Se adentraron los cuervos en la inmensidad de los bosques logrados. Devoraron las entrañas esparcidas a la veda del camino. Despertaron de su letargo a los escarabajos dorados e indómitos. Quisieron esclavizar la lluvia, los ríos y las casas pobres por doquier.
Talaron hasta el hueso de la canela rebelde en su hambre de poder. Y así, codiciosos de todo lo que no era de ellos, Comenzó el festín de mortandad. Lo que no cabía en sus bolsillos, caía en las fauces criollas.
Todo era ensangrentado con el sol entremedio como testigo.
Nuestro carácter hospitalario les abrió la puerta a esos perros sanguinarios. Creímos que eran los hijos de un Dios mayor. En un pacto con el diablo nos hubiese ido mejor. Alabados los que abrieron los ojos ante tanto despojo.
Los ejércitos más fieros de su época aplastaban a los infieles, hasta hacerlos Ver el infierno sin necesidad de morir. Cayó la espada en nombre de reyes parásitos, dígase de paso, Perpetuos en el tiempo. Ayer, hoy y siempre.
La mitad de lo que aprendieron del desierto lo sembraron a punta De cuchillo sobre la frente de los herejes. Aún salpicaba arena de sus bocas, pero sentíanse dueños del discurso, Dígase de paso, hoy, ayer y siempre.
II Trajeron la brújula y la sarna, el compás y las armas, el espejo y los complejos. Cualquier intento de rebeldía callaban con la Biblia aplastante, mientras lucían a sus amantes. Trajeron los cerrojos y los piojos, el astrolabio y los tarados, el candado y la peste. Trajeron las tasas y la desgracia, repartieron los solares y los males. Trajeron la coraza y la mordaza, la espada y la celada. Trajeron los asentamientos y los degollamientos.
Se llevaron las rosas en sus lomos de mula, dejaron el estiércol como recuerdo. Se llevaron las sonrisas en sus barcos de guerra, Y nos dejaron óleos, con sus caras de santos. Se llevaron todo lo que brilla. Todo lo que mantiene y condimenta su carne.
Que bueno, que nunca fueron muy amigos del agua.
¿Cuántos indios decapitaron, para robarles chocolate y cacao? Y nosotros les matamos el hambre con nuestras papas, Les adornamos sus mesas con paltas y tomates. Y para ustedes no era delito matar un salvaje. Se llevaron el caucho, el hule, el maní y los pimientos, Nos dejaron de herencia, siglos de sufrimientos.
Se llevaron el tabaco, nos dejaron el mal olor de sus sobacos. Se llevaron el maíz, y dejaron epidemias en cada país. Además, les fascinó el trueque, Se llevaron el girasol, los frijoles y las batatas, Y nos dejaron un nuevo tipo de rata.
Se rieron de buena gana en nombre del señor, al parecer fue el único que vino con ellos. Su fealdad la aplacaban con el aceite, de algún indio soberbio achicharrado. Si sólo hubiesen sabido que ni toda la grasa del mundo mejora un cerebro malogrado.
Trajeron la encomienda y toda su mierda, los curas y la basura. Trajeron la peluca y la sangre, las balas y el hambre, las botas y el sudor. Trajeron la pólvora y la sífilis, la cuchara y la amarra, el hacha y los esclavos. Trajeron los sacos y el desfalco. El suicidio y los mendigos, el látigo y los castigos. El caballo y los lacayos.
El cabildo y los cinismos. Los embalses y los pillajes. Trajeron la venganza y las matanzas,
Que día de campo se dieron estos colonizadores, sí hasta las hormigas Se escondían de sus dientes. Que tiempos aquellos para estos soldados, si al parecer eran hijos de un ser sagrado. Que no haya rencor ni quebranto, sólo fueron un par de siglos de espanto. Que no se hable con envidia, alguien tenía que violar a las indias.
Todo era ensangrentado con el sol entremedio como un quejido.
Pausa. Entre paréntesis.
Todo no podía ser tristeza, soledad y destierro. Sonrientes apostaban, cuánto duraba un indio cercado, Contra diez perros hambrientos. Una pieza de oro, del mejor banco, a que mis indios no gritan Cuando se lanzan de los barrancos. Masticando nuestro chicle o goma de mascar, siempre fue más entretenido saquear.
III Pero en sus correrías sanguinarias encontraron su tope, Un indio más grande que todas las Araucarias. Creyeron que eran Yanacona, ya se sentían dueños de la zona.
Uno de los tantos caciques les habla en forma clara: Mientras aún se escuche el aliento de un invasor, nuestro pueblo sentirá el dolor. Puño a puño, mano a mano, ya veremos quien sale ganando. No ganaron ayer, no ganaron hoy día, no ganaran mañana. Puño a puño, mano a mano, ya veremos quién sale ganando. Mientras sople viento en estas tierras, a cualquier explotador le daremos guerra.
En el cenit de los problemas, por supuesto cambiaron de estratagema. Permutaron la riña por la Biblia. Y así, entre cruces, sotanas y oraciones, comenzó nuevamente el festín de los ladrones. Que conveniente es ser cristiano. Dios quizás es feliz con lo robado.
Trajeron el rosario y los sicarios. Los anteojos y los despojos. Campos y bosques había que ocupar, mejor que lo haga un capellán.
Luego, sin regimientos vinieron los desacreditamientos y los fingimientos.
Cómo puede un indio holgazán y bebido, ser dueño de su destino.
Si son inferiores, son como monos. Sin embargo, nuestros hermanos menores. Pero, no tienen modales, educación, ni cultura, mejor que duerman entre la basura. Y así, un temporal de mentiras y estigmas aún cabalga por las colinas. No sólo mataron, todo lo bello tergiversaron, lo enajenaron.
Después, como si fuera una nueva moda se levantaron los guachos, contra sus padres. Avariciosos, criollos y bastardos no aceptaron migajas, querían todo el fardo. Y así, entre nobles penitentes y europeos de segunda, nació nuestro continente. Su rebeldía, crecía como un maleficio, pero aún seguían admirando sus inicios. Cómo no ser amos de todo, sí aquí no saben de ropa, hay que importarla desde Europa. Sólo un puñado de estos criollos merece ser honrados.
Su odio, resentimiento y complejo de inferioridad, moldeó nuestra nacionalidad. Al indio se le desprecia por su cara y su color, aunque fuera nuestro único defensor. Somos poca cosa, a veces los peores, pero hay que buscar la causa, En la historia de los invasores.
Todo era ensangrentado, con el sol entremedio como un castigo.
Trajeron un tipo de escritura y un mar de tipos caradura. Trajeron los cañones y los matones, el horario y los mercenarios. Trajeron los arcabuces y los embustes. Trajeron la real hacienda y toda su violencia. Los carniceros y los floreros Trajeron lo más selecto de su país, dejando cárceles y puteríos sin su habitual cariz.
IV Indicación colonial par el buen vivir entre los indígenas, Aborígenes, pueblos originarios o vernáculos.
Si no lo soporta, se le ahorca, si no obedece, se le cuece. Si no quiere a su amo, se le cortan las manos, si es obstinado, debéis quemarlo. Si es un rebelde consumado, no perdáis tiempo, simplemente empaladlo. Menester es deciros que si no le gustan los setos, mejor os entenderá en el cepo. Lo que se mueve, se come. Lo que sirve, se lleva. Lo que no, se quema Otra de sus bonitas estratagemas.
En el colmo de lo absurdo y siniestro, si vamos a sus países Nos tratan como excrementos. Sólo queremos ver como brilla el oro, la plata y el cobre de nuestros ancestros. Sólo queremos sentir como sabe la carne, con especias y sangre.
Disculpen si delinquimos por falta de educación, aunque, fijo, Ustedes saben, tenemos cien años de perdón. Si la iglesia acepta sus errores, ¿Por qué no imitan A sus santos patrones, a sus gestores y claman perdones? Todos a coro como en un rasgueo, pidan disculpas por los saqueos. Una cosita más, se les olvidó llevarse un poquito de humildad.
Trajeron los conventos y los tormentos, los doctores y los horrores. Trajeron algunas artes y todos los desastres. La inquisición y toda su corrupción.
Todo era ensangrentado, con el sol entremedio como mendigo.
No solamente trajeron, aún nos siguen trayendo. Además, no necesitan enviarnos traidores, Aquí en América latina, crecen por montones.
¿Cuántas celebraciones indígenas encuentras en el calendario? No muchas por supuesto, son mejores las de tono publicitario. Y es que algunos se acostumbraron al factor hereditario De entregar nuestras riquezas al mejor depositario. Se reprodujeron en el tiempo todas esas familias ingratas, Piensan que el país de allá es el mejor socio. Y ven a nuestra patria solamente como un negocio.
Si alguien piensa que exagero con decir parias y traidores Vayan echándole una mirada a los alrededores. ¿Cuántas calles y plazas llevan el nombre De los asesinos de nuestra raza? ¿Cuántos billetes circulan de mano en mano Llevando impresa la cara de los primeros tiranos? Si es por dar ejemplos, me faltaría tiempo.
Ahora somos herederos de su sapiencia Marcamos a fuego las diferencias. Su triste escuela nos dejó secuelas... Nuestro continente dividido como parcela. Cada país, el pétalo de una flor... Una flor llamada América.
Que ironía, ustedes fumándose nuestro tabaco Y pretenden que besemos vuestros zapatos. Que horrible sarcasmo, les enseñamos a reemplazar vuestros perfumes por el baño y aún nos miran como un rebaño. ¿De que les sirvió todo lo robado?, sí al final de cuenta Su pueblo pobre sabe lo que es vivir en un país subdesarrollado.
No necesitan enviarnos traidores, En América Latina crecen por montones.
Sin embargo; No ganaron ayer. No ganaron hoy día. No ganaran mañana. Puño a puño. Mano a mano. Ya veremos quién sale ganando.
B.S.M, S.S.S: (Besa Sus Manos a Su Santísima Señoría)
Andrés Bianque, intelectual de recia y poética palabra, de ideales claros, sus escritos son luz en medio de la oscuridad reinante en este país llamado Chile. Pensador, crítico, libertario y de espíritu elevado. Sus textos son variados y abordan la realidad tal cual es, sin omitir adjetivos para describirla y calificarla, poesía y verdad son parte esencial de su ecuación verbal, es así como cautiva al ávido lector interesado en profundizar en temas de actualidad, política, historia, sociedad y humanidad. Vivió más de una década en Suecia. Poeta y columnista de El Ciudadano (Chile), Rebelión, lahaine y Kaos en la Red (España). Algunas de sus obras son Poesía en Re menor; Poesía en Re; Tres cuentos para despertar y uno para dormir, Poesía en Luto, Recuerdos de dictadura, Escarabajos y El síndrome K.
El Libro del Capitán
"Mi alma será una lágrima invisible, en los ojos de Cristo moribundo"
Según palabra docta, el mes de septiembre en curso, ese muchacho llamado Chile cumplirá 20 años, ó 200 años al paso de Cronos. Cuesta trabajo visualizar cierta sapiencia y experiencia más profunda en este chiquillo apergaminado y de modales de grande. Pareciera que su peculiar alargada fisonomía geográfica, fuera el eje preciso y certero de su proceder falocéntrico y machista. He ahí el que la comparación, no acaricie el delicado borde femenino, a la hora de personificar el país.
Nos descubrieron, o mejor dicho, Nos encontraron.
Nos descubrieron, como quien descubre el techo de una rancha en invierno. Nos descubrieron, como quien descubre de un picotazo en la tierra un diente de oro, como quien descubre un nido de madre ausente.
No nos descubrieron como quien se quita el sombrero en ademán de modal tierno.
No, nos descubrieron con la sutileza que un violador descubre la ropa de sus víctimas. Por desgracia, gracia o aristocracia, nos encontraron.
Conquistadores europeos, menosprecian a los autóctonos, luego a los criollos.
Europeos afincados, se vengan de los desprecios recibidos, contra los vernáculos y criollos caídos en desgracias. Factores económicos determinan el desprecio, más una pizca de características físicas que solfean con el color de la piel.
Entonces, los que repulsaban a sus semejantes en siglo XVI, XVII, XVIII, o en el 1900, ¿Son los mismos que menosprecian a los demás, en el dos mil y algo?. Cambian los cuerpos y las caras, las cuchilladas son las mismas.
¿Qué haría Lautaro en estos días? ¿Caupolicán estaría en huelga de hambre?
Sin embargo, el verdadero problema para los Pueblos Originarios, se presenta con la formación del estado chileno. La república arrasa lo que encuentra a su paso, para consolidarse como nación sobre otra nación y utiliza todo lo que tiene en su poder para realizar dicha acción. Mercenarios y rosarios. Estafas, Genocidio y Armisticios. Resultando que no están todos los que deberían estar. Los Aonikenk, Los Selk´nam, Los Changos, Los Cuncos y cuanto tropel arrasado y ahora encarcelado. Después vendrá una tanda de conflictos internos para ver cómo se reparten lo que han obtenido. Una sucesión ininterrumpida de traiciones, complots, logias y elogios para los vencedores. Patillas al estilo francés, cabelleras despeinadas por el vientecillo rebelde americano timbran las hojas de la historia.
