado viene del idioma alemán) es la que aquí puede ser pertinente.
Para ponerlo con todas sus letras: ¿es la Iglesia Católica una organización criminal? La respuesta a tal espinuda interrogante puede darse desde una combinación de ángulos y puntos de vista. En general, la mayor parte de las legislaciones penales del mundo convendrán en que una organización en cuyo seno se congrega un alto número de personas que incurre en actos criminales, si bien en si misma, en tanto organización puede no necesariamente catalogarse de criminal, puede hacerse - por virtud de ese mismo hecho - objeto de investigación criminal e incluso ver circunscrito su accionar como consecuencia de la presencia de tal gente. Se ha dado casos de bancos cuyos funcionarios han sido sorprendidos en actos ilegales, y que por esa razón algunos países les han negado su derecho a efectuar negocios en ellos. A veces no ha sido la sanción legal sino la simple sanción de la percepción de la opinión pública la que ha afectado a una organización debido a conductas ilegales o negligentes. Tómese el caso de la petrolera BP por ejemplo ¿habrá algún país que el día de mañana le vaya a confiar a ella para que haga perforaciones en el fondo de su mar territorial? Un terreno más escabroso se transita cuando se pregunta si una organización que deliberada y conscientemente, con conocimiento de sus autoridades pertinentes da protección a individuos que de manera evidente han cometido actos criminales.
Los curas pedófilos por ejemplo, cuyos casos se han denunciado en prácticamente todo el mundo. Nuevamente, una gran parte de las legislaciones penales considerarían tal actuación como una complicidad con los hechos criminales. Desde este segundo punto de vista, la Iglesia Católica como tal podría ser acusada de ser una organización criminal porque sus autoridades competentes hicieron "la vista gorda" ante numerosos casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes, procediendo en muchos casos simplemente a transferirlos de parroquia, creando en los hechos una multiplicación del abuso. Peor aun, en una gran cantidad de los casos denunciados, la Iglesia puso en duda las afirmaciones de las víctimas y hasta buscó su descrédito para así proteger a los suyos.
Lo curioso del caso, es que esto no es completamente nuevo, es cosa de leer un poco de la historia de la Iglesia de Roma para darse cuenta de sus múltiples transgresiones a sus propios códigos de conducta. No hablo aquí de los horrores de la Inquisición con sus "quemas de brujas", las persecuciones y torturas a los herejes, las expulsiones de moros de la Católica España o las masacres de judíos en prácticamente toda Europa desde el Medioevo culminando con el holocausto hitleriano. Ni siquiera de eso, sino de las inconsecuencia de su propio accionar en contraste con sus reglas: imposición de celibato, pero papas renacentistas que intentaban poner a sus propios hijos en el trono de San Pedro, condena de la usura pero al mismo tiempo venta de indulgencias (perdón de pecados a cambio de una suma de dinero) que en el peor momento de la corrupción vaticana hasta se ofrecían como una suerte de póliza de seguro: perdón para los pecados por cometerse, por cierto con una tarifa más alta... Hasta que llegamos a nuestros días y lo más sorprendente es que la Iglesia Católica aun se sienta con el derecho a dictar cátedra en materias de políticas públicas como cuando el cardenal Jorge Bergoglio y una tropa de sus más reaccionarios fieles ha querido impedir que Argentina se transforme en el primer país latinoamericano que legalice el matrimonio de personas del mismo sexo, llegando al ridículo de decir que tal ley era un "proyecto del Diablo" y que su aprobación era "un atentado contra la familia argentina". Estos son los mismos jerarcas eclesiásticos que cuando la dictadura hizo desaparecer a 30 mil personas no levantaron su voz para denunciar lo que eso sí era un atentado contra la familia, al punto que hasta hoy hay personas con identidades cambiadas porque cuando eran bebés fueron robados a sus madres cautivas. O la jerarquía católica en Chile, donde con motivo del Bicentenario (una fecha que sirve para un barrido y un fregado) ha propuesto un indulto que podría incluir a buena parte de los militares presos por tortura, asesinato y otras violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar en ese país. No sé Ud. amigo lector o amiga lectora, pero con estos antecedentes, esta Iglesia que contribuyó a la destrucción de las culturas originarias de América, que dio literalmente su bendición a la esclavitud de los negros africanos (en ese entonces se discutió en la Iglesia si los negros tenían alma... los teólogos de entonces concluyeron que no), esta Iglesia que sí está dispuesta a perdonar, pero a los que torturaron y mataron durante las dictaduras (como antes generosamente dieron pasaportes y facilitaron el escape de nazis al término de la Segunda Guerra), pero no perdona a las mujeres que abortan o a los que legítimamente sienten amor por alguien de su mismo sexo porque así los hizo la naturaleza. ¿Criminal la Iglesia Católica? La respuesta está sujeta a debate, pero una cosa sí es cierta: credibilidad moral no tiene y las sociedades en que actúa harían bien en no escucharla.
