Podría decirse que la crisis de eficiencia no importa tanto si, pese a todo, el Estado es "representativo"; es decir, si cuenta con la confianza y la credibilidad de la ciudadanía. O sea: si respira dentro de sí con el aliento soberano de su pueblo.
El Estado -o, si se prefiere- el sistema político, como toda construcción humana, está expuesto a los vientos cívicos soberanos que, más a menudo que no, soplan sobre él. Sosteniéndolo, pero también erosionándolo o derribándolo. Por más que lo quiera, el Estado no está sobre la historia, ni sobre la voluntad de su pueblo. Las leyes que suelen dictarse para apuntalar su estabilidad y su afán de perpetuación, tarde o temprano terminan por disolverse en el caudal fluyente de la soberanía ciudadana.
Cierto es que algunos estados, sostenidos por leyes de apuntalamiento y/o por su monopolio de la "violencia legítima" (Max Weber), duran más tiempo del que debieran, pese al descontento ciudadano y a la corrosión soberana que eso produce en sus fundamentos constitucionales y en su efigie política. Con todo, la contención forzada o artificiosa de esa corrosión no les asegura perpetuidad, sino explosividad. O sea: la probabilidad de que sobrevenga un "reventón histórico". Los estados que van por la vida armados legalmente hasta los dientes para frenar la corrosión ciudadana devienen, por eso, históricamente, en bombas de tiempo.
Ante eso, una mente ciudadana razonable sostendría que lo mejor para todos es que los sistemas políticos nazcan y crezcan fielmente sujetos a la voluntad soberana de las mayorías. Adheridos al fluir de sus sentimientos, deliberaciones y propuestas. Sobre todo si esas mayorías han sido bicentenariamente excluidas, marginadas y sometidas a diversos tipos de dominación traumática para ellas.
Los estados, pues, pueden nacer enfermos (deformes) o enfermarse en el trayecto (por contaminación con virus antidemocráticos o ineficientes). Pero, como quiera que sea, todas las enfermedades estatales han tenido, tienen y tendrán siempre, en este mundo, un solo médico y una sola medicina: la voluntad ciudadana y el ejercicio sanatorio de la misma. Todo lo demás es superchería y brujería políticas. O matonaje militar.
Un Estado nace "deforme" cuando su nacimiento no es el parto natural de la voluntad informada y deliberada de la ciudadanía, sino un aborto "cesarista" manipulado por una intervención militar violenta. Cuando, bajo el amparo de las armas, una camarilla minoritaria redacta escondida el texto de una nueva Constitución. Cuando, al término de eso, se impone un sistema político diametralmente distinto al que proponía y/o exigía la mayoría ciudadana. Cuando se usurpa la soberanía popular construyendo un Estado nacional (cualquiera sea su orientación) a espaldas de ella. O sea: traicionándola, no representándola. Cuando, en suma, se perpetra un crimen de lesa soberanía. En este caso, el tipo de Estado que resulta de ese proceso va por la historia arrastrando su deformidad y monstruosidad de nacimiento: su ilegitimidad. El prematuro asesinato político de sus padres legítimos.1
En Chile, el Estado impuesto en 1833 por Diego Portales y sus generales a sueldo, tuvo ese tipo de nacimiento. El que Arturo Alessandri Palma impuso mañosamente en 1925, nació del mismo modo. El que impuso Augusto Pinochet mediante terrorismo militar desde 1973, lo mismo. En verdad, la historia bicentenaria del Estado chileno no conoce la legitimidad. 2 Con todo, alguien podría decir: ¿y qué importa todo eso, si el Estado, como quiera que sea su origen, es "eficiente"?
Si la legitimidad tiene que ver con el "modo de nacer" de los estados, la eficiencia dice relación con su "modo de vivir", es decir, con su modo de administrar los recursos de toda la nación. Por eso, cuando un Estado, luego de 100 años de declamada estabilidad, deja al país atrapado en una etapa preindustrial, con una masa marginal (no integrada a la modernidad) que alcanza al 60% de la población, con la memoria de cinco guerras civiles y 12 masacres de la clase popular (es lo que traía en su hoja de vida el Estado portaliano de 1833 al llegar al período 1910-1925), entonces, cabe decir que ese Estado estaba sumido en una grave crisis de eficiencia.3
Podría decirse que la crisis de eficiencia no importa tanto si, pese a todo, el Estado es "representativo"; es decir, si cuenta con la confianza y la credibilidad de la ciudadanía. O sea: si respira dentro de sí con el aliento soberano de su pueblo. Sin embargo, si la crisis de eficiencia se arrastra por mucho tiempo (por ejemplo, un siglo), entonces las mayorías ciudadanas retiran su confianza y el Estado de marras queda suspendido, con toda su carga de políticos y militares, sobre un vacío de sustentación. Convertido en burbuja de aire. En una cáscara decadente sin enjundia ciudadana, que, corrupta, se desmorona por su propio peso. Es lo que le sucedió al Estado portaliano (de 1833) hacia 1910-1925. Esta específica enfermedad estatal tiene un nombre propio: crisis de representatividad. 4
No son ésas, sin embargo, las únicas enfermedades históricas del Estado. Pues hay también otras que no se originan en la identidad que debe existir entre el Estado y su pueblo soberano (plano de la legitimidad), sino en la relación paritaria que debe regir entre los estados (plano del mercado mundial). Porque el Estado, si se funda sobre una base nacional y si se sustenta en una constitución y un discurso de legitimación nacionales, debería sostener paritariamente ese nacionalismo en el mercado mundial. Pero, si en lugar de sostener esos principios nacionales los diluye sistemáticamente al admitir una y otra vez la penetración (o invasión) masiva de los poderes económicos y culturales que hegemonizan el mercado mundial, entonces incurre en una crisis de lesa nacionalidad. Cuando ésta ocurre, la nación pierde su alma cultural, su independencia económica, su impulso vital y se anonada progresivamente en procesos lentos de colonización o recolonización. En ese contexto, el Estado se ahueca, pierde sangre nacionalista y se diluye hacia fuera, en hemorragia existencial. Es lo que le ocurrió al Estado portaliano (de 1833) hacia 1910-1925, cuando los capitales extranjeros llegaron a controlar el 66% de la economía capitalista del país, cuando la clase dirigente se quedó sin imaginación ni poder efectivo para desarrollar la nación y cuando la clase popular se hundió sin remedio en la miseria de los conventillos, reventando incluso la caridad.
En la actualidad, desde la crisis de 1982, todos los estados nacionales organizan sus países para facilitar el aterrizaje del capital financiero internacional. Ese viajero apátrida que, guiándose por las "clasificadoras de riesgo" (Standard & Poor's, Moody's, etc.), trae y lleva, a toda velocidad, inversiones "desarrollistas". Al prepararse el país para su ansiado aterrizaje, el alma nacional del desarrollo deja de habitar el corazón del capital industrial para dejarse llevar sobre las alas burbujeantes del mundializado capital financiero: esa vía láctea de glóbulos en retail que exige perentoriamente eliminar aranceles protectores, diluir trabas burocráticas, aniquilar royalties mineros, pulverizar el cemento "empresarial" del Estado, borronear la efigie de las fábricas, aniquilar el derecho de propiedad de los trabajadores (sobre sus cotizaciones previsionales) en beneficio del poder administrativo del capital, atomizar los planes nacionales en millonésimos small projects, proliferar al infinito los contratos laborales precaristas, educar para competir (no para solidarizar), gobernar para internacionalizar, etc.
Empujado por el vértigo de esas "inversiones", el Estado nacional -concuerdan los nuevos sociólogos y cientistas políticos- ha comenzado a ceder, repartir y licitar poderes hacia arriba, hacia abajo y hacia el lado. Como centrifugadora. Como tributo a la globalización y miniaturización de lo nacional. Y el resultado histórico neto -dicen los intelectuales supradichos- es el ahuecamiento del Estado.5 Con ello se está abriendo una transición paulatina hacia un Estado global que, por ahora, es sólo un ubicuo gendarme militar (Estados Unidos) y un capital financiero altisonante y hegemónico, pero con pies de barro (en Wall Street).6 Como quiera que sea, el ahuecamiento estatal es, ya, un hecho (sobre todo en Chile). Y este hecho está desfondando la línea de flotación de todos los solícitos habitantes profesionales del Estado (la clase política civil) y, más pronto que tarde, también de los guardianes armados del nacionalismo (la clase política militar). El abismo, por eso, se hunde en múltiples remolinos horizontales, los que han desorbitado a "díscolos" por la izquierda y la derecha, envejeciendo prematuramente a la mayoría de los que, siendo jóvenes, se sienten ya indispensables "hombres públicos". Ante semejante derrumbe, la clase política militar hace "ruidos de sables" por aquí y por allá, convocada por nadie, solicitada por ninguno, excepto por la dudosa gloria de sus victorias internas.
Si el Estado nacional se evapora en la estratosfera enrarecida de un capital que burbujea triunfante su especulación febril, los sujetos de carne y hueso, en abierta contraposición, sienten que se están llenando, día a día, de potencia cívica. Porque ya no se sienten huecos, ni títeres (militantes), como se sentían en el pasado, en el apogeo de la sociedad industrial de masas. Y por lo mismo, si la ciudadanía se está llenando de memoria histórica en proporción inversa al ahuecamiento voluntario del estado nacional ¿por qué, entonces, no desconfiar del Estado? ¿Por qué no trasladar la fe política desde el poderoso Estado burocratizado de la época fordista a una ciudadanía que, después de mucho tiempo, siente correr por sus venas esa querida sangre de la soberanía en sí?
El ahuecamiento del Estado nacional es una dolencia grave. Requiere de tratamiento rápido. Eficiente. Tanto más si esa dolencia viene recargada con una fea crisis de legitimidad (1973), con otra no menos fea de ineficiencia y otra de representatividad. Pues, entonces, podría estimarse que se trata de una larvada crisis terminal.
¿Cuáles son los diagnósticos que corren por allí sobre el Estado chileno actual?
Las poderosas "clasificadoras de riesgo" internacionales -devotas hetairas del capital financiero mundial- han clasificado el Estado chileno (en tanto gobernado por la Concertación), en rangos de excelencia, tipo top ten, porque: a) representa poco riesgo para ese capital; b) ha logrado estabilizar el Estado de derecho "democrático" impuesto por la dictadura en 1980; c) ha logrado disciplinar a las clases trabajadoras y a los grupos realmente díscolos bajo el principio (competitivo) de gobernabilidad y d) porque ha demostrado y demuestra practicar una fe neoliberal de rango salvífico en el contexto latinoamericano. Considerando esto, el Estado chileno estaría en condiciones de postularse al club de los países más estables y neoliberales del orbe.7 Sin embargo, no deja de ser sorprendente que esas mismas consultoras clasifiquen a Chile en rangos de franca mediocridad en todo lo que tiene que ver con la empresa, con el valor agregado a los productos importados, con la inversión reproductiva, con la innovación tecnológica, etc.; es decir, con lo relativo a la responsabilidad profesional del empresariado privado.8 Y esto revela que nuestro aclamado neoliberalismo es, en verdad, más de naturaleza política (neoliberal) que de auténtica madera capitalista. Y si se observan las variables relativas a la capacitación laboral, a la cooperación productiva, a la educación general, a la distribución del ingreso y a los indicadores claves del desarrollo social, Chile queda normalmente en los nichos vergonzosos del ranking. Nuestro índice nacional de competitividad, pues, es más engañoso que auténtico.