Matanzas a granel. Más matanzas. Huelgas reprimidas a balazos y sablazos.
Líderes Obreros. Carniceros Militares. Más matanzas. Disputas entre lechuguinos y salvadores de la patria enferma, traiciones, motines, fusilados los desobedientes, condecorados los vencedores. Cierta estabilidad y tranquilidad, a punta de fusiles a la cara y a la grada. Suicidios y asesinatos van delimitando los límites de la patria.
Un clima agradable.
Descienden de barcos y trenes de primera. Anglos angelicales que compran peones administrativos y alfiles militares de todas las tallas, para usarlos en contra de los vecinos por una montaña de estiércol o alguna extensión minera. Dictaduras de pacos en Bis. Dictaduras inducidas con anestesia y promesas. Burgueses gentilhombres, y democracias en la medida de lo posible. Leones del desierto que firman decretos con las garras. Matanzas de trabajadores, líderes obreros. Traiciones y más traiciones.
Al rato, imitando a sus progenitores, se levanta Estados Unidos, le echa un ojo a este país simpático, y con ciertos minerales más simpáticos aún, financia ciertas falanges, cercanas al cóccix, (por su composición) y los asientos se ubican, una vez más, como deben estar ubicados.
Presidentes idealistas y gentiles, adornan la casa de gobierno.
Organizaciones pequeñas de obreros, algunas muy radicales, no consiguen desarrollarse más allá de sí mismas. Sindicatos que son absorbidos por grandes Confederaciones, las cuales van procediendo poco a poco en forma timorata y pusilánime hasta convertirse en un mero sorteo de fueros y demandas solamente burocráticas. Pasan los años como hierros ardientes sobre los rebaños, hasta que emerge un romántico porteño, que porta ideales de tonos hermosos, los abanica sobre los oídos roídos de promesas incumplidas y obtiene premio a tanto apremio asediado.
Es mala la noche amigo y en el monte andan ladrones.
Patrones, curas, gorilas y hienas se besan y abrazan entre las sombras, contra esta aduana de ganancias. Empollan la traición, como sólo los seres bajos y cobardes, la preparan, escondidos y a resguardo. Las auto-proclamadas vanguardias obreras, entre pusilánimes y unánimes en sus inacabables teoremas dialécticos, en sus malabarismos históricos, se pelean los escenarios en discursos muertos, que a la hora de la acción, no sirven de nada. Cuando la distribución se torna justa, es sinónimo de sociedad enferma según algunos. Por lo tanto, una vez más, el corvo corta la cara de Chile.
Los más ortodoxos insisten en que el Doctor "murió luchando" intentando machificar el acto, porque el suicidio es para los débiles y "Cosa de Mujeres". Los hombres no se suicidan, o se rinden, y sí son de ciertos sectores, menos, obviamente todos mueren peleando. (Combatiendo)
Se repiten las botas sobre el rostro de la gente, se repiten las fiestas en ciertos sectores.
Se encorva tanto la condición humana, que sólo pena el canibalismo.
Modernizándose a los nuevos tiempos, se decide darle un poco de suero al atormentado para que sane, pueda levantarse, podar las plantas y hacer los mandados.
Se va coagulando poco a poco la sangre sobre un parche de olvido. Aparecen renovados viejos salvadores, traen de vuelta cierta vida republicana y caminan sobre alfombras rojas, las cuales, muchas de ellas, están confeccionadas de piel humana y sangre.
Entierran hasta donde más se puede la puruña en las entrañas de esta tierra. Con las manos llenas, se dedican a disfrutar su vida de nuevos ricos. Se olvidan de sus promesas en ofertas, lo cual es recogido con astucia de patrón ladino por los patrones heredados y vuelta a lo mismo de hace dos siglos.
Anecdotario de Calvarios.
La historia de Chile como nación, pareciera la trama de una teleserie vulgar. Con actores y actrices mediocres que se aplauden frente al espejo. Y se arquea la infamia en la cara, de estar obligado a ver una y otra vez, los mismos episodios con los mismos mediocres comediantes a través del tiempo. Lactarse capítulo tras capítulo, repitiendo el mismo guión, las mismas líneas ya declamadas. Lo cual tiene su algo rotundo de "Sadomasajismo Histórico", sí se me permite el neologismo que adoso al escrito. No obstante y como afeite, Chile es un País de Poetas. Que quede diáfano el ademán de tinta acentuada en la frase, y de claro tono romántico acompasado de jadeos de mar. Chile, país de poetas. Y parece obvio que es un país de poetas, si es más o menos a lo único que se puede optar en este país de posibilidades nulas y mucha mula administrando los molinos. Un lápiz y un pedazo de papel.
Chile, país de poetas, Gabriela Mistral toma importancia cuando viene pintada de rojo en un papel, después sí te he leído, no me acuerdo. País de Poetas, no de Poetizas.
Sólo lápices y papeles, y en ello, ¿Cuántos chilenos morirán sin jamás haber visto o rozado un violín, un piano? Porque en Chile debe haber cincuenta poetas y guitarristas por metro cuadrado. ¿Lo cual obedece a?
Violeta, Víctor, Nefatalí, Quelentaro, Schwenke y Nilo, el amigo de Rocka, Le-Bert, Pedro Foncea, Óscar Castro, Marcela Paz, entre muchos otros, son realmente destacadas excepciones, entre camionadas de gentes dedicándose a lo mismo.
Pero, ¿Dónde están los herederos de María Pfaettere, Nina Frick, Aurelio Silva, Nino García?
El caballo de Botero descansa como una solitaria margarita de ébano contra un extenso pantano de concreto.
Entonces, ¿Por qué Chile no es un país de Golfistas? ¿Violinistas? ¿Dónde están los escultores, los pintores, dramaturgos, los madonnaris consagrados?
¿A cuántas óperas al año, al decenio, asiste una obrera? ¿Cuántos ballets preferidos tienen los operarios, los temporeros? ¿Cuántos de ellos, tienen a sus hijos siguiendo los pasos de algún virtuoso como los maestros Arrau, Roberto Bravo, ó Florencio Mora? Y se extrañan nombres como Alejandro Sieveking, Francisco Flores del Campo, Rebeca Matte, Roberto Matta, Isidora Aguirre, Alejandro Jodorowski, Anita González, Camilo Morí, entre tantos otros.¿No se les cae la cara de vergüenza a los administradores del Teatro Municipal, a razón de los precios usureros, clasistas y sangrantes?, ¿Se intenta procurar que la chusma no se eduque o incomode a los esnobs y la gente de alcurnia? ¿Habrá que conformarse con ir a hojear algún Peneca, Mampato, sonreírse con Barrabases, Condorito o humedecer los ojos con La Bicicleta?
La carreta que mueve el equipaje de años en Chile, hace una pausa y desde varios rincones de la historia, emergen nombres que endulzan la mirada. Luis Advis, Mercedes Valdivieso, Bautista Von Schöwen, Vicente Bianchi, Amanda Labarca, Alejandro Flores, Malú Gatica, Jorge Yánez y Los Moros, Flora Sanhueza, Sergio Ortega, Los Cuatro de Chile y los hermanos Duvauchelle, Eloísa Díaz Insunza, Patricio Manns, Gitano Rodríguez, y afortunadamente faltan nombres, muchos nombres.
¿Qué ha cambiado en 200 años?
¿La televisión a color, pantalla plana, celular e Internet? Navegando se puede leer los mismos comentarios racistas y xenófobos de parte de criollos chilenos, igual que sí se leyera la más vetusta y mejor conservada epístola del siglo 18. A simple vista, pareciera que estos dos ciclos, no son más que el trinar de dedos que chispean un par de estornudos de gentes despistadas. Doscientos años de vida republicana para corolario de lo bien obrado, observar atento el mensaje que se repite en bastantes lados: "Su propina es mi sueldo"
Como diciendo, "Yo le cuido el caballo, yo le engraso la carreta a su excelencia"
Dos siglos que parecieran dos pasos dados por un azorado, o por un berraco constitucional en los filones prestados de un barranco bursátil. Celebrando, obviamente con sufrimiento prestado y organizaciones "molestas" alejadas de la institucionalidad que pareciera, celebra "Su propio Bicentenario"
Algunas calles, avenidas y plazas llevan nombres de asesinos de mujeres, obreros, estudiantes, e indios, también de estafadores del estado y los trabajadores.
Cuando es Septiembre y flamean las guirnaldas, y el olor a asado inunde las fosas nasales, se debería recordar que en otros Setiembres, el olor a carne asada, era carne humana quemada, asada por la parrilla estatal, olor que también inundó ciertas fosas, que hasta el día de hoy siguen pendientes.
Bicentenario, ¿Exquisitamente acorde con el sistema Binominal?
Encomenderos de celular y gas lacrimógeno contra los tataranietos de los dueños originales de la tierra. ¿Qué ha cambiado en doscientos años?
Los habitantes de Chile, no son numerosos, pero en otras naciones con la mitad de ciudadanos, se ubican con la mejor calidad de vida en el planeta.
Da la impresión que en esta loca geografía, existen capitalistas mediocres, que no creen en su propio sistema, que tal vez entienden que al haber impuesto un sistema a sangre y fuego, el castillo de naipes se les puede caer en cualquier momento.
En la actualidad no tenemos más empalizadas contra los indios desobedientes, rebeldes maleducados o rotos insolentes. No, ahora tenemos rejas electrificadas.
En las Poblaciones pobres, no se olvidan de nuestros padres patrios y la juventud blande sables todos los días de la semana, sin olvidarnos de los trabucos escondidos entre el estuco (no adobe) de ciertas moradas.
¿Celebración? ¿Quizás debería ser un acto central de Contrición, vasto, grande? Donde inmensos sectores desposeídos puedan contar el cómo, y el por qué, han heredado por doscientos años, la insignia y estandarte patrio de la pobreza y discriminación.
Los sectores politizados, intentarán apropiarse de hechos y personajes, como motores y avances en la construcción y edificación de esta mediagua con piso de tierra, pero pantalla plana, llamada nación.
Pero para algunos, más claro echarle una molotov, las mujeres y hombres más notables de este país, no han venido precisamente de las clases dominantes o han sido productos elaborados partidarios.
Obviamente hay excepciones, tampoco hay que ser tan ortopédico a nivel ideológico o histórico y ver todo desde un punto de vista reumático y sectarista del asunto.
El mirlo de Octubre, el fantasma de la colina de Cartagena, Nemesio Antúnez, los 7 hermosos y otros que no menciono para no hacer propaganda.
Celebrar el bicentenario suena como dos bisagras oxidadas o mal untadas.
Basta encender la televisión y ver a lo que hemos llegado. Azote tras azote audio-visual.
Cantar o bailar medianamente decente, es un atributo sin igual en este país. Sobre todo si no se canta nada con sentido o si se mueve el pelvis a lo Elvis. Un país sensacionalista, morboso, victimoide. Conocido a nivel mundial, principalmente a punta de desgracias, desventuras y lanzas internacionales que exportan un poco de nuestra "astuta" cultura. Compatriotas que alardeaban con sus celulares de palo en el auto, chequeras de juguete compradas en un mercado de pulgas, los carros de utilería repletos en el supermercado.
Bicentenario, camino a la Bipedestación.
A falta de triunfos económicos, culturales, aparece el glorioso deporte. Para sorpresa de muchos, el deporte nacional, es el Rodeo. (Actividad en la cual, dentro de una medialuna, cuatro animales acosan a un novillo)
Pero es el fútbol el producto número uno en los medios de comunicación.
"Vamos, vamos chilenos, que esta noche vamos a ganar" a razón de perder en otros campos, no sólo campos deportivos.
La grada aplaude cuando los "gladiadores" mojan la camiseta patria ¿Y cuando los obreros mojan sus overoles, empapados en el esfuerzo, cuando las trabajadoras se hierven en su propio sudor? Ni media palabra.
La población se amanece para ver como le pegan a Martín o ver a un puñado de mozalbetes, disputando algún premio destacado, en el 11 neuronas por lado.
Y es que, a través de esta presencia se genera un acto de reconocimiento a todos aquellos que necesitan neuróticamente que se les reconozca, entendiendo que Chile es un país edificado sobre las bases del desprecio hacia los demás.
A través de estas actividades, se consolida la unidad nacional que no se tiene en otras áreas. Expresamos que somos un país, somos personas. Somos parte del concierto musical mundial, aún cuando sólo seamos los acomodadores de materia prima para que tomen un entremés los señores.