EL CASO del sacerdote salesiano Marcelo Morales es el último de una lista que ha golpeado a la opinión pública. En vez de ser juzgados, en muchas ocasiones han sido ocultados o trasladados, hasta que una nueva acusación los deja en evidencia. Víctimas, expertos y sacerdotes hablan de prácticas que ponen en cuestión actuaciones de la Iglesia.
Cuando Raúl Lorca lo vio por televisión, nada de lo que decían los conductores del noticiario le sorprendió. Diciembre de 2000 se vino a su mente en dos minutos. Lorca, ahora concejal de Torres del Paine, era profesor de Educación Física en el Colegio Salesiano Monseñor Fagnano de Puerto Natales, cuando reparó en las extrañas conductas del director del colegio, el sacerdote Marcelo Morales. "Se rodeaba siempre de jóvenes, en su oficina siempre había algo que atraía a los adolescentes: videos, notebook, juegos. Era un colegio mixto, pero jamás vi entrar una niña a su oficina asegura Lorca. A los niños les tomaba la cara o les metía la mano por debajo de la polera. Recuerdo que en un acto público él estaba de pie y lanzó su mano por encima de su hombro para tomarle la mano a un chico. Entrelazó sus dedos con los de él a vista y paciencia de todos. Era demasiado evidente". Lorca esperó que el entonces inspector de la congregación salesiana en Chile y ahora obispo de Magallanes, Bernardo Bastres, visitara el colegio para lanzar sus denuncias a comienzos de diciembre. Después de Navidad lo despidieron y fue el propio Morales quien le dio la noticia. "Se escudó en una pelea que tuvimos, pero yo sé que era en venganza por las cosas que yo había contado. Ese día le dije todo lo que pensaba de él y se quedó llorando".
Marcelo Morales (48) fue imputado por la Fiscalía de Osorno por producir y almacenar pornografía infantil y Lorca se enteró igual que todo Chile, a través de la prensa, del error que llevó al sacerdote a la cárcel. Mientras se encontraba a cargo de la gira de estudios del tercero medio del Instituto Salesiano de Valdivia en Bariloche, el sacerdote les prestó su notebook a unos alumnos para que vieran las fotos del paseo.
Uno de ellos se reconoció en las imágenes. El sacerdote había fotografiado desnudos a algunos estudiantes mientras dormían. La justicia fijó un plazo de 60 días para investigar la denuncia de los jóvenes y los apoderados que participaban en la gira. Una sensación amarga quedó en la boca de Lorca cuando se enteró de la noticia. Él ya había advertido de los hechos. "Por lo menos se pudo investigar, pero Morales fue sacado del colegio de Puerto Natales y trasladado; nunca se tomaron medidas".
"Hay una grave responsabilidad ética en los casos en que trasladan a los sacerdotes en vez de sancionarlos, porque se pone en riesgo a muchas otras víctimas y favorece la impunidad en hechos que son de máxima gravedad", asegura el abogado Hernán Fernández, experto en derechos del niño.
El caso de Morales no es el primero de este tipo que golpea a la Iglesia chilena. En el camino hay denuncias, procesados y absoluciones. Pero lo que queda en la memoria de los afectados es la protección con que siempre contaron sus agresores y la impunidad en que, según dicen, sienten que quedaron sus casos.