¿Y cuál es el diagnóstico de los mismos chilenos? Las encuestas de opinión pública que no se abocan a medir el grado de simpatía personal y el perfil electoral de cada "rostro" que circula por la televisión, muestran un cuadro diferente al anterior. Pues, pese al prestigio personal récord de algunos rostros del gobierno, más del 70% de los chilenos dice que no siente credibilidad ni confianza por el gobierno de la República; mientras, más del 80% afirma que tampoco las siente respecto del Congreso Nacional y los Tribunales de Justicia, y más del 90% no siente ni credibilidad ni confianza algunas en los partidos políticos y, sobre todo, en los políticos como "clase".9
En el ranking de la opinión ciudadana, el Estado de 1973 (legalizado en 1980 y "democratizado" tardíamente en 1990) está clasificado, pues, en los nichos inferiores de la confiabilidad y en los superiores del rechazo histórico. Vive, pues, una crisis de representatividad. Al paso que le pena en su pasado cercano el pecado original de su ilegitimidad, y en su presente, su fama ya extendida de distribuidor ineficiente del ingreso nacional. Agregando a eso, además, que, de cara al mercado mundial, padece de ahuecamiento progresivo...
¿No será conveniente, entonces, iniciar una reflexión cívica sistemática acerca de las dolencias históricas de nuestro Estado? Todo indica que es una tarea ciudadana que, día a día, se vuelve más y más indispensable.
Por Gabriel Salazar/Dolencias históricas
1. Ver de J. Habermas: "Problemas de legitimación en el capitalismo tardío" (B. Aires, 1991), pp. 120-128.
2. G. Salazar: "Construcción de Estado en Chile: la historia reversa de la legitimidad", en Proposiciones N° 24 (Santiago, 1994. Ediciones SUR), pp. 92-110.
3. Sobre la crisis de "eficiencia" del orden portaliano, ver de G. Salazar: "Mercaderes, empresarios y capitalistas. Chile, siglo XIX" (Santiago, 2009. Editorial Sudamericana), passim.
4. Ídem: "Del poder constituyente de asalariados e intelectuales (Chile, siglos XX y XXI)" (Santiago, 2009. Ediciones LOM), pp. 25-120.
5. Ver de David Harvey: "The condition of postmodernity" (Oxford, 1990. Blackwell), Part II, y de Bob Jessop: "The future of the capitalist State" (Oxford, 2002. Polity), Chapter III.
6. George Soros: "The crash of 2008 and what it means" (New York, 2009. Public Affairs), Part Three.
7. Es lo que propone el llamado Consorcio de Consultoras para la Reforma del Estado (chileno), a objeto de darle una categoría "mundial".
8. La información detallada respecto al ranking de competitividad que las consultoras internacionales le asignan a Chile desde 1905 puede leerse periódicamente en El Mercurio, cuerpo B.
9. El detalle de estas encuestas en: G. Salazar: "Ricardo Lagos, 2000-2005: Perfil histórico, trasfondo popular", en Hugo Fazio et al.: "Gobierno de Lagos, balance crítico" (Santiago, 2005. LOM Ediciones), 71-100.
"NO HAY NADA PEOR QUE TENER UN JEFE PUSILÁNIME Y COBARDE"
A raíz de la polémica sobre quien grabó y sacó de Chile las cintas con las últimas palabras del Presidente Salvador Allende, el periodista Rubén Adrián Valenzuela, que en l973 trabajaba en Radio Magallanes y hoy reside en Barcelona, España, envió una extensa carta a la Editorial LOM, que no ha tenido respuesta en casi un año. Hoy damos cuenta de esa misiva con la intención de aportar luz a una cuestión que no es menor. Valenzuela dice que él grabó y distribuyó esas cintas en tanto que periodista y no militante. "Por lo tanto, esta es la historia o parte de la historia del periodismo chileno, que comienza con fray Camilo Henríquez y se prolonga hasta nuestros días.
Señores Lom Ediciones: Me he enterado que estais estudiando la posibilidad de editar un libro con el supuesto rescatador de la cinta con las últimas palabras del Presidente Salvador Allende Salvador Allende, el señor Ravest, a quien conocí en Radio Magallanes como "El Chino" Ravest.
Este compañero, a quien le brindé afecto y respeto hasta el día 11 de septiembre de 1973, era el director administrativo de Radio Magallanes (el jefe de Prensa era el periodista Leonardo Cáceres) y juntos, de madrugada, la noche del 10 al 11 de septiembre de ese año, hicimos guardia en la sala de redacción de la emisora. NO había nadie más que nosotros dos y todos los nombres que ahora comienzan a figurar, habiendo sido efectivamente parte del personal de la emisora, fueron sumándose en las primeras horas, del martes 11.
"El joven Valenzuela", como parece que dice cuando se refiere a mí en su texto, supo a las 11 de la noche del lunes 10 de septiembre que el golpe estaba en marcha. Yo era el reportero de Moneda en la Magallanes y cada tanto, en razón de mi anterior frente: Defensa, pasaba al Ministerio, donde conservaba algunos amigos (entre ellos el general Augusto Pinochet, que había sido mi instructor en un curso de corresponsales de guerra en Iquique).
Aquella noche, antes de ir a mi guardia en la Radio Magallanes, visité al Mayor Zavala, quien estaba de oficial al mando el el Min. de Defensa y se aprestaba a pasar la noche en una pequeña habitación, a la derecha de la entrada tras subir las escaleras.
El Mayor Zavala afirmó de pronto, sin requerimiento, que aquella noche comenzaba "un nuevo día para nuestra patria" y sugirió que me fuese a casa ya mismo, porque las cosas se iban a poner muy feas en las próximas horas.
Con esta información me fui a la Radio, donde el Chino Ravest ya estaba en su despacho y cuando le comenté lo que sabía me respondió: "Compañero Valenzuela, ¿usted cree que si hubiera un golpe militar en marcha, un mayor de guardia, sin mando de tropa, se lo iba a contar a un simple reportero de radio?
Con el correr de las horas comezamos a recibir llamadas telefónicas del norte y sur del país, advirtiéndonos de movimientos militares. Nos llamaron de Investigaciones, de Seguridad del Partido Socialista y hasta de Investigaciones, donde querían saber si el director, Alfredo Joignant, había dado señales de vida por ese lugar, pues estaba desaparecido.
Las señales eran tan claras, que varias veces insistí ante Ravest para que llamásemos a la casa del Presidente Allende para informar lo que sabíamos: "¿Despertar al Presidente para contarle un rumor no confirmado?
Ravest me prohibió hacer ninguna llamada más a ninguna persona que tuviese que ver con seguridad y con el Presidente. Yo había insistido diciendo que al menos llamásemos al ministro del Interior.
Como a las 3,00 de la madrugada me llamó la madre de uno de los marineros que habían sido acusados de intentar sublevar a la tripulación de la escuadra nacional. Dijo que un sobrino suyo, que también era marinero, había sido arrestado cuando salía franco para ir a su casa y que nada se sabía de él y se sospechaba que había sido decretada la alerta entre la tropa.
Frente a esta nueva evidencia, pregunté a Ravest, mientras él revisaba un teletipo: ¿Qué pasará esta vez si hay un golpe militar en marcha, compañero?"
Su respuesta, que me ha sonado todos estos años como una burla, fue: "Hay decisión revolucionaria, compañero Valenzuela".
Entre las siete y las ocho de la mañana del día 11 las noticias del retorno de la escuadra al puerto de Valparaíso hicieron evidente que las noticias del golpe estaban confirmadas.
Leonardo Cáceres, que había llegado a eso de las siete, cumplía una extraordinaria labor desde el micrófono, dirigiendo una emisión que llamaron "La voz de la patria".
Ravest, desde su oficina de director ordenó que si había armas entre el personal de la radio, las entregáramos a los encargados de seguridad "para que si vienen los militares a allanarnos, vean que somos respetuosos de la ley".
Confiscaron hasta las limas de uñas de las mujeres y yo tuve que entregar un cortaplumas suizo, multiusos, que había llevado desde adolescente conmigo.
Nuevamente miente Ravest cuando dice que él llamó a La Moneda, al despacho del Presidente, porque el teléfono de magneto estaba en un rincón de la sala de prensa, bajo un cartón que decía en letras de molde: "No tocar".
Cuando nos dejaron bloqueados, sin teléfonos directos, fue como un anticipo de que nos iban a silenciar. Entonces por mi cuenta y riesgo, sin saber si el teléfono de magneto estaba aun activo, giré la manivela y esperé. Tras breves segundos una voz dijo desde el otro extremo de la línea: "Habla Salvador Allende, quién llama?
-Valenzuela, compañero, en Radio Magallanes.
-¿Están en el aire todavía?
- Sí, compañero.
- Quiero hablar, no hay tiempo que perder...
Avisé a gritos a Amado Felipe, para que hiciera la conexión y mientras él hacía lo necesario, el Presidente me habló. Creía que Pinochet no estaba en la conjura y cuando le dije que el general aparecía firmando el bando número 1, respondió que le podían haber tomado el nombre, que intentásemos hablar con él.-
Amado felipe gritó: "Dile que cuente hasta tres y comience a hablar"
Yo estimé que el Presidente no tenía por qué saber que esa era una cuestión técnica de la radio y dije: "Compañero presidente, voy a contar hasta tres y entonces usted puede comenzar a hablar". Conté hasta tres pero el Presidente siguió en silencio, a raíz de lo cual grité: "¡Ya compañero, comience!
El resto ustedes ya lo saben. Mi voz, con la cuenta hasta tres y con mi grito de "Ya compañero, comience", está grabada en la cinta original, que YO saqué de la radio y llevé conmigo a la Posta Central, bajo mi camisa, tras haber sido herido en la esquina de Bandera y Alameda.
El Presidente Allende habló tres veces por Radio Magallanes. No una como se dice. La segunda fue cuando acabó la primera arenga, explicando la situación de la escuadra y su esperanza de que los comandantes en jefe del ejercito y aviación cumplieran con su deber. Cuando acabó, me preguntó si había salido bien. Luego me preguntó si teníamos una "plancha" (equipos de comunicacion Motorola con los que estaba dotada la radio) y cuando le respondí que sí, me ordenó que me fuese a la sede de la Democracia Cristiana y tratara de sacar al aire a Bernardo Leighton, quien, según dijo textualmente: "Ayer me prometió que si había un intento de golpe haría un llamado a las bases de la DC para que se opusieran".