Los medios azuzan y profundizan aquellas cicatrices de la personalidad y convencen que ese tipo de diligencias son las que de verdad importan.
El deporte, un pasaporte a otros tipos de estadio.
A falta de sociólogos, antropólogos y otros, con trabajos serios y decentes, se crea una nueva carrera de análisis social. Opinólogo, donde el único requisito para ejercer es no tener ningún requisito.
Idiosincrasia de la desgracia.
Cada persona en nuestra sociedad se siente, "un poquitito" superior a su vecino, a su semejante, amante, compañero, colega. Y son otros son los racistas, xenófobos, otros son los arribistas, los clasistas. Ganadores en todos lados, no existen perdedores.
No se pertenece a la clase obrera-trabajadora, los pómulos no están tan levantados, no se entiende la palabra mestizo, no somos aburguesados, no nos interesan los productos, ni las cosas materiales, son otros, los de la vereda de enfrente los injustos y egoístas.
El registro civil e identificación contempla un festival de apellidos de Estirpe, inventados por madres oscuras, pero que en un acto de candidez, bautizan a sus críos con apellidos elegantemente blancos, nada hispanohablantes, para ver sí así les va mejor en la vida. (En la vida Chilena) Sí el apellido suena alejado de las propias raíces, es sinónimo de superioridad. Aquello de "La raza es la mala" debe ser tal vez, el fundamento eugenésico para tales brillantes reflexiones.
Breve evaluación precoz.
A nivel sexual, Chile presenta una mirada fláccida a la hora de implementar una correcta y amplia educación sexual para con la ciudadanía y su libre albedrío, pero cuando se trata de reprimir, censurar, restringir la libertad a esas mismas personas, las instituciones y personajillos varios, se erectan furiosos contra cualquier cambio de hábito.
Las mujeres, o son putas o santas. Estandarte calificativo que portan los de izquierda o los de derecha. No importando el cuento ideológico que anden promocionando.
En mejores palabras, como dijo, el Maestro Bolaños "De la cintura para abajo, la izquierda y la derecha piensan igual" ¿Quizás, en otros años, se conmemore el Bisextenario?
El Progreso de doscientos años de fundación.
Doscientos años de progreso construidos sobre el intelecto de otros, porque hasta hace poco, en este país no se ha tenido la capacidad de inventar absolutamente nada. Pero, el indio pícaro, los Cafés con Piernas y las AFP, son invenciones para estar más que orgullosos. Quizás el Solmáforo, (Medidor de niveles de radiación ultravioleta en el ambiente), sea una gentileza de los que rompen la capa de ozono y saber cuando calzarse el paraguas de titanio.
En Chile no se ha inventado ni un clavo, y urgidos, somos dueños del terreno. Los adelantos tecnológicos, los ponen otros. Quizás el clavo como pestillo en las puertas, la cinta adhesiva en el cableado eléctrico por años, el papelito en la pata corta de las mesas, el estilo Circo Chamorro.
¿Ha progresado Chile? ¿Progresar es igual a comprar?
¿Es ese el paradigma? Sí uno se compra un automóvil, la gente cree que eso es progreso, se ha "progresado", mejorado. Progreso significa ser mejor que el que No compra. Es decir, el que No compra es un ser imperfecto, por lo tanto, no progresa.
Progreso es igual a comprar, comprador es igual a: mejora, avance, perfeccionamiento.
¿Entonces el progreso es igual a vender, a comprar? ¿Compra y venta?
Progreso: Avance hacia el conocimiento y el dominio total de los medios de producción y la naturaleza, o sea, mejorar la condición humana. Abarca la totalidad. Todos.
Desarrollo: Sería la evolución paulatina de una economía hacia mejorar el nivel de vida. Pero se refiere por lo general a un solo sector de la vida pública. Algunos.
Llama la atención que ante tanto progreso, aquí no haya tecnología ni para hacer una calle. Las carreteras están concesionadas a empresas privadas extranjeras y se tiene que pagar por el libre tránsito que contempla, incluso, el vademécum legislativo del 80.
He ahí quizás, que ante tanto progreso, a nadie le haya ni siquiera llamado la atención el derrumbe de cientos de monumentos nacionales y que se hayan instalado sobre sus ruinas, esos sofisticados "Mall" como cuna-hamaca de las grandes deposiciones culturales e intelectuales de todo el país.
Epitafio.
Chile pareciera un país rotundamente enfermo, en estado maniaco-represivo crónico. Dando la impresión que en 200 años, no se ha hecho más que repetir una y otra vez los mismos errores, por los mismos individuos y organizaciones. Donde el narcisismo político de algunas estructuras y personas, no les permite ver más allá de sus matrices y narices.
La idiosincrasia apunta a un ritmo de vida acelerado, lo cual no permite detenerse a reflexionar sobre algún punto.
Un país de Católicos y Evangélicos disputándose el mercado de creyentes.
Existe la imperiosa, histérica necesidad de meterse en la vida personal de los demás.
Tendencia a un patrón de conducta, de Voyeurismo social-personal, nacional que aceita las quijadas y miradas, en el hablar y contemplar, por ejemplo los famosos Reallity Show.
¿Si Radiotanda, el siniestro Doctor Mortis, Lo que cuenta el viento o la Tercera Oreja volvieran, mejoraría ésta sintomatología?
Tanteando lo evolutivo, aparecen, el indio, el mestizo, el gañan, el roto: ¿ahora el flaite?
El Virrey, el duque, marqués, el conde, el arzobispo, el encomendero, el industrial, ¿El empresario?
Los chilenos, eso sí, somos muy educados, formales, atentos, solícitos, respetuosos, corteses, prudentes, considerados, afables.
Con los extranjeros, (Europeos y Estadounidenses) con los patrones, con los jefes, con los blancos, rubios y azules ó con los que tienen algún poder económico.
Entre pares, existe la costumbre de menospreciar y menoscabar lo que provenga de un compatriota, lo que en Chile se conoce como "Chaqueteo" Humillar al otro, para auto confirmar la propia (superior) identidad
El escudo de armas expone un Huemul en peligro de extinción, gracias a la deforestación y sus pinos asesinos. Animal que la mayoría de los chilenos no ha visto en su vida.
Como mitos urbanos, muchos aseguran que la bandera chilena es la más hermosa del planeta y el himno patrio, sólo es superado por la Marsellesa, aseveraciones seriamente fundamentadas por la fantasía popular.
Quizás, debido a tanto fracaso, es que existe una inclinación a las celebraciones. Y reflexionar, sólo sea para amargados. El mes de Septiembre podría ser declarado el mes del Borracho y el Carnívoro, donde los más patriotas son los dueños de botillerías, ramadas y carnicerías y nadie se cuestiona acerca de los miles de millones que cuesta en el área de la salud, por ejemplo, atender las consecuencias del mes de la patria y de tantas personas que les gusta estar siempre a medio filo.
¿Y si fuéramos nosotros los invasores de nuestra propia casa, los traidores a esa concepción abstracta que llamamos patria? ¿Patria? ¿Cómo se le puede llamar patria a un lugar donde uno no tiene ni una casa, ni un miserable pedazo de terreno donde alimentar los críos?
Una cosa es clara. El placer inmoviliza, el dolor genera movimiento.
Es a través de los dolores de la patria, que se deben generar movimientos para no repetir, esos mismos dolores
Algún atento lector podría pensar que el título de esta crónica contenga una inadvertida redundancia. En cambio no, la redundancia es deliberada porque existen naturalmente aquellos dos "onces": el nuestro y aquel otro.
Existe más que un punto de encuentro entre ambos onces. El sistemático terrorismo de estado desatado el 11 de septiembre por Pinochet y el fanático terrorismo que golpeó el corazón del imperialismo norteamericano. El punto de encuentro de mayor dramatismo entre ambos terrorismos es aquel que se encuentra en las víctimas inocentes que generaron respectivamente. La idea requiere mayor desarrollo.
En ya lejanos años cuando el autor de estas líneas enseñaba en la Universidad de Glasgow, adonde fue empujado por el golpe de Pinochet, un distinguido colega de aquella universidad -Alec Nove, gran conocedor también de la economía chilena- escribió un libro señero a fines de la década de 1970 relativo al gran tema de su vida: la economía soviética. Señero porque en tal libro se podían entrever que los sutiles cambios que entonces se estaban produciendo en esa enorme sociedad podían conducir a transformaciones fundamentales que potencialmente llevarían una transformación radical del sistema mismo. Al explicar los efectos de las primeras diferenciaciones en los niveles de salarios efectuadas bajo Kruschev durante la década de 1960 -para estimular la redistribución de la mano de obra- Nove se mostró sorprendido por la inesperada magnitud de la migración resultante de tal diferenciación, a pesar de las grandes rigideces que impedían una movilidad geográfica de los trabajadores. Entonces escribió una frase que se fijó en mi memoria: "A man has two feet and can walk" (El ser humano tiene dos pies y puede caminar).
Me volvió a la memoria la frase de Nove una vez en el año 2002 cuando, caminando por el centro de Guayaquil, con la intención de visitar el Museo Antropológico, divisé una gran muchedumbre en las puertas de lo que yo suponía que fuese tal Museo. Entonces cavilé alegremente en que los buenos amigos guayaquileños seguramente amaban su museo puesto que tantos se aglomeraban ante sus puertas. Al llegar a tales puertas llegó también la doble desilusión: el museo estaba cerrado por su eventual traslado a un local renovado y la aglomeración se explicaba porque al lado del museo se encontraba el consulado de los EE.UU. Eran los cientos de ecuatorianos que aquel día esperaban obtener visa para viajar a aquel país norteamericano. En el curso que dictaba aquellos días para profesores de economía yo había alabado el hecho que, después de la dolarización, se había detenido el crecimiento del desempleo en Ecuador. Los profesores ecuatorianos me respondieron casi al unísono: "No colega, nuestro desempleo sigue creciendo, solo que nosotros exportamos a los desempleados, hacia España, hacia Europa en general y hacia los Estados Unidos."
La aglomeración frente al consulado aquella tarde corroboraba lo que habían dicho mis colegas. "A man has two feet..." pensé entonces. En la profunda noche de aquel día, o más bien en la madrugada del siguiente, regresando a mi hotel me circundó un grupo de niños, algunos de no más de tres años, que mendigaban a tales horas de la noche. Al viajar hacia el aeropuerto un par de horas más tarde, a las 4 de la mañana, pude ver la ciudad aun semidormida, pero en modo literal, puesto que tanta gente dormía por todos los rincones, portales y veredas en la intemperie urbana de Guayaquil. Volví a pensar en la gente humilde que se había aglomerado frente al consulado y me repetí con más fuerza: "A man has two feet..."
Muchos humildes inmigrantes han llegado a Europa, Australia, Canadá y los EE.UU. precisamente empujados por la pobreza; muchos más que aquellos expulsados por la violencia política. En un sentido profundo, todo el universo humano de nuestro planeta es producto de la migración, desde que comenzó el gran éxodo multi-milenario del germen humano primigenio que nació en el corazón de África.
Volviendo al tema de los dos "onces", entre las víctimas del atentado contra las Torres estaban aquellos humildes latinoamericanos que, con dos pies y con la habilidad de caminar y expulsados por la miseria, emigraron buscando una vida digna para sus familias en extrañas y lejanas tierras. Si bien los autores del atentado contra las Torres intentaron golpear al imperialismo norteamericano, con su acción también golpearon a muchos humildes inmigrantes que duramente trabajaban en aquellas Torres. Ciertamente aquellos trabajadores, muchos ilegales y todos pobres, nunca aplaudieron las invasiones de los ejércitos asesinos del imperialismo contra los cuales probablemente se había dirigido el atentado.
Sería absurdo pensar que cada ser humano que habita en los Estados Unidos es un enemigo imperialista. Las sociedades son realidades complejas dentro de las cuales existe una rica diversidad cultural. Justificar un ataque a cualquier parte de los Estados Unidos y que afecte a cualquier segmento de la sociedad norteamericana significa caer en la trampa de la falacia pars pro toto: tomar la parte por el todo o el todo por las partes. Equivale a pensar en blanco y negro sin advertir la rica cromaticidad de los fenómenos sociales.
Caer en tal falacia, vale decir, el tomar la parte por el todo, representa esposar una injusticia social de enorme magnitud. Representa hacer un fardo en que se incluye la yerba buena entre la maleza. Aunque pienso fundamentalmente en los humildes trabajadores que atendían las cafeterías en los pisos de las Torres, los que trapeaban los largos corredores, los que atendían los ascensores, en suma, los hermanos nuestros que provenían del sur del mundo, también pienso en los norteamericanos que no son imperialistas, tanto como en los millones y millones de musulmanes que no son terroristas.