LOS PECADOS DE PUNTA ARENAS
Carmen Castro ya no va a la iglesia. Antes era muy católica, iba a misa, tenía a sus hijas en el Colegio María Auxiliadora de Porvenir y en catequesis. Hasta que, según asegura, descubrió que su hija, de entonces nueve años, era abusada por el director del colegio, el sacerdote Antonio Larraín Pérez-Cotapos. "Empezó a abusar de ella a los siete años, en su oficina. Siempre fue con juegos, por ejemplo, decía que tenía un bolsillo roto para que ella le metiera la mano. Verónica no me lo contó porque tenía mucho miedo, yo me fui dando cuenta de a poco de lo que estaba pasando y después los exámenes siquiátricos me fueron dando la razón. Este tipo la había amenazado incluso con matarme", dice Carmen, una de las primeras en denunciar a Larraín a fines de 1999 frente al Juzgado de Porvenir. En 2001 la Corte de Apelaciones de Punta Arenas declaró responsable de los abusos al sacerdote. Sin embargo, en 2002 fue absuelto por la Corte Suprema. "Es un abuso de poder. Se esconden y se escudan para hacer todas estas barbaridades", dispara Carmen Castro, que al hacer la denuncia se encontró con la férrea oposición del entonces obispo de Punta Arenas, Tomás González salesiano, que defendió a brazo partido a Larraín.
La Iglesia tiene procedimientos claros para enfrentar el abuso sexual, que según sus leyes es uno de los delitos más graves. Si las pruebas contra un sacerdote son contundentes, es sometido a un juicio canónico y generalmente se le suspende el ejercicio del sacerdocio o se le separa de la obra que está cumpliendo.
Desde el escándalo de sacerdotes pedófilos que remeció a Estados Unidos, el Vaticano se puso más estricto [ver recuadro]. "La Santa Sede ha dicho que no hay espacio en el sacerdocio para personas que cometen abusos a menores, pero puede haber negligencias, errores individuales, no de la Iglesia", asegura un clérigo cercano al Vaticano.
La abogada experta en derecho canónico Ana María Celis es enfática en ese mismo punto: "Los sacerdotes dependen de sus propias congregaciones. Podría haber negligencia de parte de los superiores", asegura.
Uno de los sublevados frente a la dureza con que la Iglesia ha intentado tratar estos temas es el obispo emérito de Punta Arenas, que no sólo defendió a Larraín, sino también a su secretario personal, el sacerdote Víctor Hugo Carrera. En 2001, el padre de un niño de 12 años lo enfrentó por haber abusado de su hijo. Carrera se limitó a pedir perdón entre lágrimas, sin hacer ningún ademán para defenderse, y acto seguido se fue a México y luego a Europa, por lo que cuando los papás pusieron la demanda en tribunales, Carrera ya estaba lejos de Chile. Esto le costó una demanda que no prosperó a González, que fue acusado de conocer los delitos de Carrera y facilitar su huida al extranjero. Un sacerdote de la zona reconoce que en ese tiempo el paradero de Carrera, a esas alturas prófugo de la justicia, era un secreto a voces dentro de la Iglesia.
Con orden de extradición sobre los hombros, el 2004 un programa de televisión encontró al sacerdote haciendo misa en Bolivia, por lo que tuvo que regresar a Chile. Fue detenido al poner un pie en el aeropuerto. En 2005 fue condenado a 541 días de pena remitida y a pagar los costos del juicio. Hoy vive con su mamá en el extremo austral y no ejerce el sacerdocio. Su víctima logró superar el problema y hoy estudia derecho.
En el frío del extremo de Chile, un tercer caso salió a la luz. Un joven de 15 años que fue seducido por el sacerdote Jaime Low Cabezas y fue víctima de estupro durante tres meses a fines del 2007. La tutora del adolescente, su tía abuela, interpuso la denuncia en enero de este año después de hacer sus propias investigaciones, ya que su sobrino nunca le dijo ni una palabra de la relación que mantenía con el sacerdote.