Luego, si nos atenemos a los hechos que he relatado, debo recalcar que yo caí herido en la calle intentado cumplir una orden del Presidente de Chile Salvador Allende.
A todo esto, en la radio, Ravest, cuando escuchó que el Presidente estaba en el aire, corrió hacía la sala de prensa, donde me vió con el teléfono en la oreja, mientras yo, con una mano, tapaba el auricular para que no se filtraran los ruidos. Me hizo un gesto de reprobación con la cabeza y en eso llamaron de la planta de la emisora para decir que tenían problemas con los carabineros que estaban allí para protegerla. Ravest gritó, casi encima del teléfono por el cual hablaba el Presidente . "¡Que saquen esa gente y que pongan otra!", cosa que también está grabada a mitad del discurso.
Allende acabó con un "Viva Chile, vivan los trabajadores" y desde el control alguien puso el disco de Quilapayun "No nos moverán", que fue interrumpido en mitad de una frase que se fue yendo en un "fade" distorcionado muy premonitorio de lo que iba a pasar.
Leonardo Cáceres, que había estado en el locutorio apareció en la sala de prensa y autorizó que yo cogiera una plancha y me fuese a la DC, despidiéndose de mi muy afectuoso: "Que no te pase nada, Valenzuela". "Yo respondí una chorrada, producto de la tensión en que estábamos: "No me van bien las chaquetas con agujeros de bala".
Al salir, Amado Felipe me dio un abrazo y un paquete, en un bolsa de papel, en la que iban las cintas (tres, pequeñas) con el original del discurso de Salvador Allende.
Estas cintas las copié mas tarde, en mi casa, en distintos formatos, pero la primera copia, en una cassette, la ocultamos de tal manera que la periodista Verónica Ahumada, hasta entonces secretaria de prensa del Presidente Allende, pudo introducírsela en la vagina y pasar con ella los controles del aeropuerto cuando salió hacia Buenos Aires. Ella entregó esta grabación a los periodistas argentinos y al general Prats, a quien visitaba con frecuencia en su casa de la calle Malabia, ya que vivían muy cerca en Bs.As.
A Verónica la pueden consultar en su actual despacho de La Moneda, donde entiendo que trabaja con la Presidenta Michelle Bachelet.
Todas estas cosas (salvo el detalle de cómo sacó Verónica Ahumada la cinta hacia Argentina) las comenté hace muchos años en el diario Pueblo de Madrid (ya desaparecido) y más tarde en una carta a El Mercurio, con motivo de una corrección a otro que se atribuyó haber conectado a Salvador Allende con radio Magallanes.
Sobre el destino de las cintas y sobre qué pasó con la "plancha" Motorola que intenté llevar a la sede de la DC me explayaré más adelante, si alguno de ustedes demuestra interés por mis notas.
A don Bernardo Leighton le comenté las instrucciones de Salvador Allende, en el Casino (o Círculo no estoy seguro) Español de calle Alameda, cuando le rindieron un homenaje con motivo de su vuelta a Chile, tras el atentado que casi le costó la vida en Italia. El exvicepresidente lloró de emoción al saber que Allende había confiado en él hasta el final y sólo dijo "a esa hora ya todo estaba perdido".
P.D.: Otras prueba de la frágil memoria de Ravest es cuando se refiere al periodista Ramiro Sepúlveda, quien salió de la radio para ir a hacerse cargo de la planta transmisora, pues se pensaba que desde allí se podría seguir emitiendo si nos silenciaban en el centro. Al llegar a la planta Ramiro tuvo un problema con los carabineros dispuestos allí para proteger las instalaciones y, puesto que allí mismo los uniformados se dieron vuelta la chaqueta, lo detuvieron y trasladaron al Estadio Nacional, de donde salió meses.
Se ha celebrado en pasadas fechas el 40 aniversario de un viaje al espacio, de una llegada a un lugar más que remoto -la Luna- y de un paso pequeño para el hombre, pero un gran paso para la humanidad. El triunfo del hombre sobre las estrellas, la demostración de que no hay fronteras que nuestra sociedad no pueda cruzar. Es decir, la prosa que se acostumbra en estos casos. Es una efeméride de gran importancia -no cabe duda- científica, tecnológica y también, por qué no decirlo, económica.Pero hay otras efemérides. Otras historias, a escala más humana y más local, que no tuvieron la posibilidad de ser filmadas, ni retransmitidas por el orbe y que a pesar de ello aún pueden ser recordadas ya que son más cercanas a nosotros, ya que tienen en sí mismas lo mejor del ser humano, su humanidad. Y es que me parece que -en este mundo inconscientemente globalizado- las historias vitales de hombres, mujeres y niños, son más adecuadas de celebrar por ser las verdaderamente humanas.
El siguiente relato es una muestra. Se acerca su efeméride. Se cumplen 70 años. Y justo ahora que el grupo musical chileno -y latinoamericano- de mayor trayectoria y con más conciertos en el mundo, Inti Illimani, ha actuado en Bilbao, en Aste Nagusia 2009, recuerdo las conversaciones que mantenía con Jorge Coulon Larrañaga (fundador y director del grupo) hace unos meses recorriendo los cerros de Valparaíso, ciudad y puerto principal de Chile y de cómo coincidimos, en la deuda histórica que se tiene con un barco, el Winnipeg, con sus pasajeros, con un poeta, con una historia que, sin dudarlo, merece ser contada y recordada. Es la historia de una travesía que empieza en el Golfo de Bizkaia, sigue por el océano Atlántico y termina en el océano Pacífico y de cómo la blanca estela que dejara en estos océanos se transformó en un surco en tierras lejanas donde llegaron semillas que germinaron y seguirán germinando. Ésta es la historia:
Cuando en 1939 le nombran cónsul especial en París, Neftalí Reyes Basualto no imaginaba -o puede que sí- que estaba apunto de iniciar el camino que le llevaría a realizar su mejor obra. Él mismo -con el pseudónimo de Pablo Neruda, como se le conoce- le había propuesto a Pedro Aguirre Cerda, entonces presidente de Chile, llevar a ese país profesionales que huían de la Guerra Civil española o que estaban en campos de hacinamiento en Francia. La respuesta fue "sí, tráigame vascos, castellanos y extremeños, tenemos trabajo para ellos...".
Neruda sentía, como propio, el dolor de esas gentes. Su conciencia humanista, su alma sensible de poeta y los recuerdos de García-Lorca -y de su asesinato-, de la generación del 27 y de otros, entre ellos los poetas vascos Gabriel Celaya, Blas de Otero, el cual le dedica su poema Guernica, le susurraban, a veces, le gritaban, las más, que algo se debía hacer.
Así empieza a dar forma en su cabeza el viaje del Winnipeg, un destartalado carguero de 5.000 toneladas que nunca llevó más de setenta u ochenta personas a bordo, además de cacao, sacos de café y de arroz. Ahora le estaba destinado un cargamento más importante: la esperanza. Uno de los viajeros recuerda cómo subió al barco: "¿Usted es trabajador de corcho?", le preguntó Neruda. "Sí, señor", dijo el hombre con siete hijos. "Hay una equivocación porque en Chile -replicó el poeta- no hay alcornoques". "Pues los habrá de ahora en adelante", respondió. "Suba al barco. Usted es de los hombres que se necesitan".
Luego de habilitar con literas los seis pisos de las bodegas, alrededor de dos mil personas, vascos muchos de ellos, iniciarían un viaje de vida y hacia la vida misma. En efecto, el Winnipeg es el símbolo de la lucha de unos hombres para la dignidad de otros, de empeñar parte de la vida propia para brindársela a otros, en definitiva del triunfo de la humanidad sobre la sinrazón.
El 4 de agosto de 1939 zarpa la vetusta nave desde el puerto francés de Pauillac. Muchos de sus pasajeros no sabían a qué país extraño y exótico se dirigían. Otros decían que su destino estaba en el extremo sur de América, pero no sabían dónde. Situarlo no importaba. El viaje sería largo y difícil pero a buen seguro -de llegar a destino- les esperaba una vida mejor.
Sin embargo había peligros que debieron sortear : submarinos alemanes que atacaban embarcaciones y la posibilidad siempre constante de que buques franquistas les abordasen y devolviesen al infierno de la guerra. Sin contar con el hacinamiento de dos mil almas en una embarcación no construida para tal número que hacía del viaje una penosa odisea. Pero entre todas esas penurias, también hubo tiempo para la esperanza, bodas a bordo, nacimientos, e incluso el habilitar botes salvavidas en una especie de tálamo amatorio para la intimidad de las parejas. Al pasar por el canal de Panamá, otra dificultad, no se había contemplado el peaje por cruzarlo. Una vez solventada la situación, se alcanza el océano Pacífico. Una nueva vida estaba cada vez más cerca. Lejos, cada vez más lejos, el horror y la desesperanza.
Quiso el destino que el primero en subir al Winnipeg, una vez atracado en Valparaíso, fuese un joven Salvador Allende Gossens, médico y ministro de Salud, quien encabezaba un equipo sanitario para atender a los "nuevos chilenos". El mismo presidente Allende del discurso de las Grandes Alamedas por donde pasearía el hombre libre para construir una sociedad más justa. Era el 3 de septiembre de 1939.
Los recién llegados fueron distribuidos por la loca geografía de aquel país. Cada pasajero del Winnipeg, en cualquier lugar de Chile donde se instaló, retribuyó con lo mejor de sí, tanto en las artes, en el comercio, en las ciencias, agradeciendo de ese modo a quienes encarnaron, más que una liberación, un proyecto de vida en paz y libertad.
Vivimos tiempos en los que los iconos son más importantes que las personas. En el caso de Neruda, sabemos de un poeta universal y premio Nobel de Literatura, pero esa dimensión nos aleja de la persona y de su verdadera obra, la de dimensión humana. Sucede con Salvador Allende y con Víctor Jara (director de teatro y cantautor, el de Te Recuerdo Amanda). La dimensión de su trágica muerte no debe empañar el cómo vivieron. Nos legaron con su obra -la profesional y la vital- herramientas de vida. Coincido también con Jorge Coulon en esto. Lo dice Víctor Jara (su amigo) en la canción Vientos del Pueblo que interpreta Inti Illimani: "...así cantara el poeta, mientras el alma le suene, por los caminos del pueblo, desde ahora y para siempre".
Si visitan Chile, acérquense a Isla Negra y a la casa de Neruda. Podrán entre olas del mar y caracolas, entre mascarones de proa y una vieja locomotora a vapor, ver el pasaporte diplomático de Neftalí Reyes Basualto y hasta es posible que el rumor del mar, les haga oír las voces de los pasajeros de Winnipeg.