El ataque terrorista del 11 septiembre entregó armas y ayudó a justificar en el mundo, en forma espuria naturalmente, la salvaje reacción imperialista contra la cual tantos, tantísimos, honestos ciudadanos norteamericanos protestaron vivamente. Cuan feliz habría estado Pinochet en sus días si algún estúpido -en protesta contra su brutal dictadura- hubiese hecho volar algún banco o edificio comercial en Chile asesinando a sus trabajadores. Si la fuerza de nuestra crítica contra el imperialismo se basa en una lucha moral por la justicia y contra el sufrimiento de seres inocentes que resultan víctimas "colaterales" en tierras lejanas, se requiere la misma conducta ética para condenar el asesinato de gente absolutamente inocente dondequiera que esto ocurra. No hacerlo equivale a debilitar y transformar en inconsecuente la protesta cuando se asesina a gente inocente.
Es imperativo mantener en nuestras mentes perennemente cuan enorme y multifacético es el universo que llamamos Estados Unidos. Esta inmensa sociedad es fundamentalmente un crisol de culturas, muchas que ahí llegaron como resultado de la brutal compulsión de la esclavitud de africanos o de la explotación de los culíes chinos como también de los millones de irlandeses que expulsó de su patria la gran hambruna de la papa, los judíos que escaparon de los pogroms de Rusia zarista y de Europa central; más tarde de los emigrantes nuestros que ayudaron a extraer el oro de California donde algunos se quedaron y otros se trasladaron a México. (Cualquier viajero de nuestra tierra seguramente se emocionará -como le ocurrió al autor de estas líneas- cuando un habitante de Oaxaca hace escuchar una "chilena" -género musical que surgió de las guitarras y voces de viejos mineros chilenos que cantaron, vivieron y murieron en esas lejanas tierras). Más tarde llegaron a Estados Unidos los millones de italianos y, en el último siglo, se produjo el flujo sostenido de mexicanos y centroamericanos. Tal es la multiforme composición étnica y cultural de ese monstruo del norte y en este complejo y rico universo es preciso distinguir entre el trigo y la paja. Tan multiforme era también la composición de las víctimas de las Torres.
En la firme y resuelta condena del imperialismo, pero evitando la miopía cromática de ver las cosas solamente en blanco o negro, es preciso recordar que fueron norteamericanos los soldados que murieron en lejanas playas durante la lucha contra el nazismo; norteamericanos los que lanzaron ese gran grito libertario de Berkeley; norteamericano fue Martin Luther King, norteamericanos Edgard Allan Poe, John Dos Passos, Steinbeck, Mark Twain, Longfellow (a quien tanto admiraba nuestro gran vate) y tantos otros gigantes intelectuales de ese universo del norte. Norteamericanos los que promovieron y fueron víctimas del primer "Primero de Mayo" como también lo fueron los fundadores del IWW (International Workers of the World), aquellos nobles Wobblies que dignamente lanzaron su lucha proletaria en EE.UU. y también en el mundo, incluyendo obviamente Chile; norteamericano fue José Bigg, ese gran leader obrero nuestro durante la brutal matanza de la Escuela Santa María en 1907. Pero no todo es historia remota, también es norteamericano (más aún, neoyorqués) Woody Allen y su saxofón, como lo fueron Satchmo Armstrong, Ella Fiztgerald y todos los negros que desde la profundidad del tiempo nos regalaron el jazz; norteamericanas son las nuevas generaciones y generaciones de hijos de inmigrantes de nuestras tierras. Norteamericano es Noah Chomsky como también Michael Moore, quienes lúcidamente fustigan el imperialismo norteamericano desde su interior. Son norteamericanos los que eligieron a Obama, con sus contradicciones pero también con su mensaje de ruptura con algunos aspectos de la injusticia social que ha reinado en Estados Unidos desde tiempos inmemoriales.
El problema que discutimos transciende el ámbito del tema al cual nos estamos refiriendo. Tengo en mis manos un hermoso libro de Tzvetan Todorov titulado "El temor a los bárbaros." En su parte central, citando a Claude Levi-Strauss, Todorov sostiene que el barbarismo consiste en "el comportamiento de quienes clasifican a los otros colocándolos fuera de la humanidad" lo cual lleva hacia una paradoja muy significativa: "El barbarismo de nuestros días consiste en el acto mismo de identificar a los otros como bárbaros." Todorov escribe esto criticando la intolerancia europea hacia los inmigrantes que en gran número hoy llegan a tales playas. "En un sentido absoluto" -afirma Todorov- "el barbarismo consiste en el fracaso resultante de la incapacidad de reconocer el humanismo de los demás, mientras que la civilización es, precisamente, la habilidad de observar a los otros y admitir, simultáneamente, que son tan humanos como lo somos también nosotros... Es el temor a los ‘bárbaros' que nos trasforma en bárbaros." La gran tarea social y política de nuestros días consiste en reconocer la humanidad de los demás y unirse con aquellos que la propugnan. Entre aquellos, tenemos que reconocer la humanidad de quienes viven en los Estados Unidos, tanto como la humanidad de quienes viven en Israel o en el vasto mundo árabe. Franz Fanon concluía su gran ensayo "Le syndrome nordafricain" en 1952 diciendo "Si no eres capaz de reconocer la humanidad del hombre que está frente a ti ¿cómo quieres que reconozca la tuya?"
Sin duda causa dolor, mucho dolor, la muerte injusta aquel 11 de septiembre en las Torres de Nueva York de Antonio Javier Álvarez, Michael Díaz Piedra, José Espinal, Henry Fernández, Ramón Grijalbo, Carlos Mario Muñoz, Manuel Patrocinio, Julio Fernández Ramírez, Erick Sánchez, Doris Torres, Luis Eduardo Torres y tantos otros, con nombres que reflejan aun una mayor diversidad étnica y que, en un día cualquiera, fueron a cumplir con su trabajo cotidiano y en ese día, que dejó de ser uno cualquiera, inexplicablemente para sus cónyuges e hijos, nunca regresaron a casa. Sin duda, muchos nos unimos en la lucha contra el imperialismo norteamericano pero específicamente contra él sin identificarlo con la totalidad del pueblo de Estados Unidos ni incluir en él a tantos humildes que tuvieron que llegar a esas tierras porque "el ser humano tiene dos pies y puede caminar."
Veamos ahora nuestro "once". Aquel de Pinochet y sus secuaces. Por fortuna se trata de un Pinochet ya muerto y enterrado pero es difícil tener una certeza absoluta de un certificado de defunción definitivo. Por lo menos, permanece todavía en la memoria de aquellos que vivieron aquel "once" y es de esperar que la memoria histórica de nuestro pueblo conserve constantemente el recuerdo de las atrocidades que se cometieron.
Ordinariamente la muerte de cualquier ser humano genera una actitud de respeto. Sin embargo, cuando se anunció la muerte del siniestro autor de nuestro "once" no pude evitar que se poblara mi memoria con un verso de "Explico algunas cosas", el poema que escribió Neruda sobre Franco y sus generales durante la Guerra Civil:
"¡Chacales que el chacal rechazaría, piedras que el cardo seco mordería escupiendo, víboras que las víboras odiarían!"
Este vago rencor que nos embarga naturalmente surge en el once de septiembre nuestro por los amigos que perdimos, por los inocentes que los chacales asesinaron, torturaron, hicieron desaparecer, aprisionaron o expulsaron a tierras lejanas; por los que no pudieron estar con sus padres mientras estos vivían y ni siquiera cuando agonizaban, por los hijos que nacieron lejanos de nuestra tierra, por los amigos que pudimos tener y no tuvimos, por lo que queda de la dictadura esculpido en nuestras instituciones, en nuestras escuelas, en nuestras relaciones cotidianas, por los resabios de inconsciencia por los que sufren, por la escisión entre nosotros y la inhabilidad de conocer al "otro", por el abismo que se formó entre ricos y pobres, por la presencia de aquellos que nunca comprendieron nada entonces y aun no comprenden nada, por la indiferencia de aquellos "que no son na'".
Permítanme citar solo un ejemplo de los miles de víctimas de nuestro país tan largo pero pequeño y con un 11 de septiembre monstruosamente grande: Mónica Echeverría escribió un hermoso y valiente libro en 1999 titulado: "Crónicas vedadas." Para que nadie olvide, en páginas 266-280 Mónica describe algunos ejemplos de las bestialidades de los integrantes de la Caravana de la Muerte, aquellos enviados de Pinochet que asesinaron bárbaramente a personas inocentes. Aquí va una pequeña muestra para que se entienda la necesaria asociación mental con la imagen de los "chacales que aun el chacal rechazaría... víboras que las víboras odiarían":
Declaración del teniente Enrique Vidal Aller al juez Juan Guzmán sobre La Caravana de la Muerte: "...El teniente Fernández Larios, luego de preguntar dónde estaban los detenidos, fue hasta dicho lugar y, premunido de un arma que consiste en un mango con cadena y una bola con púas, golpeó en la cabeza de los presos. De ese accionar resultó muerto Leonello Vixenti"
Declaración de familiares de Vixenti: "...Leonello tenia el cráneo destrozado cuando apareció su cuerpo en 1991".
Declaración de Alicia Orrego, madre de uno de los torturados: "Solo pude ver el cadáver de mi hijo en el ataúd. De las torturas que sufrió en su cuerpo no puedo dar testimonio... De su cara, de su cuello, de su cabeza sí puedo hablar, lo tengo grabado para siempre. Le faltaba un ojo, el izquierdo. Los párpados estaban hinchados... Se lo sacaron con algo, a sangre fría. Tenía la nariz quebrada, con tajos, hinchada y separada abajo, hasta el fin de una aleta. Tenía la mandíbula inferior quebrada en varias partes. La boca era una masa a la que no se le veían los dientes. Tenía un tajo largo, ancho, no muy profundo en el cuello. La oreja derecha partida y semiarrancada del lóbulo hacia abajo. Tenía huellas de quemaduras o, tal vez, de una bala superficial en la mejilla derecha. Su frente con pequeños tajos y su cabeza en un ángulo muy raro, por lo que creí que tenía el cuello quebrado."
Declaración de un oficial anónimo en el juicio (ante el Juez Guzmán): "... De esas ejecuciones yo presencié como se actuó con sadismo. A varios no los mataban de un balazo, sino a pausas. Fue algo tremendo. Un ejemplo tipo: le pegaban un tiro en las piernas, luego otro, e iban haciendo pausas antes de terminar de matarlos... Fernández Larios fue particularmente duro. Él sacaba el corvo e insultaba al prisionero mientras lo traspasaba."
Por eso la muerte de Pinochet deja un sabor agridulce y nuestro "once" se recuerda con amargura. Sí porque cuando algunos de aquellos que torturaron y asesinaron en Chile están todavía libres, entonces Pinochet todavía no ha muerto. Por cuanto aun existan Darfur, Chechenia, Gaza y otras partes del mundo donde se violen los derechos humanos más básicos, entonces Pinochet todavía no ha muerto.
Y lo que aún importa más que nada: por cuanto existan quienes, sabiendo que tales violaciones se producen y no hacen absolutamente nada, entonces Pinochet aún no ha muerto: La tortura y los asesinatos no solo ocurrieron porque algunos las efectuaron; ocurrieron también porque muchos, sabiendo que aquello sucedía todos los días, permanecieron indiferentes, asépticos e incomprometidos y no hicieron absolutamente nada. El pastor luterano Martin Niemoller, también un prisionero en los campos de Hitler, decía:
"Primero los nazis vinieron por los comunistas, y no los defendí porque no era comunista;
luego vinieron por los socialistas, y no los defendí porque yo no era socialista;
luego vinieron por los sindicalistas y yo no los defendí porque yo no pertenecía a ningún sindicato;
después vinieron por los judíos y yo no dije nada porque no soy judío.
Un día vinieron por mi pero ya no quedaba nadie que me defendiera."
Al final de cuentas, como decía Martin Luther King, "no recordaremos las palabras de nuestros enemigos sino el silencio de nuestros amigos." Los muertos inocentes tanto de nuestro "once" como de aquel otro reclaman un lugar en nuestro viaje por la memoria.
Hizo falta un "sabio competente" como reza la melodía. Porque ya es tarde. Porque hay asuntos que no son de última hora. Se redujo la celebración del Bicentenario de Chile a una agenda mediática, de desfiles militares y navales, inauguraciones de obras que igual se hacían, feriados y espectáculos sin impronta. Remata una Comisión Bicentenario acalambrada por líos de dineros, renuncias enojosas, con ausencia de mujeres y hombres proverbiales para la ocasión, proyectos confusos e inconclusos.