En la fiscalía, el menor admitió que nunca le contó a nadie "por temor a que me pase lo mismo que a Harex", refiriéndose a Ricardo Harex, un alumno del Colegio San José de Punta Arenas, desaparecido en octubre de 2001. Low Cabezas está en prisión preventiva desde abril mientras se desarrolla el juicio y arriesga una pena de 15 años.
A pesar de las graves acusaciones en contra del clero, la Iglesia se defiende. "Hay mayor consciencia que años atrás ya se han ido dando pasos. Uno quiere cuidar a las víctimas y cuidar a las personas", asegura un superior eclesiástico. Uno de los que han estado cerca de la implementación de estos cambios es el cardenal Jorge Medina, ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Consultado por LND, no quiso referirse al tema argumentando que él no habla con este medio "porque publica cosas realmente pornográficas tanto por internet como por separatas. Han hecho una verdadera demolición moral".
TRASLADO DIVINO
Al principio, Paihuano se sorprendió. Era septiembre de 2004. En el pueblo de cuatro mil habitantes y ubicado al interior del Valle de Elqui, no se hablaba de otra cosa cuando el sacerdote René Peña Benítez llegó a hacerse cargo de la parroquia. "Todo el mundo lo comentaba; hay algunos a los que no le pareció una buena idea, pero finalmente todos se fueron acostumbrando", comenta Sergio Pérez, director de la Escuela Básica Cielo Claro de Paihuano.
Quien había sido párroco del pueblo por varios años, volvía al lugar que lo había visto nacer como sacerdote. Pero no porque quisiera, sino que por una orden del Arzobispado de La Serena, después de que fuera condenado por la Corte Suprema por "efectuar tocaciones" a un enfermo inconsciente en la UTI del Hospital de Coquimbo mientras le daba la unción de los enfermos.
Después de la condena: 541 días de pena remitida y firmar en el Patronato de Reos de La Serena, Peña Benítez era trasladado, pero no sancionado por la Iglesia.
"Casi me caí de espalda cuando lo vi haciendo misa hace unos meses", dice un fiscal de la región que siguió de cerca el caso y que prefiere mantener su anonimato. "Era un delito grave y totalmente acreditado. Me impresionó cómo se movió la Iglesia; durante los alegatos siempre hubo un superior acompañándolo. No sólo eso, a pesar de que el tribunal oral lo declaró culpable, la Corte de Apelaciones lo absolvió esgrimiendo que no era abuso porque el afectado no se había percatado de ello. Después, la Corte Suprema no sólo lo condenó, sino que además envió una queja por la actuación del tribunal de alzada".Marcelo Gallardo, vicario general de la Arquidiócesis de La Serena, defiende la actuación de la Iglesia en el caso del cura Peña: "Él fue juzgado por tocaciones, pero la Iglesia paralelamente hizo un juicio canónico y no hubo tanta claridad como al parecer lo habría en el tema civil; lamentablemente la persona involucrada en el tema falleció y no pudo decir qué pasó en ese momento", dice el vicario.
El sacerdote condenado recibió todo el apoyo de su institución y en agosto fue fotografiado por los fieles junto al arzobispo de La Serena, Manuel Donoso, mientras oficiaba una misa en Paihuano.
Pese a la aparente tranquilidad con que lo ha tomado la Iglesia, Gallardo dice que hubo sanción para Peña: "Para un cura no es simple que le digan que dejará su parroquia para ir a una comunidad más pequeña donde trabaja con religiosas y un sacerdote que lo acompaña. El arzobispo ha ido muchas veces a la comunidad, está muy atento. Claramente Peña está en observación".
LA CRUZ DEL CELIBATO
Uno de los casos más escandalosos que ha involucrado a un religioso chileno, en relación a sus inclinaciones sexuales, es el de Francisco José Cox Huneeus, arzobispo emérito de La Serena, quien en noviembre de 2002 renunció al cargo a causa de sus "irrefrenables impulsos homosexuales hacia jóvenes", según las autoridades eclesiásticas de la época.
Cox está tranquilo. Vive en Alemania, específicamente en el santuario de Schöenstatt de Renania, desde que se retiró el 2002 de toda actividad pastoral, motivado por los fuertes y repetitivos rumores sobre conductas impropias con menores de edad. Nunca se ha presentado una denuncia formal en su contra, por lo que nadie lo puede obligar a volver a Chile para enfrentar a los tribunales.