Ha trabajado detenidamente en él, durante 34 años, para que todos los datos estén fundamentados. En casi ochocientas páginas el Premio Nacional de Historia desmitifica la eficacia del orden portaliano y reconstruye cómo los grandes mercaderes cimentaron un Estado que ha permanecido prácticamente inalterado durante doscientos años, dedicando un capítulo al más arquetípico de ellos: Agustín Edwards Mc Clure.
Entre 1810 y 1830 una ola de delincuencia azota al país. Los comerciantes y hacendados esconden el oro y las joyas que acumulan en el patio de sus casas. Las fortunas crecen tanto como para donar un tercio al Estado, como en el caso de Juan Antonio Fresno, dueño de fundos aledaños a Santiago e importador de mercancías europeas. Pero la oligarquía vive temerosa de que los peones se lleven su parte a la fuerza y alega falta de garantías y seguridad. El orden llega con Diego Portales, otro comerciante que se hace cargo del Estado con un golpe en 1829.
Han pasado doscientos años y salvo los nombres de esos "comerciantes", lo esencial no ha cambiado. El orden fundado por Portales se ha mantenido incólume como un "Dorian Gray enervante" a pesar de su continua decadencia. Esta es la tesis que Gabriel Salazar se ha tardado 34 años en probar y que llega contenida a las librerías en 800 páginas, que se leen a ratos como una sólida novela documentada, más que un ensayo histórico clásico.
-¿Cuál es la intención, la finalidad de este libro?
-El libro intenta desmitificar el orden portaliano sobre la base de estudiar cuál era su lógica económica, yo no me meto en cuestiones políticas, y queda clarito que es una lógica mercantil, que favoreció la entrada de capital extranjero que expolió y destruyó las fuerzas productivas del país: generó pobreza, miseria y por eso que el primer centenario, que implicó 80 años de vigencia del orden portaliano, fue la época de máxima pobreza en Chile y de crisis de representatividad de la oligarquía. Técnicamente, el orden portaliano colapsó pero lo salvaron entre los militares, Ibáñez, los políticos (Alessandri), engañando al pueblo. Fue una traición brutal al pueblo que estaba haciendo una propuesta de Estado completamente distinta a la que se impuso en 1925 y luego lo vuelven a salvar los milicos con apoyo de los políticos en 1973. La vigencia del orden portaliano ha sido defendida por todos: Alessandri, Pinochet, hasta la izquierda lo rescata.
-Según el libro los constructores del Estado chileno no son los terratenientes, como siempre se ha dicho, sino los empresarios, la "oligarquía mercantil".
-Claro, esta oligarquía mercantil es la que construyó el Estado portaliano y estableció los patrones que estructuraron nuestra sociedad, nuestra política hasta el día de hoy, porque hoy tenemos una oligarquía comercial, que es la que nos dirige, porque son los dueños del Jumbo, de Falabella, de Ripley, de las cadenas de farmacias . Piñera, que en el fondo domina las tarjetas de crédito, el transporte. Ellos estructuran el país y lo han defendido siempre. Hoy no tenemos una burguesía industrial como clase dominante, no tenemos una clase capitalista propiamente tal, tenemos simplemente grandes mercaderes, mercaderes banqueros que ya no esconden la plata como en la época de 1810, donde tenían que enterrarla para que no se las robaran los bandidos, pero ahora lo depositan en bancos extranjeros, que es una manera de esconder tesoros también o de invertir en los paraísos tributarios.
-Usted en los documentos que aparecen en el libro demuestra que siempre las ganancias de los empresarios han sido muy altas, gigantescas. Ganar plata no está mal, el problema es que un gerente que gana 8 millones nunca va a ganar 5 para distribuir mejor lo que sobra ¿por qué tanta dificultad de la oligarquía para distribuir los recursos?
-La oligarquía chilena nunca ha logrado expandirse por el mundo como una verdadera burguesía capitalista, no ha logrado controlar siquiera la comercialización de los productos que importa, no ha podido controlar las ganancias de la comercialización externa de los productos que importa, entonces queda encerrada en el mercado interno.
Para aumentar su cuota de ganancia, no le queda otra que expoliar hacia adentro a las fuerzas productivas nacionales, entonces explotó al inquilino en la hacienda, explotó a los pirquineros en el norte, explotó a los trabajadores en las pocas industrias que habían, entonces hacia adentro actúa como una máquina expoliadora que empobrece, entonces ahí no distribuye adecuadamente las ganancias. Además le deja la entrada libre al capital extranjero que es el que se lleva la mayor parte de las ganancias entonces no hay qué distribuir: por esa razón la pobreza en Chile aunque dicen que ha disminuido a la mitad de lo que era históricamente, es una pobreza que ya tiene tres o cuaro siglos.
-¿Se puede comparar a la "masa peonal" que usted se ha concentrado en estudiar con el chileno promedio de hoy: los vendedores de multitienda o AFPs?
-En algunos sentidos el peón del siglo XIX es muy similar al temporero de hoy. El peón tenia siempre un contrato, que además era verbal, no por escrito y era temporal- duraba un cierto período. Y le pagaban poco y a veces con puras fichas. Hoy, el grueso de los trabajadores en Chile son temporeros, no tienen contrato permanente. Pueden tener contrato por escrito, pero son temporeros: trabajan por temporada, por proyecto o a honorarios. Ahora pagan en plata, muy poca como en el siglo XIX, pero a cambio de eso le dan tarjeta de crédito y con esa tarjeta un peón de hoy puede comprar lo que necesita entonces no tiene la sensación de que es pobre.
-Llega un momento en que el empresario tiene tanto dinero que como usted dice necesita "gestionar su éxito" y conseguir influencia política. Es irresistible la tentación de compararlo con la realidad actual donde el poder político se mezcla cada vez más con lo económico.
-Para poder mantener a los chilenos en esta condición de expoliación, necesito un Estado que haga una especie de acción policial para mantener ordenados y disciplinados a los chilenos, que se dejen ordeñar tranquilamente sin rebelarse. Ese es el objetivo del Estado Portaliano. Ahora no es muy distinto, porque el Estado que tenemos no es el que elegimos libremente, sino el que dejó Pinochet, una reedición del Estado Portaliano que está jugando el mismo rol: que los chilenos se dejen esquilmar tranquilos, con trabajo precario, les damos tarjetitas para que compren celulares y se sientan a otro nivel y este estado mantiene el modelo neoliberal. Ninguno de los candidatos quiere cambiar el modelo en profundidad Todas las élites, por más que se agarren en el Congreso, no dan una pelea de fondo, porque están todas beneficiadas por el Estado. El caso de la iglesia es bien patético, la iglesia obliga a la autoridad a imponer cosas que los chilenos hace tiempo tienen resueltas.
-En el libro hay un capitulo especial dedicado a la trayectoria de la familia Edwards ¿por qué?
-En la historia de la oligarquía hay dos generaciones: la primera, de comerciantes, fue la que encabezó Diego Portales para dar el Golpe de Estado de 1829. La que viene después está formada por extranjeros chilenizados y chilenos que se extranjerizaron por contacto con los extranjeros. Un caso prototípico de esta segunda generación son los Edwards. Hay otros más, los Lyon, los Délano, pero Edwards es el más típico porque fue el más poderoso y es el único que pasó raudo del siglo XIX al XX, y hasta el día de hoy que celebran la publicación de la vida de Agustín Edwards Mc Clure. Por eso lo elegí a él para hacer una breve historia de cómo se construye el poder económico.
-¿Por qué pasaron raudos, sin que la crisis que terminó con el resto de los empresarios los tocara?
-Por tres razones principales se asoció con el Anglo South American Bank, un importante banco inglés que administró el Banco Edwards al momento de la crisis y lo salvó. Por eso pasó raudo al siglo XX, mientras los otros bancos de merchant bankers desaparecieron. La otra razón es que Edwards logró construir una especie de imperio periodístico, El Mercurio más la revista Zig- Zag que tuvo una enorme circulación e influencia. Este imperio fue consolidado por Edwards Mc Clure. Y esto lleva a la tercera razón: gracias al apoyo de los Matte que logran pasar al siglo XX agarrados de la papelera de Puente Alto, aseguraron la solidez de El Mercurio. Desde ahí Edwards Mc Clure se dedica a la gran política y se convierte en un influyente personaje en torno al Estado. Fue candidato a la presidencia y perdió, pero su influencia en el Estado era enorme porque manejaba las relaciones con Inglaterra y Estados Unidos.
-¿Hay algún momento preciso en que los Edwards deciden tener un diario sabiendo lo que significa en términos de influencia?
-Eso forma parte de la cultura inglesa. Toda la vida los ingleses le dieron mucha importancia a la comunicación periodística a través de diarios y revistas, por eso que los ingleses en Chile fundaron varios diarios y uno de ellos, el Chilean Times era realmente importantísimo, Por eso no me extraña que Edwards Ross, dentro de esa cultura haya comprado el diario que había fundado Felix Vicuña, el papá de Benjamin Vicuña Mackenna, en 1829 en Valparaíso y lo manejaron durante mucho tiempo. Félix Vicuña era un liberal "rojo", era bien puntudo. Pero tuvo que venderlo y se lo compran los Edwards, pero es Edwards Mc Clure el cuarto Edwards, el que lo consolida porque le da una dimensión internacional convirtiéndolo hasta hoy en el órgano oficial de la oligarquía.
-Pero últimamente El Mercurio ha ido perdiendo influencia en las elites ¿hay algo que según usted haya logrado transmitir o heredar a la sociedad chilena?
-El Mercurio marcó un patrón por la solidez de su información internacional y nacional, y dentro de eso mete su discurso hegemónico, creo que gracias a eso se consolidó, pero ha perdido fuerza, se ha achicado, trae menos páginas y su principal tiraje es por suscriptores. Eso tiene que ver con el enorme desarrollo de las comunicaciones de otro tipo
La tradición general concerniente a las celebraciones nacionales son manifestadas de manera simbólica entre las voces chilenas que versan sobre el pasado- digo versan puesto que se trata de un mito existente- han marcado con acento ingenuo en la conciencia histórica de Chile un acto - teatral - de carácter milagroso en múltiples mentes chilenas que valoran hazañas seudo-heroicas - Épicas - incluso sin saber ciertamente la razón conmemorada.