El momento marcado en el calendario de la historia se asoma así como una fiesta frágil, tenue, inocua, cursi. Lo deslumbrante, lo épico, lo reflexivo, lo profundo, lo cimero, lo enaltecedor, lo creativo, lo proyectivo, se torna ausente. Pareciera que los gobernantes de turno no conectaran con los próceres permanentes. Que los programas contingentes no dieran cuenta de los procesos históricos. Se lee, leemos, que para conmemorar los 200 años de independencia de Chile, harán un parque "similar al Central Park de Nueva York". Que dos torres "modernas", inmensas y neoyorquinas, serán parte de las obras bicentenarias. Como si por ahí vagara la identidad de esta estela de territorio habitada primero por indígenas y luego por mestizos que de neoyorquinos tienen lo que un huemul de un oso. Que habrá dos días más de feriado "para celebrar", lo que sólo ha generado un debate de ganancias y pérdidas, de comercio y clientes. Que la Parada Militar será única "porque habrá más soldados" marchando. Y suman obras que, en verdad, tuvieron otro origen y otra intención y que ahora, así de simple, la agregan al listado Bicentenario como si se tratara sólo de sumar estructuras. O seres humanos, porque quieren meter en el programa el caso trágico de los 33 mineros atrapados en Copiapó.
Como un sinsentido o lejanía de lo que sería celebrar lo que somos, o lo que quisimos ser, o lo que debimos ser, emerge una agenda reduccionista, ahistórica, gris, livianita, una agenda meramente mediática y oficialista-oficiosa, que no llena ni valora 200 años de vida, luchas, sacrificios, logros, construcciones, épicas, fracasos y consagraciones, certezas y contradicciones.
La identidad, la historiografía, la significación, los hitos, los personajes, los procesos, las tragedias, las rebeldías, la razón de la fuerza y la fuerza de la razón, los colores y las tradiciones, las dignidades y las soberbias, los cantos y las geografías, los monumentos de momentos, las manos y las mentes de los que construyeron estos 200 años, todo lo que enaltece dos Siglos de aquella independencia -no la única ni la primera-, se desvanece, desaparece, se diluye, en los dibujos mediáticos, las inauguraciones tenues de último minuto, los feriados, el show. Se aparece un Bicentenario chanta. Disminuido. Dócil. Porque si 200 años dejan huella, no habrá huella de la celebración. Cuando era el momento nuestro, de los nuestros, para los nuestros.
Cómo hará falta la mirada del estadista, la melodía intensa, la letra descubridora, el pincel agudo, la historia verdadera, los rostros de los que fueron y nos hicieron, las lanzas de las rebeldías, el color y la fisonomía de esta tierra larga y estrecha, profunda y fuerte, en fin, la intensidad y la bravura de 200 años que no se hicieron para poca cosa porque no es poca cosa. Momento profundo, de grandes creaciones, de profundas palabras, de espacios gloriosos, de obras enaltecidas, de sellar la identidad. Sin prejuicios, con las contradicciones de una Nación contradictoria, con las verdades enteras y no a medias, con los claroscuros de un país que se fue inventando y creando con la fuerza de la historia y una historia hecha a fuerza.
Era, debió ser, un momento de iluminación, de consagración, de convocatoria, de movilización, de emociones, de profundidades, de fiestas auténticas, de reparación, de restauración, de análisis, de educación. Era el momento de haber convocado a la creación de grandes obras históricas, literarias, plásticas, arquitectónicas, urbanas, juveniles, de abrir al país a sí mismo, en cada región y rincón, de haber llenado los espacios de arte, historia, música, danza, reivindicaciones de la tierra y de sus próceres de todos los ámbitos. Sentir que este es un país que valió, que vale la pena.
Momento para sentir y percibir en espacios abiertos, por ejemplo, el legado de Gabriela, Pablo, Matta, Violeta, Arrau y Víctor. De adentrarse en las historias de los mapuches, de los independentistas, de los guerrilleros, de los sindicalistas, de las mujeres emancipadoras, de las gestas sociales, de los hitos que hicieron a esta patria, que la dibujaron, la perfilaron, la consagraron.
¿Dónde estará todo eso el 18/9/010? ¿En qué mentes, talleres, espacios, corazones, manos, ojos, escritos, sentimientos, creaciones? ¿Estará oculta la identidad de la tierra y del pueblo dos veces centenario? ¿Se asomarán por las cúspides cordilleranas los ojos de José Miguel, Bernardo, Manuel, Javiera, Salvador, Miguel, Luis, Clotario, Raúl, para mirar cómo los recordamos, cómo reivindicamos lo que fueron para que fuéramos? ¿Surcarán las araucarias milenarias Lautaro y Guacolda, Caupolicán, su pueblo, para redescubrir que son los olvidados de siempre? ¿Será para las niñas y los niños una mera fecha de festejos que no calará la piel para sentirse de verdad hijos de una patria que merecen? ¿Habrá algo que lleve la palma de la mano de chilenas y chilenos a su corazón sintiendo que allí late de a de veras una historia tricolor de luchas, sangre y justicia, que al mirar el cielo, el mar y la tierra haga brotar lágrimas de orgullo y que al voltear sean estremecidos por lo que fueron y lo que hicieron los que tuvieron honor, palabra, sabiduría, dignidad, valentía, audacia, arrojo? ¿Habrá alguien o algo que recuerde que en este trozo del planeta se ha bregado para extirpar la ignorancia, la indolencia, la injusticia, la explotación, la desigualdad, la discriminación, la dependencia, la mentira y el olvido?
Chile debería haber sido Bicentenario en cada minuto, hora y día de este año. Por televisión, radio, diarios, avisos, gigantografías, imágenes, debió brotar a cada instante la frase "tú eres Chile, tú eres Bicentenario" para reconocernos en la fecha-hito. Que el Bicentenario nos recordara, nos hiciera recordar, nos llamara a recordarnos.
Acaba de conocerse el contenido de las grabaciones secretas de las conversaciones sobre Chile entre el ex Presidente Richard Nixon y su consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger. Las cintas dan cuenta del grosero lenguaje con el que tramaban el derrocamiento de Salvador Allende, a quien trataban de "hijo de puta" y decían que querían "patear su trasero". Aunque impreciso en las fechas, uno de los diálogos podría constituir el primer reconocimiento del rol de la CIA en el asesinato del general René Schneider.
"Es un estado fascista", declaraba el Presidente Richard Nixon durante una conversación sobre Chile en el Salón Oval de la Casa Blanca. No hablaba sobre el Chile del sangriento régimen del general Augusto Pinochet. Al contrario, él y su consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, se estaban quejando por el triunfo de la coalición de Salvador Allende, la Unidad Popular, en las elecciones municipales de abril de 1971. La única forma en la cual parecían capaces de comprender la creciente popularidad de Allende era comparar al Presidente chileno -un socialista de toda la vida- con Adolf Hitler. "Esto es como una estrategia alemana", le dijo Kissinger a Nixon el 6 de abril de 1971, durante un encuentro de una hora. Algunas semanas más tarde, el sistema secreto de grabación de Nixon registró a Kissinger sugiriendo que los chilenos "están actuando en esto como actuaban los nazis con el Reichstag".
Casi 40 años después de que fueran subrepticiamente grabadas, las cintas de Nixon siguen siendo un regalo a la espera de ser entregado a historiadores y a estudiantes de historia. El sistema de grabación se hizo conocido por la infame conversación sobre el escándalo de Watergate, cuando fueron descubiertas y llevaron a la renuncia de Richard Nixon, ante un inevitable impeachment (juicio político).
Pero las grabaciones de Nixon, 3.700 horas de conversaciones que mayoritariamente tuvieron lugar en el Salón Oval durante un periodo de 883 días, entre febrero de 1971 y mediados de julio de 1973, también corresponden a la mayor parte del tiempo en que Salvador Allende fue el Presidente de Chile constitucionalmente electo. Y capturaron las voces sin maquillaje, a veces histriónicas, de un presidente imperialista y sus más altos asesores refiriéndose a Allende como "hijo de puta", discutiendo cómo "patear su trasero" y "remover" a Allende.
Esta semana, en Estados Unidos un grupo de historiadores y ex funcionarios del Departamento de Estado, conocido como nixontapes.org, publicó casi 100 páginas de transcripciones y enlaces a audios reales de Nixon, Kissinger, el secretario del Tesoro John Connally y otros altos funcionarios discutiendo sobre Chile. Las grabaciones y transcripciones nos permiten convertirnos en una mosca en el muro que escucha a los más poderosos funcionarios del país más poderosos del mundo discutir qué hacer con un pequeño país de América Latina que desafiaba la hegemonía política y económica de Estados Unidos. A pesar de que todas las referencias a las intervenciones encubiertas que llevaba a cabo la CIA para desestabilizar a Allende permanecen clasificadas (y borradas de las grabaciones) las discusiones que ahora pueden escucharse son un ejemplo de la mentalidad imperialista del Presidente y sus hombres.
El problema de la expropiación
De acuerdo a las transcripciones de las cintas, nada parece haber molestado tanto a Richard Nixon como la decisión del gobierno de Allende de iniciar la nacionalización de las empresas estadounidenses que habían dominado la economía chilena por décadas. Nixon creía que la respuesta de Estados Unidos debía ser cortar a Chile todos los créditos bilaterales, incluyendo los préstamos bancarios para exportaciones e importaciones, bloquear los créditos multilaterales y evitar que Chile renegociara su deuda externa. "Quiero que sepas", le dijo Nixon a Kissinger, "que no quiero hacer nada por Chile. Nada".
El Departamento de Estado, que era más sensible a las leyes internacionales y a las obligaciones de Estados Unidos con los organismos multilaterales, no estuvo de acuerdo. Pero Nixon encontró un fuerte aliado en su conservador secretario del Tesoro John Connally, quien le dijo que si Washington no se paraba frente a Allende, otros países de América Latina empezarían a nacionalizar negocios estadounidenses. La posición de Connally, le dijo Nixon a Kissinger en una reunión del 11 de junio de 1971, era que "el efecto en el resto de Latinoamérica, sin importar lo que escuchemos desde el Departamento de Estado y el resto, va a ser malo para nosotros, dejar de molestar a los chilenos y ser tan delicado con ellos". Adicionalmente, continuó Nixon, "en lo que a la opinión pública americana concierne, los americanos mueren de ganas de que golpeemos a alguien en el trasero".
"Mis convicciones sobre esto son muy fuertes", afirmó Nixon. "Todo lo que hacemos con el gobierno chileno será observado por otros gobiernos y grupos revolucionarios en América Latina como una señal de que lo que pueden hacer y salirse con la suya. Por lo tanto, tiendo a estar en contra de hacer cualquier cosa por ellos". A medida que la reunión seguía, Nixon dijo a Kissinger y Connally: "quizás deberíamos encontrar un lugar para golpear a alguien en el trasero".
Luego los tres discutieron sobre Salvador Allende, transformando su esfuerzo por evitar una confrontación con Washington en una suerte de esquema deliberado:
Nixon: Oh, maldita sea, John, [Allende] es inteligente.
Kissinger: ...muy inteligente.
Nixon: Es cierto.
Connally: Muy inteligente.
Kissinger: Entonces-
Connally: Incluso muy duro.
Kissinger: -Mirando el registro, él-esto debe servir a su propósito de que no haya enfrentamiento [con EE.UU.].
Nixon: Eso es correcto.
Sólo unos meses más tarde, luego de que Allende decidiera crear un "impuesto al exceso de ganancias" a las compañías mineras Annaconda y Kennecott y no pagar compensaciones por nacionalizar sus minas, el 5 de octubre de 1971 Nixon dijo a Kissinger: "He decidido remover a Allende". Connally puso entonces el tema de un golpe: "...y lo único que usted puede esperar es tenerlo derrocado y, en el intertanto, usted puede lograr su punto para probar, a través de sus acciones en su contra... que lo que está cuidando son los intereses de Estados Unidos". Para Nixon, Estados Unidos había finalmente encontrado "un tipo al que podemos golpear". Urgió a sus asesores a "entregarnos un plan. Los voy a golpear".
"Todo vale en Chile. Golpeen sus traseros, ¿ok?", instruyó Nixon a Kissinger al final de la reunión. "De acuerdo", respondió Kissinger.
El asesinato de Pérez Zujovic
El 8 de junio de 1971, el ex ministro del Interior Demócrata Cristiano, Edmundo Pérez Zujovic, fue acribillado en un descarado asesinato político. En Chile, su asesinato evocó el reciente recuerdo del golpe respaldado por la CIA en contra del comandante en jefe chileno René Schneider, menos de nueve meses antes, cuando la CIA había intentado bloquear el juramento presidencial de Allende creando un "clima de golpe". En Washington, la transcripción de las cintas desclasificadas revelan que Nixon, Kissinger y el más alto asesor de la Casa Blanca, H.R. Haldeman, tenían un interés particular en la reacción chilena al asesinato de Pérez Zujovic y se les puede escuchar bromeando sobre la situación:
Kissinger: Los hijos de puta nos están culpando a nosotros.
Haldeman: ¿Culpando a la CIA? [risas]
Kissinger: Están culpando a la CIA
Nixon: ¿Y por qué demonios lo habríamos asesinado?