A pesar de la distancia, él sigue conectado con sus familiares y amigos chilenos. Hace un año y medio recibió la visita de monseñor Bernardino Piñera tío de Sebastián Piñera, que asegura que Cox hoy está muy concentrado en recopilar antecedentes para el proceso de beatificación del fundador de Schöensttat, José Kentenich. Piñera también lo llama de vez en cuando para saber de él.
-¿Cómo está Cox? ¿Cómo está su conciencia?
-Yo no me meto en la conciencia de nadie y no hablo sobre las conductas de otras personas. Él ha hecho una obra gigantesca en Chile, sobre todo cuando vino el Santo Padre. Yo no hablo de un hermano.
Cada vez que se acusa a un sacerdote de abuso sexual, se pone en cuestión la regla del celibato que la Iglesia defiende con tanto ahínco. A pesar de la lluvia de críticos, Rafael Sepúlveda, jefe del servicio de siquiatría del Hospital Barros Luco, asegura que es un error apuntar al celibato como responsable de la pedofilia, ya que las personas que cometen abuso sexual es porque tienen alteraciones en su desarrollo sicosexual y muchos fueron víctimas de abuso en algún momento de su infancia. Sin embargo, aclara que en las instituciones donde el celibato es una imposición "es probable que existan más personas que tienen conflictos con su sexualidad, ya que buscan que esta normativa sea un elemento que los proteja para no incurrir en estas conductas, sabiendo que tienen vivencias de riesgo y eso constituye un conflicto", explica el médico.
Desde el punto de vista del niño, el daño no se puede borrar. "En general el abuso es una situación de violencia y la violencia, en particular en la infancia, tiene efectos muy devastadores en el desarrollo sicológico de la persona. Además el abuso sexual muchas veces no es pesquisado, se detecta tardíamente, o son situaciones prolongadas, por lo que tiene agravantes. Es uno de los elementos más devastadores sobre la persona", agrega el siquiatra.
Carmen Castro sabe bien esto por lo que vivió con su hija hace más de 10 años. "Yo todos los días le tengo que decir a mi hija que la quiero, que hay un Dios que nos ampara, que nos quiere, para que me de seguridad de que no va a hacer nada contra su vida. Ella era alegre y ahora se siente sucia, le corrompieron su niñez. ¿Cómo pueden hacer estos tremendos crímenes y quedar impunes?", se pregunta Carmen Castro.
Nuevo Quijote
mundo podrido
necesita a gentil caballero...
Lo sé ;pero yo tengo predilecciones por las grandes ideas, y aunque la literatura se me ofrece con grandes vacilaciones y dudas, prefiero no hacer nada.
Tengo un concepto dramático de la vida, y romántico; no me corresponde lo que no me llega profundam...ente a mi sensibilidad. (…) Como ciudadano, soy hombre tranquilo, enemigo de leyes, gobiernos e instituciones establecidas. Tengo repulsión por el burgués, y me gusta la vida de la gente intranquila e insatisfecha, sean éstos artistas o criminales. Porque vivir es lo más raro de este mundo, pues la mayor parte de todos no hacen otra cosa que existir.
Obviando mis defectos, la mayor de mis virtudes pueden ser la generosidad, la humildad y el saber escuchar con atención al interlocutor, tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor. Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente. También la sinceridad. Soy persona paciente de carácter afable y trabajo para convertir mi tiempo en éxito (no me gusta perder el tiempo con cualquiera).
Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto sólo se atreven a decirlo a mis espaldas...
Me convencí ahora que el amor es energía inmortal e indestructible ya que su característica principal radica en regenerar, por está razón siempre tiene la última palabra frente al desamor o la traición. El amor nos permite percibir el aroma de lo invisible, nos muestra la función de la vida.
He descubierto, que ser feliz NO es tener una vida perfecta.
Que jamás debo desistir de las personas que amo.
Jamás desistir de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible…
Y creo ser un tipo...especial!
Victor Rodriguez O.
QUIJOTE Y SANCHO