A este respecto, surgen ciertos juicios que en el presente pueden aparentar un caro hecho legendario, aunque desprovistos de fundamentos que justifiquen su importancia histórica postrera. En este sentido, los acontecimientos festejados, so capa de ser fundamentales para el proceso de construcción de la nación y la exaltación del valor patrio, no nos permiten ver más allá de lo meramente circunstancial. Dicho de otra manera, siempre nos disponemos a celebrar hazañas sin importar la excusa que lo motive. Pongo por caso el trivial veintiuno de mayo. Se trata de una fiesta realizada por los chilenos - cada vez menos - que evocan el Combate naval de Iquique encabezado en el conflicto - junto con la contradicción del nombre- de la Guerra del Pacífico, que de pacífico nada admitía, salvo el escenario. Este mito alterado y corrompido por la tradición - traición - de los chilenos resulta insuficiente para el pretexto actual del festín. De ahí que la estipulada y lírica frase pierda todo su sentido original - si alguna vez lo tuvo - y desestimemos su significado faccioso y optimista: "Muchachos, la contienda es desigual, pero, ánimo y valor. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y espero que no sea ésta la ocasión de hacerlo. Por mi parte, os aseguro que mientras yo viva, esa bandera flameará en su lugar y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber". En efecto, el capitán Prat murió en la guerra y sus oficiales junto a él. ¿Su deber? hundido bajo el mar, no obstante ahogado y sumergido según la rúbrica: "vencer o morir". ¿Su nave? La Esmeralda enterrada en el mar del norte, esa nave fruto de un duro trabajo para su construcción y llena de escollos para su existencia. Deberíamos comprender con esto lo que una vez pronunció José Ortega y Gasset: "Así es como sentiría yo, si fuera chileno, la desventura que en estos días renueva trágicamente una de las facciones más dolorosas de vuestro destino. Porque tiene este Chile florido algo de Sísifo, ya que, como él, vive junto a una alta serranía y, como él, parece condenado a que se le venga abajo cien veces lo que con su esfuerzo cien veces levantó". Con todo, podemos afirmar seguramente, que Chile es un país de mártires, así como lo fue nuestro Prat con sus virtudes y defectos. Héroes que fracasan en los hechos, pero que conquistan nuestras mentes. ¿Seremos compasivos ante las desgracias nacionales? Hay quienes piensan - como Ricardo Krebs - que los chilenos: "Más que a los triunfadores, recuerde a los héroes trágicos; más que las victorias, los desastres". ¿Derrota heroica como virtud?
En suma, cabe preguntarse entonces ¿Para qué el veintiuno de mayo teniendo en cuenta que perdimos el verdadero significado de la sentencia de Prat? Lo que celebramos ahora es el acto simbólico de su muerte. Por un lado, cada veintiuno de mayo, es decir, cada veintiuno feriado, significa un descanso que muchos olvidan en el año, pero que cuando lo recuerdan, lo hacen derecho suyo como instante de alegría. Por otro lado, cada veintiuno de mayo los presidentes de Chile se dirigen a la nación para informar y destacar los logros en sus políticas y las futuras promesas reivindicativas con el objetivo de legitimarse con apoyo del pueblo.
Debería usarse como una oportunidad de nuestra gobernanza para evaluar críticamente, como ciudadano, las instituciones de los chilenos. Insisto en sostener que se tratará de un mero veintiuno de mayo con un nuevo discurso (Mito) presidencial para hacernos creer que "todo cambia para bien, pero que falta un poco y hay que tener paciencia"... Con razón Chile venera la imagen de Prat, que como muerto ya no se le puede exigir nada.
SE ADENTRARON los cuervos en la inmensidad de los bosques logrados.
Devoraron las entrañas esparcidas a la veda del camino.
Despertaron de su letargo a los escarabajos dorados e indómitos.
Quisieron esclavizar la lluvia, los ríos y las casas pobres por doquier.
Talaron hasta el hueso de la canela rebelde en su hambre de poder.
Y así, codiciosos de todo lo que no era de ellos,
Comenzó el festín de mortandad.
Lo que no cabía en sus bolsillos, caía en las fauces criollas.
Todo era ensangrentado con el sol entremedio como testigo.
Nuestro carácter hospitalario les abrió la puerta a esos perros sanguinarios.
Creímos que eran los hijos de un Dios mayor.
En un pacto con el diablo nos hubiese ido mejor.
Alabados los que abrieron los ojos ante tanto despojo.
Los ejércitos más fieros de su época aplastaban a los infieles, hasta hacerlos
Ver el infierno sin necesidad de morir.
Cayó la espada en nombre de reyes parásitos, dígase de paso,
Perpetuos en el tiempo. Ayer, hoy y siempre.
La mitad de lo que aprendieron del desierto lo sembraron a punta
De cuchillo sobre la frente de los herejes.
Aún salpicaba arena de sus bocas, pero sentíanse dueños del discurso,
Dígase de paso, hoy, ayer y siempre.
II
Trajeron la brújula y la sarna, el compás y las armas, el espejo y los complejos.
Cualquier intento de rebeldía callaban con la Biblia aplastante, mientras lucían a sus amantes.
Trajeron los cerrojos y los piojos, el astrolabio y los tarados, el candado y la peste.
Trajeron las tasas y la desgracia, repartieron los solares y los males.
Trajeron la coraza y la mordaza, la espada y la celada.
Trajeron los asentamientos y los degollamientos.
Se llevaron las rosas en sus lomos de mula, dejaron el estiércol como recuerdo.
Se llevaron las sonrisas en sus barcos de guerra,
Y nos dejaron óleos, con sus caras de santos.
Se llevaron todo lo que brilla. Todo lo que mantiene y condimenta su carne.
Que bueno, que nunca fueron muy amigos del agua.
¿Cuántos indios decapitaron, para robarles chocolate y cacao?
Y nosotros les matamos el hambre con nuestras papas,
Les adornamos sus mesas con paltas y tomates.
Y para ustedes no era delito matar un salvaje.
Se llevaron el caucho, el hule, el maní y los pimientos,
Nos dejaron de herencia, siglos de sufrimientos.
Se llevaron el tabaco, nos dejaron el mal olor de sus sobacos.
Se llevaron el maíz, y dejaron epidemias en cada país.
Además, les fascinó el trueque,
Se llevaron el girasol, los frijoles y las batatas,
Y nos dejaron un nuevo tipo de rata.
Se rieron de buena gana en nombre del señor, al parecer fue el único que vino con ellos.
Su fealdad la aplacaban con el aceite, de algún indio soberbio achicharrado.
Si sólo hubiesen sabido que ni toda la grasa del mundo mejora un cerebro malogrado.
Trajeron la encomienda y toda su mierda, los curas y la basura.
Trajeron la peluca y la sangre, las balas y el hambre, las botas y el sudor.
Trajeron la pólvora y la sífilis, la cuchara y la amarra, el hacha y los esclavos.
Trajeron los sacos y el desfalco.
El suicidio y los mendigos, el látigo y los castigos. El caballo y los lacayos.
El cabildo y los cinismos. Los embalses y los pillajes.
Trajeron la venganza y las matanzas,
Qué día de campo se dieron estos colonizadores, si hasta las hormigas
Se escondían de sus dientes.
Que tiempos aquellos para estos soldados, si al parecer eran hijos de un ser sagrado.
Que no haya rencor ni quebranto, sólo fueron un par de siglos de espanto.
Que no se hable con envidia, alguien tenía que violar a las indias. Todo era ensangrentado con el sol entremedio como un quejido.
Pausa. Entre paréntesis.
Todo no podía ser tristeza, soledad y destierro.
Sonrientes apostaban, cuánto duraba un indio cercado,
Contra diez perros hambrientos.
Una pieza de oro, del mejor banco, a que mis indios no gritan
Cuando se lanzan de los barrancos.
Masticando nuestro chicle o goma de mascar, siempre fue más entretenido saquear.
III
Pero en sus correrías sanguinarias encontraron su tope,
Un indio más grande que todas las Araucarias.
Creyeron que eran Yanacona, ya se sentían dueños de la zona.
Uno de los tantos caciques les habla en forma clara: Mientras aún se escuche el aliento de un invasor, nuestro pueblo sentirá el dolor. Puño a puño, mano a mano, ya veremos quien sale ganando. No ganaron ayer, no ganaron hoy día, no ganaran mañana. Puño a puño, mano a mano, ya veremos quién sale ganando. Mientras sople viento en estas tierras, a cualquier explotador le daremos guerra.
En el cenit de los problemas, por supuesto cambiaron de estratagema.
Permutaron la riña por la Biblia. Y así, entre cruces, sotanas y oraciones, comenzó nuevamente el festín de los ladrones.
Que conveniente es ser cristiano.
Dios quizás es feliz con lo robado.
Trajeron el rosario y los sicarios. Los anteojos y los despojos.
Campos y bosques había que ocupar, mejor que lo haga un capellán.
Luego, sin regimientos vinieron los desacreditamientos y los fingimientos.
Cómo puede un indio holgazán y bebido, ser dueño de su destino.
Si son inferiores, son como monos.
Sin embargo, nuestros hermanos menores.
Pero, no tienen modales, educación, ni cultura, mejor que duerman entre la basura.
Y así, un temporal de mentiras y estigmas aún cabalga por las colinas.
No sólo mataron, todo lo bello tergiversaron, lo enajenaron.
Después, como si fuera una nueva moda se levantaron los guachos, contra sus padres.
Avariciosos, criollos y bastardos no aceptaron migajas, querían todo el fardo.
Y así, entre nobles penitentes y europeos de segunda, nació nuestro continente.
Su rebeldía, crecía como un maleficio, pero aún seguían admirando sus inicios.
Cómo no ser amos de todo, sí aquí no saben de ropa, hay que importarla desde Europa.
Sólo un puñado de estos criollos merece ser honrados.
Su odio, resentimiento y complejo de inferioridad, moldeó nuestra nacionalidad.
Al indio se le desprecia por su cara y su color, aunque fuera nuestro único defensor.
Somos poca cosa, a veces los peores, pero hay que buscar la causa,
En la historia de los invasores.
Todo era ensangrentado, con el sol entremedio como un castigo.
Trajeron un tipo de escritura y un mar de tipos caradura.
Trajeron los cañones y los matones, el horario y los mercenarios.
Trajeron los arcabuces y los embustes.
Trajeron la real hacienda y toda su violencia. Los carniceros y los floreros
Trajeron lo más selecto de su país, dejando cárceles y puteríos sin su habitual cariz.
IV Indicación colonial par el buen vivir entre los indígenas, Aborígenes, pueblos originarios o vernáculos.
Si no lo soporta, se le ahorca, si no obedece, se le cuece.
Si no quiere a su amo, se le cortan las manos, si es obstinado, debéis quemarlo.
Si es un rebelde consumado, no perdáis tiempo, simplemente empaladlo.
Menester es deciros que si no le gustan los setos, mejor os entenderá en el cepo.
Lo que se mueve, se come. Lo que sirve, se lleva.
Lo que no, se quema
Otra de sus bonitas estratagemas.
En el colmo de lo absurdo y siniestro, si vamos a sus países
Nos tratan como excrementos.
Sólo queremos ver como brilla el oro, la plata y el cobre de nuestros ancestros.
Sólo queremos sentir como sabe la carne, con especias y sangre.
Disculpen si delinquimos por falta de educación, aunque, fijo,
Ustedes saben, tenemos cien años de perdón.
Si la iglesia acepta sus errores, ¿Por qué no imitan
A sus santos patrones, a sus gestores y claman perdones?
Todos a coro como en un rasgueo, pidan disculpas por los saqueos.