Kissinger: Bueno, primero, no pudimos. Estamos-
Nixon: Sí.
Kissinger: La CIA es muy incompetente para hacerlo. Recuerde-
Nixon: Seguro, esa es la mejor parte...
Kissinger: -Cuando trataron de asesinar a alguien, tomó tres intentos-
Nixon: Sí.
Kissinger: -y después de eso vivió tres semanas.
Aquí, Kissinger parece estar refiriéndose, y por primera vez realmente admitiendo, al rol de la CIA en el asesinato del general Schneider. Después de varios intentos abortados de un grupo de militares en retiro y oficiales activos que habían recibido armas y fondos de la CIA, Schneider fue interceptado y le dispararon camino al trabajo el 22 de octubre de 1970. Murió tres días más tarde -no tres semanas, como decía Kissinger-, producto de las heridas.
De acuerdo a las grabaciones, la conversación giró luego hacia cómo la administración Nixon podía transformar el asesinato en una oportunidad para golpear a Allende. El gobierno de la Unidad Popular, informó Kissinger al Presidente, había usado el asesinato de Pérez Zujovic para "imponer le ley marcial y para realizar un fuerte ataque contra nosotros". La respuesta del Presidente: "Entonces vamos a darle-dejémosle que lo sientan". Como era de esperar, Kissinger estuvo de acuerdo. "Creo que debemos usarlo como un pretexto". Más adelante en la conversación, Nixon y Kissinger infirieron que la gente de Allende estaba detrás del asesinato como una maniobra política para ayudar a consolidarlo; estuvieron de acuerdo en que "el asesinato prueba" que Allende estaba "avanzando hacia un gobierno de un solo partido lo más rápido posible"
"Creo que este tipo está tomando el dominio completo de ese país", declara incorrectamente Nixon. "Déjenme decir que en todas las futuras acciones hacia Chile prefiero la línea más dura".
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Desafortunadamente para el bien de la historia, al momento en que Allende fue derrocado el 11 de septiembre de 1973, Nixon ya había apagado su grabadora del Salón Oval. En julio de ese año, durante las dramáticas audiencias del caso Watergate en el Congreso, un asesor de la Casa Blanca reveló la existencia del sistema de grabación secreto. El Congreso inmediatamente exigió que la Casa Blanca entregara todas las cintas; Nixon reclamó "privilegio ejecutivo" y se negó. Sólo después de que la Corte Suprema sentenciara que no podía esconderlas más de las autoridades legales, el Presidente entregó las cintas. Éstas revelaron que había mentido sobre su rol en el "asalto" a la sede del Partido Demócrata en el edificio Watergate, lo que forzó su posterior renuncia.
Sin embargo, otro sistema de grabación secreto no fue detectado y se mantuvo operativo: el de Henry Kissinger. El 16 de septiembre de 1973, el sistema de grabación de Kissinger registró su primera conversación telefónica con Nixon después del golpe en Chile. Su conversación (desclasificada por petición de mi organización) captura sus actitudes mientras un régimen verdaderamente fascista consolidaba el poder a través del derramamiento de sangre en Chile:
Kissinger: La cosa en Chile se está consolidando y por supuesto los periódico están balando porque un gobierno pro comunista fue derrocado.
Nixon: ¿No es eso algo? ¿No es eso algo?
Kissinger: Quiero decir en vez de estar celebrando-en el periodo de Eisenhower habríamos sido héroes
Nixon: Bueno nosotros no-como sabes-nuestra mano no aparece en ésta siquiera.
Kissinger: Nosotros no lo hicimos. Quiero decir que los ayudamos. [referencia a la CIA borrada] creó las mejores condiciones posibles.
Nixon: Eso es correcto. Y esa es la forma en que se va a jugar. Pero escucha, mientras la gente está preocupada, déjame decir que no se van a comprar esta basura de los liberales esta vez.
Kissinger: Absolutamente no.
Nixon: Ellos saben que es un gobierno pro comunista y así son las cosas.
Kissinger: Y pro Castro.
Nixon: ...Olvidémonos de lo pro comunista. Era un gobierno anti americano durante todo el tiempo.
*NOTA: En los diálogos, los guiones largos (-) al final de una frase denotan interrupciones, mientras que cuando aparecen en el medio de una frase significa que uno de los interlocutores recomenzando una frase o una oración incompleta. Todas las grabaciones pertenecen al sitio nixontapes.org
*Peter Kornbluh es autor Pinochet: Los Archivos Secretos. (Barcelona: 2004) Dirige el "Chile Documentation Project" en la organización sin fines de lucro National Security Archive en Washington D.C.
Podría decirse que la crisis de eficiencia no importa tanto si, pese a todo, el Estado es "representativo"; es decir, si cuenta con la confianza y la credibilidad de la ciudadanía. O sea: si respira dentro de sí con el aliento soberano de su pueblo.
El Estado -o, si se prefiere- el sistema político, como toda construcción humana, está expuesto a los vientos cívicos soberanos que, más a menudo que no, soplan sobre él. Sosteniéndolo, pero también erosionándolo o derribándolo. Por más que lo quiera, el Estado no está sobre la historia, ni sobre la voluntad de su pueblo. Las leyes que suelen dictarse para apuntalar su estabilidad y su afán de perpetuación, tarde o temprano terminan por disolverse en el caudal fluyente de la soberanía ciudadana.
Cierto es que algunos estados, sostenidos por leyes de apuntalamiento y/o por su monopolio de la "violencia legítima" (Max Weber), duran más tiempo del que debieran, pese al descontento ciudadano y a la corrosión soberana que eso produce en sus fundamentos constitucionales y en su efigie política. Con todo, la contención forzada o artificiosa de esa corrosión no les asegura perpetuidad, sino explosividad. O sea: la probabilidad de que sobrevenga un "reventón histórico". Los estados que van por la vida armados legalmente hasta los dientes para frenar la corrosión ciudadana devienen, por eso, históricamente, en bombas de tiempo.
Ante eso, una mente ciudadana razonable sostendría que lo mejor para todos es que los sistemas políticos nazcan y crezcan fielmente sujetos a la voluntad soberana de las mayorías. Adheridos al fluir de sus sentimientos, deliberaciones y propuestas. Sobre todo si esas mayorías han sido bicentenariamente excluidas, marginadas y sometidas a diversos tipos de dominación traumática para ellas.
Los estados, pues, pueden nacer enfermos (deformes) o enfermarse en el trayecto (por contaminación con virus antidemocráticos o ineficientes). Pero, como quiera que sea, todas las enfermedades estatales han tenido, tienen y tendrán siempre, en este mundo, un solo médico y una sola medicina: la voluntad ciudadana y el ejercicio sanatorio de la misma. Todo lo demás es superchería y brujería políticas. O matonaje militar.
Un Estado nace "deforme" cuando su nacimiento no es el parto natural de la voluntad informada y deliberada de la ciudadanía, sino un aborto "cesarista" manipulado por una intervención militar violenta. Cuando, bajo el amparo de las armas, una camarilla minoritaria redacta escondida el texto de una nueva Constitución. Cuando, al término de eso, se impone un sistema político diametralmente distinto al que proponía y/o exigía la mayoría ciudadana. Cuando se usurpa la soberanía popular construyendo un Estado nacional (cualquiera sea su orientación) a espaldas de ella. O sea: traicionándola, no representándola. Cuando, en suma, se perpetra un crimen de lesa soberanía. En este caso, el tipo de Estado que resulta de ese proceso va por la historia arrastrando su deformidad y monstruosidad de nacimiento: su ilegitimidad. El prematuro asesinato político de sus padres legítimos.1
En Chile, el Estado impuesto en 1833 por Diego Portales y sus generales a sueldo, tuvo ese tipo de nacimiento. El que Arturo Alessandri Palma impuso mañosamente en 1925, nació del mismo modo. El que impuso Augusto Pinochet mediante terrorismo militar desde 1973, lo mismo. En verdad, la historia bicentenaria del Estado chileno no conoce la legitimidad. 2 Con todo, alguien podría decir: ¿y qué importa todo eso, si el Estado, como quiera que sea su origen, es "eficiente"?
Si la legitimidad tiene que ver con el "modo de nacer" de los estados, la eficiencia dice relación con su "modo de vivir", es decir, con su modo de administrar los recursos de toda la nación. Por eso, cuando un Estado, luego de 100 años de declamada estabilidad, deja al país atrapado en una etapa preindustrial, con una masa marginal (no integrada a la modernidad) que alcanza al 60% de la población, con la memoria de cinco guerras civiles y 12 masacres de la clase popular (es lo que traía en su hoja de vida el Estado portaliano de 1833 al llegar al período 1910-1925), entonces, cabe decir que ese Estado estaba sumido en una grave crisis de eficiencia.3
Podría decirse que la crisis de eficiencia no importa tanto si, pese a todo, el Estado es "representativo"; es decir, si cuenta con la confianza y la credibilidad de la ciudadanía. O sea: si respira dentro de sí con el aliento soberano de su pueblo. Sin embargo, si la crisis de eficiencia se arrastra por mucho tiempo (por ejemplo, un siglo), entonces las mayorías ciudadanas retiran su confianza y el Estado de marras queda suspendido, con toda su carga de políticos y militares, sobre un vacío de sustentación. Convertido en burbuja de aire. En una cáscara decadente sin enjundia ciudadana, que, corrupta, se desmorona por su propio peso. Es lo que le sucedió al Estado portaliano (de 1833) hacia 1910-1925. Esta específica enfermedad estatal tiene un nombre propio: crisis de representatividad. 4
No son ésas, sin embargo, las únicas enfermedades históricas del Estado. Pues hay también otras que no se originan en la identidad que debe existir entre el Estado y su pueblo soberano (plano de la legitimidad), sino en la relación paritaria que debe regir entre los estados (plano del mercado mundial). Porque el Estado, si se funda sobre una base nacional y si se sustenta en una constitución y un discurso de legitimación nacionales, debería sostener paritariamente ese nacionalismo en el mercado mundial. Pero, si en lugar de sostener esos principios nacionales los diluye sistemáticamente al admitir una y otra vez la penetración (o invasión) masiva de los poderes económicos y culturales que hegemonizan el mercado mundial, entonces incurre en una crisis de lesa nacionalidad. Cuando ésta ocurre, la nación pierde su alma cultural, su independencia económica, su impulso vital y se anonada progresivamente en procesos lentos de colonización o recolonización. En ese contexto, el Estado se ahueca, pierde sangre nacionalista y se diluye hacia fuera, en hemorragia existencial. Es lo que le ocurrió al Estado portaliano (de 1833) hacia 1910-1925, cuando los capitales extranjeros llegaron a controlar el 66% de la economía capitalista del país, cuando la clase dirigente se quedó sin imaginación ni poder efectivo para desarrollar la nación y cuando la clase popular se hundió sin remedio en la miseria de los conventillos, reventando incluso la caridad.
En la actualidad, desde la crisis de 1982, todos los estados nacionales organizan sus países para facilitar el aterrizaje del capital financiero internacional. Ese viajero apátrida que, guiándose por las "clasificadoras de riesgo" (Standard & Poor's, Moody's, etc.), trae y lleva, a toda velocidad, inversiones "desarrollistas". Al prepararse el país para su ansiado aterrizaje, el alma nacional del desarrollo deja de habitar el corazón del capital industrial para dejarse llevar sobre las alas burbujeantes del mundializado capital financiero: esa vía láctea de glóbulos en retail que exige perentoriamente eliminar aranceles protectores, diluir trabas burocráticas, aniquilar royalties mineros, pulverizar el cemento "empresarial" del Estado, borronear la efigie de las fábricas, aniquilar el derecho de propiedad de los trabajadores (sobre sus cotizaciones previsionales) en beneficio del poder administrativo del capital, atomizar los planes nacionales en millonésimos small projects, proliferar al infinito los contratos laborales precaristas, educar para competir (no para solidarizar), gobernar para internacionalizar, etc.
Empujado por el vértigo de esas "inversiones", el Estado nacional -concuerdan los nuevos sociólogos y cientistas políticos- ha comenzado a ceder, repartir y licitar poderes hacia arriba, hacia abajo y hacia el lado. Como centrifugadora. Como tributo a la globalización y miniaturización de lo nacional. Y el resultado histórico neto -dicen los intelectuales supradichos- es el ahuecamiento del Estado.5 Con ello se está abriendo una transición paulatina hacia un Estado global que, por ahora, es sólo un ubicuo gendarme militar (Estados Unidos) y un capital financiero altisonante y hegemónico, pero con pies de barro (en Wall Street).6 Como quiera que sea, el ahuecamiento estatal es, ya, un hecho (sobre todo en Chile). Y este hecho está desfondando la línea de flotación de todos los solícitos habitantes profesionales del Estado (la clase política civil) y, más pronto que tarde, también de los guardianes armados del nacionalismo (la clase política militar). El abismo, por eso, se hunde en múltiples remolinos horizontales, los que han desorbitado a "díscolos" por la izquierda y la derecha, envejeciendo prematuramente a la mayoría de los que, siendo jóvenes, se sienten ya indispensables "hombres públicos". Ante semejante derrumbe, la clase política militar hace "ruidos de sables" por aquí y por allá, convocada por nadie, solicitada por ninguno, excepto por la dudosa gloria de sus victorias internas.