Una cosita más, se les olvidó llevarse un poquito de humildad.
Trajeron los conventos y los tormentos, los doctores y los horrores.
Trajeron algunas artes y todos los desastres. La inquisición y toda su corrupción. Todo era ensangrentado, con el sol entremedio como mendigo.
No solamente trajeron, aún nos siguen trayendo.
Además, no necesitan enviarnos traidores,
Aquí en América latina, crecen por montones.
¿Cuántas celebraciones indígenas encuentras en el calendario?
No muchas por supuesto, son mejores las de tono publicitario.
Y es que algunos se acostumbraron al factor hereditario
De entregar nuestras riquezas al mejor depositario.
Se reprodujeron en el tiempo todas esas familias ingratas,
Piensan que el país de allá es el mejor socio.
Y ven a nuestra patria solamente como un negocio.
Si alguien piensa que exagero con decir parias y traidores
Vayan echándole una mirada a los alrededores.
¿Cuántas calles y plazas llevan el nombre
De los asesinos de nuestra raza?
¿Cuántos billetes circulan de mano en mano
Llevando impresa la cara de los primeros tiranos?
Si es por dar ejemplos, me faltaría tiempo.
Ahora somos herederos de su sapiencia
Marcamos a fuego las diferencias.
Su triste escuela nos dejó secuelas...
Nuestro continente dividido como parcela.
Cada país, el pétalo de una flor...
Una flor llamada América.
Que ironía, ustedes fumándose nuestro tabaco
Y pretenden que besemos vuestros zapatos.
Que horrible sarcasmo, les enseñamos a reemplazar vuestros perfumes por el baño y aún nos miran como un rebaño.
¿De que les sirvió todo lo robado?, sí al final de cuenta
Su pueblo pobre sabe lo que es vivir en un país subdesarrollado.
No necesitan enviarnos traidores,
En América Latina crecen por montones.
Sin embargo; No ganaron ayer. No ganaron hoy día. No ganaran mañana. Puño a puño. Mano a mano. Ya veremos quién sale ganando.
B.S.M, S.S.S: (Besa Sus Manos a Su Santísima Señoría)
LOS CRÍMENES contra la Humanidad cometidos en Chile por la Dictadura, la Derecha –UDI, Renovación Nacional, la DC- la CIA y su órgano oficial el golpista diario “El Mercurio”, propiedad de Agustín Edwards, actual presidente de la Fundación Paz Ciudadana, no son “falsos crímenes” y su “obra” es horrorosamente verdadera…
…Cuerpos flotando en los ríos, detenidos desaparecidos lanzados al mar con rieles amarrados a sus cuerpos, prisioneros a los que les quitaron con alicate, los dientes y las uñas, mujeres violadas por hombres, perros y ratas. Guaguas raptadas, abortos a golpes, embarazos por violaciones, vaginas destrozadas… Madres y padres tiritando de miedo ante los ojos de sus niños y niñas en Policía Internacional por miedo a no lograr escapar del infierno. Niños destrozados, pequeños y solitarios en sus cajones de muerte… Millones de mujeres adultas y jóvenes, cientos de muchachos, niños y niñas peleando contra el hambre, confusos ante un horror que nos perseguía en las esquinas con autos sin patente, para violarnos, humillarnos, golpearnos, asesinarnos…
¡NO SOMOS FALSAS “sobrevivientes” del Crimen contra la Humanidad que cometieron, desde septiembre del 73, los mismos que hoy festejan a unos cuantos aprovechadores que se hicieron pasar por desaparecidos para no enfrentar sus obligaciones con esposas, hijos e hijas. Tampoco somos “falsas” denunciantes de otro Crimen Contra la Humanidad que se comete hoy contra el pueblo mapuche por parte del Estado $hileno y su gobierno, con el auspicio criminal de los mismos derechistas que propiciaron el golpe: Terratenientes, Pirañas, El Mercurio que miente y encubre... Y es que la dictadura parece haber puesto la semilla del Estado Policial en un país que alguna vez tuvo potencial para ser libre.
EL MERCURIO, EL EJÉRCITO, LA DERECHA: TODOS CÓMPLICES…
Agosto de 1976: había varios sacos en el helicóptero de los criminales de la DINA. En esos sacos había personas torturadas e inyectadas, no se sabe si para adormecerlas o para matarlas.
Marta Ugarte Román, estaba aún viva. El saco se movió y uno de los asesinos se dio cuenta, sacó un cuchillo, abrió el saco, cortó uno de los alambres con que estaba atado un trozo de riel al cuerpo a Marta, y con ese mismo alambre la ahorcó. Luego, tiró unos ocho bultos al vacío. Sin el riel, el cadáver de ella salió a flote en el océano, y el 9 de agosto la encontraron en la playa La Ballena, en la costa de la Quinta Región. Los medios embusteros dijeron: “crimen pasional”. En noviembre de 1976, el jefe de la DINA, Manuel Contreras, mentiroso como siempre, declaró ante un juez que Marta Ugarte Román jamás había sido detenida, y otro falso, el ministro del Interior de Pinochet, César Benavides, afirmó lo mismo.
Marta era integrante del Comité Central del PC de la época de Allende. Según la autopsia, antes de morir sufrió una luxo fractura de columna, traumatismo abdominal, fracturas múltiples, ruptura y estallido del hígado y del bazo, luxación de ambos hombros y cadera, y una fractura doble en el antebrazo derecho. Fue detenida en la Calle Conferencia y llevada por el Grupo Delfín de la Brigada Lautaro de la DINA al Cuartel del Ejército de Chile de la calle Simón Bolívar 8630 (Barrio alto de La Reina en Santiago). Algunos criminales confesaron ya, en los 90, que en el cuartel se inyectaba cianuro a las y los detenidos para asegurar su muerte. Pero marta estaba viva. Es que los falsos siempre mienten.
FALSA DEPORTACIÓN
Mónica Benaroyo Pencu fue decapitada a patadas. La vieron con vida la última vez el 11 de septiembre de 1973. Se sabe que fue detenida por milicos y trasladada a un recinto militar.
La respuesta de la Dictadura a los organismos internacionales fue que había sido deportada a su país porque era uruguaya.
En realidad, los milicos que la tomaron presa en Arica, la enterraron viva hasta el cuello y luego patearon su cabeza una y otra vez hasta matarla y decapitarla.
Mónica fue una joven viajera, mestiza de varios tonos, nacida en Rumania, crecida en Uruguay, habitante de Buenos Aires un tiempo y luego de Arica, titulada en Filosofía y Licenciada en Pedagogia, que se ganaba la vida como traductora, era militante del Partido Comunista de Uruguay. Su muerte la falsearon los criminales derechistas hasta el año pasado (2008) cuando debido al hallazgo de sus restos momificados en un terreno del Ejército –¡cómo no!- de Arica, la mentira ya no se pudo sostener más y la hermana de Mónica –Fernanda- viajó a $hile comprobar la noticia y a llorar a su hermana en este país falso de falsa justicia.
FALSO ENFRENTAMIENTO
Jane Vanini nunca se rindió, ni en el país donde había nacido –Brasil- y donde fue militante del grupo Acción Libertadora Nacional (ALN) contra una dictadura de cinco malditos, ni en Chile.
El 6 de diciembre de 1974, en Concepción, agentes del Centro de Inteligencia Regional (C.I.R.E.) –marinos de $hile- intentaron allanar la casa de Jane Vanini, que también era la de Pepe Carrasco -Jane y él eran pareja-. Pepe, miembro del MIR, periodista, había sido detenido el día anterior.
Desde la calle, los inteligentesallanadores le gritaron a Jane que se rindiera y la respuesta de ella fue resistir por más de 3 horas desde dentro con un arma. Jane, es cierto, los enfrentó, pero eso no fue un enfrentamiento, si no la autodefensa de una sola mujer contra un montón de “efectivos” hombres de una compañía entera del Destacamento de Infantería de Marina Nº 3 Aldea de Talcahuano. Al cabo de 3 horas fue herida y sacada de la casa. A ella o a su cuerpo, los criminales de la C.I.R.E., la trasladaron al Campo de Prisioneros en la Base Naval de Talcahuano. Puede haber sido ejecutada allá o puede que ya estuviera muerta. No entregaron su cuerpo, y sólo en 2005 se encontraron sus restos en Concepción. Jane como todas las demás no fue una falsa desaparecida durante 31 años.
FALSOS Y FALSAS…
A Luz Ayress Moreno, la amarraban de pies y brazos y la colgaban cabeza abajo dándoles choques eléctricos en el ano. Los torturadores de Tejas Verdes –Centro de Entrenamiento del Ejército de $hile- le llamaban a eso el "Pavo de Arara". Esta sobreviviente -hoy libre y madre de una hija- fue torturada desnuda y encapuchada por meses, también en presencia de su padre y hermano. Ella también estuvo forzada a ver la tortura de sus familiares, sufrió innumerables violaciones de torturadores con acentos brasileños, argentinos y paraguayos. Fue violada por perros, le colocaban ratas en la vulva y al darle choques de electricidad “las ratas se desesperaban y hundían sus garras” en la vagina de Luz. Le cortaron con cuchillos la piel del vientre, las orejas…
Cuando, a pesar de sus 25 años en ese tiempo, le vino un ataque al corazón, ella escuchó cómo una voz Chilena dio instrucciones de qué hacer para que no muriera todavía. Soportó muchas sesiones de torturas en las que ni siquiera la interrogaban, sólo la querían martirizar. Ella en su testimonio dice “no sabía por qué me seguían torturando”… Es que los falsos, los esbirros, los criminales –y todos sus cómplices- son así: gozan con la maldad, son seres miserables y agresores natos: El maldito Contreras, dicen que se “entretenía” sacando los ojos a los cadáveres de los presos, y el infeliz Comandante Pacheco, a cargo del campo de concentración Tres Alamos en ese tiempo, se paseaba “orgulloso” por todo el campo de concentración con Luz o con otra mujer hermosa a su lado, siempre prisioneras aterrorizadas o debilitadas a las que él abusaba…
Los falsos y malditos también rompen sus juramentos de Hipócrates: Luz, vio cómo torturaban a una mujer embarazada que se llamaba Ana María y cómo un “doctor” supervisaba la tortura. Cuando la misma Luz estuvo en la Cárcel de Mujeres y se dio cuenta de que estaba embarazada, un tal “Dr. Mery” –milico de la Universidad Católica- le dijo que ella debía estar orgullosa de tener un "hijo de la patria". A los pocos meses tuvo un aborto espontáneo y jamás recibió atención médica ni en el embarazo ni en la pérdida...