Si el Estado nacional se evapora en la estratosfera enrarecida de un capital que burbujea triunfante su especulación febril, los sujetos de carne y hueso, en abierta contraposición, sienten que se están llenando, día a día, de potencia cívica. Porque ya no se sienten huecos, ni títeres (militantes), como se sentían en el pasado, en el apogeo de la sociedad industrial de masas. Y por lo mismo, si la ciudadanía se está llenando de memoria histórica en proporción inversa al ahuecamiento voluntario del estado nacional ¿por qué, entonces, no desconfiar del Estado? ¿Por qué no trasladar la fe política desde el poderoso Estado burocratizado de la época fordista a una ciudadanía que, después de mucho tiempo, siente correr por sus venas esa querida sangre de la soberanía en sí?
El ahuecamiento del Estado nacional es una dolencia grave. Requiere de tratamiento rápido. Eficiente. Tanto más si esa dolencia viene recargada con una fea crisis de legitimidad (1973), con otra no menos fea de ineficiencia y otra de representatividad. Pues, entonces, podría estimarse que se trata de una larvada crisis terminal.
¿Cuáles son los diagnósticos que corren por allí sobre el Estado chileno actual?
Las poderosas "clasificadoras de riesgo" internacionales -devotas hetairas del capital financiero mundial- han clasificado el Estado chileno (en tanto gobernado por la Concertación), en rangos de excelencia, tipo top ten, porque: a) representa poco riesgo para ese capital; b) ha logrado estabilizar el Estado de derecho "democrático" impuesto por la dictadura en 1980; c) ha logrado disciplinar a las clases trabajadoras y a los grupos realmente díscolos bajo el principio (competitivo) de gobernabilidad y d) porque ha demostrado y demuestra practicar una fe neoliberal de rango salvífico en el contexto latinoamericano. Considerando esto, el Estado chileno estaría en condiciones de postularse al club de los países más estables y neoliberales del orbe.7 Sin embargo, no deja de ser sorprendente que esas mismas consultoras clasifiquen a Chile en rangos de franca mediocridad en todo lo que tiene que ver con la empresa, con el valor agregado a los productos importados, con la inversión reproductiva, con la innovación tecnológica, etc.; es decir, con lo relativo a la responsabilidad profesional del empresariado privado.8 Y esto revela que nuestro aclamado neoliberalismo es, en verdad, más de naturaleza política (neoliberal) que de auténtica madera capitalista. Y si se observan las variables relativas a la capacitación laboral, a la cooperación productiva, a la educación general, a la distribución del ingreso y a los indicadores claves del desarrollo social, Chile queda normalmente en los nichos vergonzosos del ranking. Nuestro índice nacional de competitividad, pues, es más engañoso que auténtico.
¿Y cuál es el diagnóstico de los mismos chilenos? Las encuestas de opinión pública que no se abocan a medir el grado de simpatía personal y el perfil electoral de cada "rostro" que circula por la televisión, muestran un cuadro diferente al anterior. Pues, pese al prestigio personal récord de algunos rostros del gobierno, más del 70% de los chilenos dice que no siente credibilidad ni confianza por el gobierno de la República; mientras, más del 80% afirma que tampoco las siente respecto del Congreso Nacional y los Tribunales de Justicia, y más del 90% no siente ni credibilidad ni confianza algunas en los partidos políticos y, sobre todo, en los políticos como "clase".9
En el ranking de la opinión ciudadana, el Estado de 1973 (legalizado en 1980 y "democratizado" tardíamente en 1990) está clasificado, pues, en los nichos inferiores de la confiabilidad y en los superiores del rechazo histórico. Vive, pues, una crisis de representatividad. Al paso que le pena en su pasado cercano el pecado original de su ilegitimidad, y en su presente, su fama ya extendida de distribuidor ineficiente del ingreso nacional. Agregando a eso, además, que, de cara al mercado mundial, padece de ahuecamiento progresivo...
¿No será conveniente, entonces, iniciar una reflexión cívica sistemática acerca de las dolencias históricas de nuestro Estado? Todo indica que es una tarea ciudadana que, día a día, se vuelve más y más indispensable.
Por Gabriel Salazar/Dolencias históricas
1. Ver de J. Habermas: "Problemas de legitimación en el capitalismo tardío" (B. Aires, 1991), pp. 120-128.
2. G. Salazar: "Construcción de Estado en Chile: la historia reversa de la legitimidad", en Proposiciones N° 24 (Santiago, 1994. Ediciones SUR), pp. 92-110.
3. Sobre la crisis de "eficiencia" del orden portaliano, ver de G. Salazar: "Mercaderes, empresarios y capitalistas. Chile, siglo XIX" (Santiago, 2009. Editorial Sudamericana), passim.
4. Ídem: "Del poder constituyente de asalariados e intelectuales (Chile, siglos XX y XXI)" (Santiago, 2009. Ediciones LOM), pp. 25-120.
5. Ver de David Harvey: "The condition of postmodernity" (Oxford, 1990. Blackwell), Part II, y de Bob Jessop: "The future of the capitalist State" (Oxford, 2002. Polity), Chapter III.
6. George Soros: "The crash of 2008 and what it means" (New York, 2009. Public Affairs), Part Three.
7. Es lo que propone el llamado Consorcio de Consultoras para la Reforma del Estado (chileno), a objeto de darle una categoría "mundial".
8. La información detallada respecto al ranking de competitividad que las consultoras internacionales le asignan a Chile desde 1905 puede leerse periódicamente en El Mercurio, cuerpo B.
9. El detalle de estas encuestas en: G. Salazar: "Ricardo Lagos, 2000-2005: Perfil histórico, trasfondo popular", en Hugo Fazio et al.: "Gobierno de Lagos, balance crítico" (Santiago, 2005. LOM Ediciones), 71-100.
"NO HAY NADA PEOR QUE TENER UN JEFE PUSILÁNIME Y COBARDE"
A raíz de la polémica sobre quien grabó y sacó de Chile las cintas con las últimas palabras del Presidente Salvador Allende, el periodista Rubén Adrián Valenzuela, que en l973 trabajaba en Radio Magallanes y hoy reside en Barcelona, España, envió una extensa carta a la Editorial LOM, que no ha tenido respuesta en casi un año. Hoy damos cuenta de esa misiva con la intención de aportar luz a una cuestión que no es menor. Valenzuela dice que él grabó y distribuyó esas cintas en tanto que periodista y no militante. "Por lo tanto, esta es la historia o parte de la historia del periodismo chileno, que comienza con fray Camilo Henríquez y se prolonga hasta nuestros días.
Señores Lom Ediciones: Me he enterado que estais estudiando la posibilidad de editar un libro con el supuesto rescatador de la cinta con las últimas palabras del Presidente Salvador Allende Salvador Allende, el señor Ravest, a quien conocí en Radio Magallanes como "El Chino" Ravest.
Este compañero, a quien le brindé afecto y respeto hasta el día 11 de septiembre de 1973, era el director administrativo de Radio Magallanes (el jefe de Prensa era el periodista Leonardo Cáceres) y juntos, de madrugada, la noche del 10 al 11 de septiembre de ese año, hicimos guardia en la sala de redacción de la emisora. NO había nadie más que nosotros dos y todos los nombres que ahora comienzan a figurar, habiendo sido efectivamente parte del personal de la emisora, fueron sumándose en las primeras horas, del martes 11.
"El joven Valenzuela", como parece que dice cuando se refiere a mí en su texto, supo a las 11 de la noche del lunes 10 de septiembre que el golpe estaba en marcha. Yo era el reportero de Moneda en la Magallanes y cada tanto, en razón de mi anterior frente: Defensa, pasaba al Ministerio, donde conservaba algunos amigos (entre ellos el general Augusto Pinochet, que había sido mi instructor en un curso de corresponsales de guerra en Iquique).
Aquella noche, antes de ir a mi guardia en la Radio Magallanes, visité al Mayor Zavala, quien estaba de oficial al mando el el Min. de Defensa y se aprestaba a pasar la noche en una pequeña habitación, a la derecha de la entrada tras subir las escaleras.
El Mayor Zavala afirmó de pronto, sin requerimiento, que aquella noche comenzaba "un nuevo día para nuestra patria" y sugirió que me fuese a casa ya mismo, porque las cosas se iban a poner muy feas en las próximas horas.
Con esta información me fui a la Radio, donde el Chino Ravest ya estaba en su despacho y cuando le comenté lo que sabía me respondió: "Compañero Valenzuela, ¿usted cree que si hubiera un golpe militar en marcha, un mayor de guardia, sin mando de tropa, se lo iba a contar a un simple reportero de radio?
Con el correr de las horas comezamos a recibir llamadas telefónicas del norte y sur del país, advirtiéndonos de movimientos militares. Nos llamaron de Investigaciones, de Seguridad del Partido Socialista y hasta de Investigaciones, donde querían saber si el director, Alfredo Joignant, había dado señales de vida por ese lugar, pues estaba desaparecido.
Las señales eran tan claras, que varias veces insistí ante Ravest para que llamásemos a la casa del Presidente Allende para informar lo que sabíamos: "¿Despertar al Presidente para contarle un rumor no confirmado?
Ravest me prohibió hacer ninguna llamada más a ninguna persona que tuviese que ver con seguridad y con el Presidente. Yo había insistido diciendo que al menos llamásemos al ministro del Interior.
Como a las 3,00 de la madrugada me llamó la madre de uno de los marineros que habían sido acusados de intentar sublevar a la tripulación de la escuadra nacional. Dijo que un sobrino suyo, que también era marinero, había sido arrestado cuando salía franco para ir a su casa y que nada se sabía de él y se sospechaba que había sido decretada la alerta entre la tropa.
Frente a esta nueva evidencia, pregunté a Ravest, mientras él revisaba un teletipo: ¿Qué pasará esta vez si hay un golpe militar en marcha, compañero?"
Su respuesta, que me ha sonado todos estos años como una burla, fue: "Hay decisión revolucionaria, compañero Valenzuela".
Entre las siete y las ocho de la mañana del día 11 las noticias del retorno de la escuadra al puerto de Valparaíso hicieron evidente que las noticias del golpe estaban confirmadas.
Leonardo Cáceres, que había llegado a eso de las siete, cumplía una extraordinaria labor desde el micrófono, dirigiendo una emisión que llamaron "La voz de la patria".
Ravest, desde su oficina de director ordenó que si había armas entre el personal de la radio, las entregáramos a los encargados de seguridad "para que si vienen los militares a allanarnos, vean que somos respetuosos de la ley".
Confiscaron hasta las limas de uñas de las mujeres y yo tuve que entregar un cortaplumas suizo, multiusos, que había llevado desde adolescente conmigo.
Nuevamente miente Ravest cuando dice que él llamó a La Moneda, al despacho del Presidente, porque el teléfono de magneto estaba en un rincón de la sala de prensa, bajo un cartón que decía en letras de molde: "No tocar".
Cuando nos dejaron bloqueados, sin teléfonos directos, fue como un anticipo de que nos iban a silenciar. Entonces por mi cuenta y riesgo, sin saber si el teléfono de magneto estaba aun activo, giré la manivela y esperé. Tras breves segundos una voz dijo desde el otro extremo de la línea: "Habla Salvador Allende, quién llama?
-Valenzuela, compañero, en Radio Magallanes.
-¿Están en el aire todavía?
- Sí, compañero.
- Quiero hablar, no hay tiempo que perder...
Avisé a gritos a Amado Felipe, para que hiciera la conexión y mientras él hacía lo necesario, el Presidente me habló. Creía que Pinochet no estaba en la conjura y cuando le dije que el general aparecía firmando el bando número 1, respondió que le podían haber tomado el nombre, que intentásemos hablar con él.-
Amado felipe gritó: "Dile que cuente hasta tres y comience a hablar"
Yo estimé que el Presidente no tenía por qué saber que esa era una cuestión técnica de la radio y dije: "Compañero presidente, voy a contar hasta tres y entonces usted puede comenzar a hablar". Conté hasta tres pero el Presidente siguió en silencio, a raíz de lo cual grité: "¡Ya compañero, comience!
El resto ustedes ya lo saben. Mi voz, con la cuenta hasta tres y con mi grito de "Ya compañero, comience", está grabada en la cinta original, que YO saqué de la radio y llevé conmigo a la Posta Central, bajo mi camisa, tras haber sido herido en la esquina de Bandera y Alameda.