Y nunca faltan las falsas y turbias como ahora la senadora hija de Matthei, tan entusiasmada con los “falsos desaparecidos” -probablemente porque es hija de un miembro de la Junta Militar golpista-. Luego del golpe, otras buenas esclavas, “un grupo de esposas de militares”, visitaron a Luz y la chantajearon con libertad a cambio de que silenciara sus declaraciones sobre su embarazo y tortura. Sus maridos milicos las habían enviado porque esta luchadora había logrado romper el cerco informativo del pinochetismo desde la cárcel con la solidaridad internacional y le tenían miedo…
Luz fue parte del ELN de Bolivia en los años 60, fue activista en las poblaciones de Chile donde trabajaba con mujeres, niñas y niños en los 70, fue integrante del MIR luego del golpe, y en agosto del año 2000 planteó que no quiere lástima, si no justicia y para ello declaró ante el Cónsul General de Chile en EE.UU., solicitando que usaran su declaración como evidencia contra Pinochet y su camarilla… Cosa que ya sabemos no pasó porque esa promesa de Verdad y Justicia concertada era otra falsedad…
LA FALSEDAD DE “LO POSIBLE”...
…“Ha sido un largo y doloroso tiempo en el cual luchamos primero contra una dictadura que negaba los hechos y ante Tribunales de Justicia que –salvo honrosas excepciones- amparaban a los criminales y no a las víctimas. Un tiempo en que tuvimos también que lidiar con los extraños “consensos” de la transición que –de tanto en tanto- volvían a pactar la impunidad”, dijoPatricia Verdugo –escritora, periodista, defensora de los derechos humanos- a Ricardo Lagos en agosto de 2005, ante la decisión de indultar al asesino de Tucapel Jiménez...
El dedo de Lagos, ese dedo acusador a Pinochet en los 80, en el renovado siglo 21 ni se inmuta y por eso cosecha monedas en pleno rostro en vez de aplausos, cuando sale a la calle a candidatearse para ser el quinto presidente de la falsedad concertada.
“La medida de lo posible” no es sólo una falsedad absoluta, si no que es corrosiva y pudre una memoria que ya huele mal... Pero a la Concertación y sus nuevos socios, les gusta la “realidad posible” porque repleta sus bolsillos aunque les vacíe la dignidad de yanaconas prostitutas.
Todo lo que han hecho es “posible”… también chato, cruel y doloroso, al estilo de su coalición malparida. Colocaron a un golpista símbolo –Patricio Aylwin- como el paradojal heredero de un presidente respetable y respetuoso. Les vino la renovación compulsiva más escandalosa y nos hablaron de “amnistía impropia”, una maniobra que defendía a esbirros y torturadores de la DINA. Con su mismo dedo acusador Lagos firmó para que construyeran cárceles que emulan cabañas de veraneo para torturadores y criminales (como buen yanacona lameculo).
La falsedad de la Concertación se ha hecho cómplice de la UDI para remitir las penas de criminales uniformados mayores de 70 años, como si la vejez les lavara la miseria de adentro a los viejos vinagres. También oculta los nombres y responsabilidades de torturadores, permite que a criminales procesados por crímenes atroces -Freddy Enrique Ruz Bunger, Carlos Arturo Madrid Hayden, Álvaro Julio Federico Corbalán Castilla, Sergio Antonio Díaz López- se les reduzcan las penas de 10 a 3 años de presidio menor, con remisión condicional, libertad vigilada e incluso que algunos sean absueltos en casos de desapariciones y homicidios calificados… Es decir la falsedad concertacionista-derechista es impresentable.
El Mercurio, la Tercera, la Segunda, Las Ultimas Noticias, todos justificaron y alentaron el Crimen contra la Humanidad en Chile desde sus páginas: “Extremistas se matan entre ellos”, “terroristas mueren como ratas”, “el golpe se justifica porque en Chile hay caos”… Agustín Edwards, dueño de esta prensa nunca ha sido procesado como ejecutor intelectual y/o cómplice, aunque Patricia Verdugo demostró con documentos desclasificados de diversas fuentes norteamericanas, su implicación directa con la CIA en el golpe…
En los años 90, cuando se comenzó a sentir que vivimos en un gran cementerio en cuyos rincones descansan las osamentas de las muertas, los desaparecidos, las torturadas, los falsos comunicadores vieron que los testimonios de las sobrevivientes les traían dividendos porque la gente quería saber y comenzaron a poner reportajes “conmovedores”. Ahora, los muy hipócritas volvieron a titulares retro -como salidos de la Dictadura- intentando decir nuevamente que nuestros muertos y muertas son “falsos”.
Criminales disfrazados de políticos como Jovino Novoa, Sergio Onofre Jarpa, el cura Hasbún, Ambrosio Rodríguez, Manfredo Mayol -que trabaja con Lavín-, Carlos Cantero, Antonio Horvath, Baldo Prokurica, José García Ruminot, Sergio Romero, Alberto Cardemil, Sergio Diez que tuvo la desfachatez de negar ante la ONU en los años 70 a los desaparecidos y desaparecidas, todos ellos -y sus asesinos a sueldo-, tienen información sobre las guaguas que les robaron a por lo menos 9 detenidas desaparecidas embarazadas o sobre los cerca de 400 prisioneras y prisioneros políticos que a partir de 1974, sus helicópteros Puma arrojaron al mar… pero como son unos miserables que dan náuseas, falsearon y falsearán la verdad con la venia concertada de renegados e indignas.
COMO PUEDES VER, América del sur es un racimo andino de uvas bronceadas, semillas gredosas, ríos tormentosos, salares envejecidos, pampas infinitas, lagos somnolientos, selvas y bosques callados.
CUANDO PENSAMOS que el espasmo de la avaricia no haría temblar más los árboles, los pájaros y las siembras, llegaron otros cargamentos de huéspedes extranjeros como huestes elegantes, finas e importantes. Ingleses, gringos y franceses. Era la segunda mitad del siglo diecinueve, y los capitales ingleses eran capitanes y almirantes que hablaban muy bien el lenguaje del dinero y los intereses. Capitanes que recorrían las tierras y los desiertos sembrando monedas, esperando pacientes recoger la cosecha y sus frutos. Fueron dos indios olvidados, los cuales al encender una fogata, vieron como la tierra se quemaba, ardía y chisporroteaba. Un árbol albino enterrado llamado salitre, ardía boca abajo. Los más entendidos recogieron el dato y de paso el nitrato. Lo lamieron, pesaron y enviaron allá lejos donde ciertos eruditos saben que hacer en estos casos.Y el hombre blanco se sintió en rima inexorable del oro blanco. Fue así que Antofagasta, provincia boliviana se convirtió en el centro de sus esfuerzos y llegadas insignes de extranjeros. Invirtieron invencibles cantidades en acaparar lo mejor que pudieron los yacimientos. Así también, el ferrocarril que llevaba y transportaba los cargamentos. Chilenos, estadounidenses e ingleses unidos en pos de la extracción y la explotación de este alabastro nortino que germinaba las plantas y que también era cuerpo indispensable de la pólvora. Pero no fue hasta que el dictador boliviano de aquel entonces, Hilarión Daza, subió los impuestos en ese paraíso explotador, que las cosas se tornaron de un color amargo. Desde Londres y otras ciudades, órdenes de ceños fruncidos llegaron hasta el gobierno chileno. Y el salitre, en aquel entonces, por muy miserable que fuesen los impuestos y las ganancias, formaba y levantaba esa incipiente y dependiente economía chilena.
Amenazadas las pertenencias tanto de chilenos, ingleses y otros voraces peces. Siendo presidente de Chile, Aníbal Pinto, la escuadra nacional desembarcó en el puerto de Antofagasta para proteger los intereses y pertenencias de los señores capitalistas. De esta manera comenzó la guerra del pacífico. Que a modo de resumen agenció grandes ganancias para Chile, que asesorados por los ingleses, usurparon e invadieron las localidades de Tarapacá y Antofagasta. En este devenir, los ingleses obviamente se quedaron con la casi totalidad de los yacimientos salitreros. De ahí en adelante serían grandes amos del norte.
Interminables horarios, abusos, cepos y latigazos se impusieron en esta tierra de nadie.Una inundación de injusticias históricas, independentistas, coloniales y ahora imperialistas fueron anegando poco a poco el desierto más seco del mundo. Tanto fue el desborde de bordes humanos, que la rabia fue secando y deshidratando hasta las lágrimas.La pena y la impotencia se volvieron rabia y decisión.
Fue en 1907 mientras ocupaba el cargo de presidente de la república, Pedro Montt que las cosas llegaron a una situación tal, que ya no se podía tantas injusticias soportar. Los Obreros y mineros exigían escuelas para ellos y sus cachorros. Desayunos contra los ayunos constantes impuestos por las circunstancias. Eliminación del descaro hecho ficha de plástico insignificante como pago al trabajo. Un poco de honradez en las pesas y balanzas adulteradas la hora de pesar alimentos y sufrimientos en los lugares de trabajo y en las pulperías.
Es el 10 de diciembre de 1907 cuando se inicia la huelga en la oficina salitrera de San Lorenzo. Después se suma la oficina de Alto San Antonio y luego otra y otra. Y las injusticias son pasto seco que se encienden en cualquier momento al menos chispazo de rebeldía. Y largas columnas de seres humanos atraviesan el desierto más seco del mundo, rebelándose contra su destino de esclavos. La bolsita con pedacitos de pan racionados para el viaje. Los peniques estratégicamente cuidados. Manos sucias y callosas que suavizan la mirada de los niños. Mujeres arreando hombres con sonrisas y palabras de aliento. Y es que en este peregrinaje de obreros explotados no caerán manjares, ni ningún maná desde ningún cielo. De día el sol va horneando más y más a esos hombres de barro. De noche el frío viento sopla los huesos como flautas ocres perforadas. Acaso una camanchaca neblina bondadosa que mezcle el agua de su cuerpo con el sudor de esos cuerpos recostados sobre las sombras. Hilvanadas y cocidas por el mismo hilo de injusticias ondean las banderas. Bolivianos y peruanos, hechos chilenos por decretos, caminan decididos hacia el puerto de Iquique. Un río de demandas impostergables arrasa todo a su paso. Y se les unen los sindicatos, federaciones y agrupaciones. Unos descansan sus tendones moreteados en el Hipódromo de la ciudad, otros buscan refugio en la Escuela Santa María. Y son precisamente a estos los que el destino les tiene preparada una carnicería de proporciones. Órdenes, estafetas, timbres, administradores aúllan entre escritorio y escritorio. Líneas, palabras y oraciones donde se esconde la muerte en cada palabra.Tranquila y decidida la muerte cabalga a su encuentro. Se acerca la navidad, pero más se acerca la celebración del fallecimiento de miles.
Ducho y experimentado en el trato de obreros exaltados. Un adalid empresarial-militar vocifera tranquilo y desafiante que se larguen. Y esa gran masa reunida, no quiere escuchar más cuentos. Si se rinden ahora, se rendirán para siempre, todo lo hecho será sólo recuerdos. Saben de los muertos que en días anteriores abandonaron la escuela. No se irán. Y ciertos oradores forjados a palazo sobre la tierra, enarbolan más potentes sus voces, banderas y cantos.