El Presidente Allende habló tres veces por Radio Magallanes. No una como se dice. La segunda fue cuando acabó la primera arenga, explicando la situación de la escuadra y su esperanza de que los comandantes en jefe del ejercito y aviación cumplieran con su deber. Cuando acabó, me preguntó si había salido bien. Luego me preguntó si teníamos una "plancha" (equipos de comunicacion Motorola con los que estaba dotada la radio) y cuando le respondí que sí, me ordenó que me fuese a la sede de la Democracia Cristiana y tratara de sacar al aire a Bernardo Leighton, quien, según dijo textualmente: "Ayer me prometió que si había un intento de golpe haría un llamado a las bases de la DC para que se opusieran".
Luego, si nos atenemos a los hechos que he relatado, debo recalcar que yo caí herido en la calle intentado cumplir una orden del Presidente de Chile Salvador Allende.
A todo esto, en la radio, Ravest, cuando escuchó que el Presidente estaba en el aire, corrió hacía la sala de prensa, donde me vió con el teléfono en la oreja, mientras yo, con una mano, tapaba el auricular para que no se filtraran los ruidos. Me hizo un gesto de reprobación con la cabeza y en eso llamaron de la planta de la emisora para decir que tenían problemas con los carabineros que estaban allí para protegerla. Ravest gritó, casi encima del teléfono por el cual hablaba el Presidente . "¡Que saquen esa gente y que pongan otra!", cosa que también está grabada a mitad del discurso.
Allende acabó con un "Viva Chile, vivan los trabajadores" y desde el control alguien puso el disco de Quilapayun "No nos moverán", que fue interrumpido en mitad de una frase que se fue yendo en un "fade" distorcionado muy premonitorio de lo que iba a pasar.
Leonardo Cáceres, que había estado en el locutorio apareció en la sala de prensa y autorizó que yo cogiera una plancha y me fuese a la DC, despidiéndose de mi muy afectuoso: "Que no te pase nada, Valenzuela". "Yo respondí una chorrada, producto de la tensión en que estábamos: "No me van bien las chaquetas con agujeros de bala".
Al salir, Amado Felipe me dio un abrazo y un paquete, en un bolsa de papel, en la que iban las cintas (tres, pequeñas) con el original del discurso de Salvador Allende.
Estas cintas las copié mas tarde, en mi casa, en distintos formatos, pero la primera copia, en una cassette, la ocultamos de tal manera que la periodista Verónica Ahumada, hasta entonces secretaria de prensa del Presidente Allende, pudo introducírsela en la vagina y pasar con ella los controles del aeropuerto cuando salió hacia Buenos Aires. Ella entregó esta grabación a los periodistas argentinos y al general Prats, a quien visitaba con frecuencia en su casa de la calle Malabia, ya que vivían muy cerca en Bs.As.
A Verónica la pueden consultar en su actual despacho de La Moneda, donde entiendo que trabaja con la Presidenta Michelle Bachelet.
Todas estas cosas (salvo el detalle de cómo sacó Verónica Ahumada la cinta hacia Argentina) las comenté hace muchos años en el diario Pueblo de Madrid (ya desaparecido) y más tarde en una carta a El Mercurio, con motivo de una corrección a otro que se atribuyó haber conectado a Salvador Allende con radio Magallanes.
Sobre el destino de las cintas y sobre qué pasó con la "plancha" Motorola que intenté llevar a la sede de la DC me explayaré más adelante, si alguno de ustedes demuestra interés por mis notas.
A don Bernardo Leighton le comenté las instrucciones de Salvador Allende, en el Casino (o Círculo no estoy seguro) Español de calle Alameda, cuando le rindieron un homenaje con motivo de su vuelta a Chile, tras el atentado que casi le costó la vida en Italia. El exvicepresidente lloró de emoción al saber que Allende había confiado en él hasta el final y sólo dijo "a esa hora ya todo estaba perdido".
P.D.: Otras prueba de la frágil memoria de Ravest es cuando se refiere al periodista Ramiro Sepúlveda, quien salió de la radio para ir a hacerse cargo de la planta transmisora, pues se pensaba que desde allí se podría seguir emitiendo si nos silenciaban en el centro. Al llegar a la planta Ramiro tuvo un problema con los carabineros dispuestos allí para proteger las instalaciones y, puesto que allí mismo los uniformados se dieron vuelta la chaqueta, lo detuvieron y trasladaron al Estadio Nacional, de donde salió meses.
Se ha celebrado en pasadas fechas el 40 aniversario de un viaje al espacio, de una llegada a un lugar más que remoto -la Luna- y de un paso pequeño para el hombre, pero un gran paso para la humanidad. El triunfo del hombre sobre las estrellas, la demostración de que no hay fronteras que nuestra sociedad no pueda cruzar. Es decir, la prosa que se acostumbra en estos casos. Es una efeméride de gran importancia -no cabe duda- científica, tecnológica y también, por qué no decirlo, económica.Pero hay otras efemérides. Otras historias, a escala más humana y más local, que no tuvieron la posibilidad de ser filmadas, ni retransmitidas por el orbe y que a pesar de ello aún pueden ser recordadas ya que son más cercanas a nosotros, ya que tienen en sí mismas lo mejor del ser humano, su humanidad. Y es que me parece que -en este mundo inconscientemente globalizado- las historias vitales de hombres, mujeres y niños, son más adecuadas de celebrar por ser las verdaderamente humanas.
El siguiente relato es una muestra. Se acerca su efeméride. Se cumplen 70 años. Y justo ahora que el grupo musical chileno -y latinoamericano- de mayor trayectoria y con más conciertos en el mundo, Inti Illimani, ha actuado en Bilbao, en Aste Nagusia 2009, recuerdo las conversaciones que mantenía con Jorge Coulon Larrañaga (fundador y director del grupo) hace unos meses recorriendo los cerros de Valparaíso, ciudad y puerto principal de Chile y de cómo coincidimos, en la deuda histórica que se tiene con un barco, el Winnipeg, con sus pasajeros, con un poeta, con una historia que, sin dudarlo, merece ser contada y recordada. Es la historia de una travesía que empieza en el Golfo de Bizkaia, sigue por el océano Atlántico y termina en el océano Pacífico y de cómo la blanca estela que dejara en estos océanos se transformó en un surco en tierras lejanas donde llegaron semillas que germinaron y seguirán germinando. Ésta es la historia:
Cuando en 1939 le nombran cónsul especial en París, Neftalí Reyes Basualto no imaginaba -o puede que sí- que estaba apunto de iniciar el camino que le llevaría a realizar su mejor obra. Él mismo -con el pseudónimo de Pablo Neruda, como se le conoce- le había propuesto a Pedro Aguirre Cerda, entonces presidente de Chile, llevar a ese país profesionales que huían de la Guerra Civil española o que estaban en campos de hacinamiento en Francia. La respuesta fue "sí, tráigame vascos, castellanos y extremeños, tenemos trabajo para ellos...".
Neruda sentía, como propio, el dolor de esas gentes. Su conciencia humanista, su alma sensible de poeta y los recuerdos de García-Lorca -y de su asesinato-, de la generación del 27 y de otros, entre ellos los poetas vascos Gabriel Celaya, Blas de Otero, el cual le dedica su poema Guernica, le susurraban, a veces, le gritaban, las más, que algo se debía hacer.
Así empieza a dar forma en su cabeza el viaje del Winnipeg, un destartalado carguero de 5.000 toneladas que nunca llevó más de setenta u ochenta personas a bordo, además de cacao, sacos de café y de arroz. Ahora le estaba destinado un cargamento más importante: la esperanza. Uno de los viajeros recuerda cómo subió al barco: "¿Usted es trabajador de corcho?", le preguntó Neruda. "Sí, señor", dijo el hombre con siete hijos. "Hay una equivocación porque en Chile -replicó el poeta- no hay alcornoques". "Pues los habrá de ahora en adelante", respondió. "Suba al barco. Usted es de los hombres que se necesitan".
Luego de habilitar con literas los seis pisos de las bodegas, alrededor de dos mil personas, vascos muchos de ellos, iniciarían un viaje de vida y hacia la vida misma. En efecto, el Winnipeg es el símbolo de la lucha de unos hombres para la dignidad de otros, de empeñar parte de la vida propia para brindársela a otros, en definitiva del triunfo de la humanidad sobre la sinrazón.
El 4 de agosto de 1939 zarpa la vetusta nave desde el puerto francés de Pauillac. Muchos de sus pasajeros no sabían a qué país extraño y exótico se dirigían. Otros decían que su destino estaba en el extremo sur de América, pero no sabían dónde. Situarlo no importaba. El viaje sería largo y difícil pero a buen seguro -de llegar a destino- les esperaba una vida mejor.
Sin embargo había peligros que debieron sortear : submarinos alemanes que atacaban embarcaciones y la posibilidad siempre constante de que buques franquistas les abordasen y devolviesen al infierno de la guerra. Sin contar con el hacinamiento de dos mil almas en una embarcación no construida para tal número que hacía del viaje una penosa odisea. Pero entre todas esas penurias, también hubo tiempo para la esperanza, bodas a bordo, nacimientos, e incluso el habilitar botes salvavidas en una especie de tálamo amatorio para la intimidad de las parejas. Al pasar por el canal de Panamá, otra dificultad, no se había contemplado el peaje por cruzarlo. Una vez solventada la situación, se alcanza el océano Pacífico. Una nueva vida estaba cada vez más cerca. Lejos, cada vez más lejos, el horror y la desesperanza.
Quiso el destino que el primero en subir al Winnipeg, una vez atracado en Valparaíso, fuese un joven Salvador Allende Gossens, médico y ministro de Salud, quien encabezaba un equipo sanitario para atender a los "nuevos chilenos". El mismo presidente Allende del discurso de las Grandes Alamedas por donde pasearía el hombre libre para construir una sociedad más justa. Era el 3 de septiembre de 1939.
Los recién llegados fueron distribuidos por la loca geografía de aquel país. Cada pasajero del Winnipeg, en cualquier lugar de Chile donde se instaló, retribuyó con lo mejor de sí, tanto en las artes, en el comercio, en las ciencias, agradeciendo de ese modo a quienes encarnaron, más que una liberación, un proyecto de vida en paz y libertad.
Vivimos tiempos en los que los iconos son más importantes que las personas. En el caso de Neruda, sabemos de un poeta universal y premio Nobel de Literatura, pero esa dimensión nos aleja de la persona y de su verdadera obra, la de dimensión humana. Sucede con Salvador Allende y con Víctor Jara (director de teatro y cantautor, el de Te Recuerdo Amanda). La dimensión de su trágica muerte no debe empañar el cómo vivieron. Nos legaron con su obra -la profesional y la vital- herramientas de vida. Coincido también con Jorge Coulon en esto. Lo dice Víctor Jara (su amigo) en la canción Vientos del Pueblo que interpreta Inti Illimani: "...así cantara el poeta, mientras el alma le suene, por los caminos del pueblo, desde ahora y para siempre".
Si visitan Chile, acérquense a Isla Negra y a la casa de Neruda. Podrán entre olas del mar y caracolas, entre mascarones de proa y una vieja locomotora a vapor, ver el pasaporte diplomático de Neftalí Reyes Basualto y hasta es posible que el rumor del mar, les haga oír las voces de los pasajeros de Winnipeg.
Nuevo Quijote
mundo podrido
necesita a gentil caballero...
Lo sé ;pero yo tengo predilecciones por las grandes ideas, y aunque la literatura se me ofrece con grandes vacilaciones y dudas, prefiero no hacer nada.
Tengo un concepto dramático de la vida, y romántico; no me corresponde lo que no me llega profundam...ente a mi sensibilidad. (…) Como ciudadano, soy hombre tranquilo, enemigo de leyes, gobiernos e instituciones establecidas. Tengo repulsión por el burgués, y me gusta la vida de la gente intranquila e insatisfecha, sean éstos artistas o criminales. Porque vivir es lo más raro de este mundo, pues la mayor parte de todos no hacen otra cosa que existir.
Obviando mis defectos, la mayor de mis virtudes pueden ser la generosidad, la humildad y el saber escuchar con atención al interlocutor, tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor. Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente. También la sinceridad. Soy persona paciente de carácter afable y trabajo para convertir mi tiempo en éxito (no me gusta perder el tiempo con cualquiera).
Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto sólo se atreven a decirlo a mis espaldas...
Me convencí ahora que el amor es energía inmortal e indestructible ya que su característica principal radica en regenerar, por está razón siempre tiene la última palabra frente al desamor o la traición. El amor nos permite percibir el aroma de lo invisible, nos muestra la función de la vida.
He descubierto, que ser feliz NO es tener una vida perfecta.
Que jamás debo desistir de las personas que amo.
Jamás desistir de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible…
Y creo ser un tipo...especial!
Victor Rodriguez O.
QUIJOTE Y SANCHO