Y desde hace rato ya que Jotes con picos de acero y botones dorados afilan sus garras en las azoteas cercanas. Tienen hambre de muertos, de aquellos que los patrones matan de hambre. El distinguido militar mira a su ayudante, encumbra una ceja hacia el vació de su testa y sin decir media palabra, de sus ojos emana una mirada de muerte. Obediente y servil, su ayudante no malentiende las órdenes.
Se petrifica el momento, se desgarra el caliche escondido.
El esqueleto rosado de un pájaro negro observa colgado desde el andamiaje de un tamarugal moribundo como la muerte se aposta en los alrededores. Uniformes y deformes hombres rodean las salidas, bota a tierra pisan y presionan intestinales pasajes calles y plazas. La escuela está cercada.
El ambiente endurece sus tendones más y más.La línea lineal social se ha transformado en soga de ligamentos.
De un lado tiran los pobres, que son más pero indefensos de cuerpos, del otro los ricos y su brazo armado subvencionado. Y las circunstancias y las ganancias producen un nudo y punto ciego en las conversaciones. Comprender las demandas es y será mala fama. Entender sus causas será peticiones sin pausa. Los tendones del ambiente se tensan más y más, los obreros no se rinden, no piensan irse. Entonces se endurecen los silencios, hasta ese momento nadie sabe de carnicerías, matanzas o degollinas. Exageraciones de los enemigos del Gobierno. No es hasta que la muerte preñada de sables de acero inglés exhala un grito forrado de padecimientos que lo entienden más claramente. Y cae la ráfaga dejando un trino de palomas rotas sobre una escuela. Tan pesada cae la sangre sobre la tierra, que corta las mejillas de esta, trepana el rostro del norte y largas cicatrices se extienden y crecen a lo largo y ancho de los ranchos, de poblaciones y generaciones que por el mismo desierto de miedos, injusticias y avaricias que secan y queman las manos, que escaldan pies sobre pies sigue caminando igual, como antes, como hoy.
El plomo desploma la sangre arrancándola de su manantial sagrado y la escupe brutal e indolente boca abajo. Y entre grito, alarido y sangre un filoso brebaje inicia un viaje inconcluso, amortajado de susurros empolvados de todo aquello que no fue, que no pudo ser.
Bolivianos, chilenos y peruanos adquieren la nacionalidad indestructible de la sangre reventada, esa que no sabe de límites, banderas, razas, colores ni sabores. Faltaron balas, faltaron más sables, más bayonetas para realizar el trabajo perfecto. Que no queden testigos, mire que los muertos ni hablan ni tienen reclamos posteriores. No así, los sobrevivientes. Y es que haciéndose el muerto por entre los cuerpos, parapetado de cadáveres encima se esconde la vida. Y a palos contra las balas, a palazos contra los sablazos, de diez, nueve son muertos y el último huye por entre los techos. Las mujeres cubriendo sus críos con su cuerpo, humedeciendo sus rostros pequeños con sangre caliente.
Todos cayendo, uno tras otro, uno tras otro. Van muriendo lentamente, para que no se les olvide su propia muerte.
A lo lejos los indiferentes, los reacios, los callados, los enemigos escuchan un oleaje de lamentos. Olas de dolor se arrastran por entre las piedras, retumban en las calles, las casas, el desierto y estalla en espuma ensangrentada hasta nuestros días.
Una vez más, el bravo ejército chileno se enfrenta y envalentona contra gente desarmada e indefensa.
Las fuentes más confiables y fidedignas establecen que los muertos superaron los dos mil.
Otros, los más mesurados indican que los muertos no pasarían de doscientos. Meras exageraciones y mentiras de los enemigos del la patria. Las carretas llenas de muertos no paraban de andar, no daban abasto. Toda la tarde y la noche se repitió el carretero de la muerte sobre las calles. Los sobrevivientes fueron conducidos a sablazos y abandonados en algún páramo. Desde ese entonces, los perros lloran y aúllan por las noches contándose esa vieja historia de hombres, niños y mujeres asesinados. Según el gobierno, los alzados incurrirían en asaltos, robos y escándalos. Repitió mil veces los supuestos descalabros que cometerían los pampinos, buscando justificar su propio accionar. Ni siquiera justificación para las eventuales cosas que vendrían La orden de reprimir era más que obvia y ya estaba planificada, se buscaba solamente justificar la manera en que sería ejecutada Sagradas personas anunciaron cierta profecía sangrienta muchos días antes. Sólo había que cumplir el vaticinio de homicidios.
La represión y la matanza como mecanismo de control social, de freno a las demandas sociales, es parte indesmentible e inherente de la larga tradición histórica de Chile, basada en represión, asesinatos y masacres.
Valparaíso (1903), Santiago (1905), Escuela Santa María (1907), La Coruña y Pontevedra (1925), Copiapó (1931), Ranquil (1934), Santiago (1946), Valparaíso y Santiago (1957), El Salvador (1967), Puerto Montt (1969) y el riñón ensangrentado como guinda de la fiesta pastel dominante del año 1973 contra le nación completa.
Sistema institucional, método oficial, que se instauró desde un principio en suelo nacional y que se sería guadaña institucional cada vez que los más necesitados y humildes pidiesen mejoras La violencia, los asesinatos, las matanzas, los destierros, los azotes, el exilio es a lo largo de la historia de Chile el método favorito cuando ha fallado el discurso, la palabrería y la monserga.
Las astillas de los huesos de mujeres, obreros, indios y campesinos han sido baldosa suave para no importunar el elegante calzado de los ricos.
La burguesía nacional, capitalistas extranjeros, y todos los patrones se pusieron de acuerdo de antemano para contrarrestar la huelga Silva Renard fue enviado inoculado e infectado de la peste negra de la muerte. Sobre sus hombros llevaba la responsabilidad de proteger a los verdaderos hombres en contra de los animales. Se recuerda su honorable gesta con una hermosa callecita en el centro de Santiago.
De lo que se trataba era de dar un escarmiento, de los buenos. Las leyes con sangre entran, fue la máxima. Prevenir y ese prevenir se repitió horrorosamente el año 1973. Ninguna de las matanzas o masacres efectuadas en Chile han sido producto del azar sino del más frío, calculador e inmisericorde plan, La posición obrera fue pacífica, ordenada. Solidaria. Respetuosa. Pero para los militares a cargo, en meros futuros verbos potenciales se cernía una amenaza de proporciones, la amenaza obrera.
A lo largo de la historia se ha practicado el sagrado sacramento del olvido y la omisión. Ciertos hechos funestos es mejor no saberlos, se evitan las explicaciones y de paso que ciertos futuros posibles afectados tomen ciertas precauciones.
Y ahora, ciento un años después, desde todos los rincones, incluso aparecen buitres gubernamentales y de todos los colores a pelearse los huesos de esos obreros muertos. Homenajes, actos, distinciones y cortesías para ese cortejo hundido a balazos y sablazos allá en el desierto. Las Banderas a media asta no sirven para nada. ¿Y la pobreza que aún vive, pervive y sigue en el Norte? ¿Cuántas empresas extranjeras siguen aún llevándose gratis nuestras riquezas? ¿La educación de esclavos, la salud un disparate, las viviendas miserables? ¿¿Con cuántos discursos mejora la calidad de la vida?
Y aquí estamos, una vez más como a principios de siglo, o quizás mucho peor. El detalle es que las matanzas son menos y menos sangrientas, aunque de vez en cuando asesinen a un trabajador que se organiza y rebele contra el abuso.
Digo peor, porque lo poco que tenemos es incierto, inservible a ratos. La gran mancomunal, mancomunada con los explotadores muchas veces. Una parodia repugnante a veces.Y desmembrados, divididos y lejanos empezamos principio de siglo nuevamente. Lo bueno es que por lo menos hay intentos pequeños pero honestos de empezar ciertas corrientes clasistas, obreras, e independientes de intereses escondidos. La Matanza de Iquique, callada, velada, oculta y escondida. Los libros en los colegios no imprimían una sola sílaba al respecto, los profesores callaban. Para los grandes medios no fue más que un insignificante pleito entre patriotas contra vagabundos. Prohibido recordar, prohibido.
No mintamos, no tenemos nada. Nada hemos ganado. Un mero ramo de experiencias amargas y marchitas que se deshoja en hojas insípidas y cobardes cada vez que las circunstancias o los momentos históricos lo requieren. Un siglo atrás, vosotros estabais mejor organizados que nosotros. Había cientos de gritos distintos pero todos coreaban la misma palabra. Los Honramos, pero con vergüenza. Las matanzas han sido muy pocas y poco numerosas como para calibrar no sólo el temperamento, sino también los fundamentos y ciertos destacamentos. Es cierto que los degollaron a balazo y bayoneta como a corderos. Creyeron en los modelos y modales aristocráticos de los caballeros. No estamos mejor cien años después.
Allí quedaron fábricas y oficinas salitreras como dinosaurios extinguidos y carcomidos por el viento, el tiempo y ciertos lamentos fantasmales que se escuchan venir de la oscura boca del desierto sin explicación aparente. Y el portazo de fin de siglo sobre nuestras narices no impide que escuchemos como todas sus manos llaman a la puerta de la historia, no impiden verlos caminar entrando alguna vez por el arco del triunfo, ese que aún no se construye ni siquiera sobre planos de locos de atar.Y es que en Chile somos sedientos adictos de sombras subterráneas. Es el único nutriente que conocemos…
Como si el brebaje de sombras es la única pócima que sacia la sed de justicia y anhelos. Como si el recordar muertos es lo único que nos mantiene vivos. Somos demasiado buenos en denunciar y lamentar, pero muy poco listos a la hora de precaver ciertos zarpazos lejanos. Muy poco dados a la autodefensa permanente. Livianos de miedos, seguros de tranquilidad. Como si realmente creyésemos a pie juntillas en la pacífica solución de todos nuestros problemas. Sin entender que el sistema habla bastante, pero sólo eso. Habla. Pero cuando las cosas no son como ellos quieren, vienen los atropellos.
Y es que están aquellos que sólo celebran, cantan y honran a los que ya partieron, a los que un día fueron, y entre esos, a ellos mismos. Especialmente a razón de “haber sido” y ya no ser. Y es que caminan en dos calles distintas, la de los recuerdos, meros saludos a la bandera, abrazos a los mástiles enterrados y sumidos en aquella tarea de modernizar a tal punto los ideales, que ya no son ellos mismos, sino otros. Meras hiedras con piel de clavel, agiotistas de su pasado, cantando y recitando con estadísticas monetarias y gubernamentales bajo el brazo. Vacíos de principios.
Los escenarios los seducen, cierta muchedumbre ignorante de apóstatas los llama.
El mejor homenaje, no es con llantos, ni discursos. El mejor homenaje es luchando, organizando, creando, poder popular. Andrés Bianque.